domingo, 5 de abril de 2009

Celebración del Domingo de Ramos en Belén de Escobar y despedida de las reliquias de Santa Margarita María Alacoque.

El día sábado 4 de abril el Sr. Obispo presidió la Eucaristía en las Vísperas del Domingo de Ramos, en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, de Belén de Escobar, ocasión en que se despedía a las reliquias de Santa Margarita María Alacoque, que habían sido expuestas en distintos lugares de la diócesis, a comenzar ( el 25 de febrero) desde Nuestra Señora del Pilar (Pilar), el Monasterio de la Visitación (Pilar), la parroquia de San Antonio de Padua (Presidente Derqui), la iglesia catedral de Santa Florentina (Campana) y la misma iglesia de la Natividad, con una gran afluencia de fieles, en todos los casos, de familias, jóvenes, niños, adultos, ancianos, y con grandes frutos de fe y devoción.

La iglesia de la Natividad del Señor se encontraba totalmente repleta de fieles laicos, religiosas y en especial de familias. Concelebraron con el Sr. Obispo, el Vicario general, Mons. Edgardo Galuppo, el cura párroco, Pbro. Atilio Rosatte, Mons. Santiago Herrera, Mons. Marcelo Monteagudo y el Pbro. Jorge Munier, capellán externo de la co-catedral.

La homilía del Sr. Obispo la reproducimos a continuación:

VÍSPERAS DEL DOMINGO DE RAMOS Y DESPEDIDA DE LAS RELIQUIAS DE SANTA MARGARITA MARÍA ALACOQUE

Misa vespertina del sábado 4 de abril de 2009

Iglesia co-catedral de la Natividad del Señor Belén de Escobar
I
PEREGRINACIÓN DEL DOMINGO DE RAMOS

Nuestra vida cristiana es una peregrinación. Jesús entró peregrinando en Jerusalén. Marcos nos relata, siempre con su escueto y preciso lenguaje: “Muchos extendieron sus capas a lo largo del camino y otros ramas cortadas de los árboles. Tanto los que iban delante como los que seguían a Jesús gritaban: ‘¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en los altos cielos!”. También hoy nosotros aclamamos al Hijo de Dios bendito por los siglos: Hosanna, Hosanna al Hijo de David, el Hijo de Dios, la Buena Nueva de Salvación, que permite que lo aclamen para que crean y acepten el ingreso de salvación, aunque luego el mismo Jesús mande a callar cuando quieren proclamarlo Mesías, Hijo de Dios o Rey de Israel. Puesto que el Hijo de Dios Bendito debía dejar constancia de esa huymillación que San Pablo nos describe tan hermosamente en el himno de Filipenses 2, 6-11: que se humilló, se hizo uno de los nuestros, semejante en todo menos en el pecado.
Al inicio de esta Liturgia del Domingo de Ramos hemos interpretado el sentido simbólico de la procesión, con nuestras palmas y nuestros olivos, la cual constituye una representación del mismo seguimiento de Cristo. Pidamos hoy también las gracias necesarias para seguirlo, porque la expresión «seguimiento de Cristo» es una descripción de toda la existencia cristiana en general.
Manifestación que lo es de alegría y paz en la fe, porque podemos conocer a Jesús, porque Él nos permite ser sus amigos y porque nos ha dado la clave de la vida, el sentido primordial de todo y del todo. Esta alegría surge de la expresión de nuestro renovado «sí» a Jesús y de nuestra total disponibilidad a hacer lo que Él nos diga, a caminar con Él allí donde nos lleve[1], ponernos en la vía de Jesús, Camino, Verdad y Vida.
Un servidor se lo decía a ustedes, como porción del Pueblo de Dios que peregrina en esta diócesis, al inicio del Año Paulino, en la carta pastoral que les dirigí: “Desde esta perspectiva, este año de gracia 2008-2009 viene a consistir para nosotros en un ponernos en la vía de «Jesús-Camino», con la significación, por ende, de ser ocasión privilegiada para la pastoral, para todos los agentes de ésta (…) con el fin de profundizar en el pensamiento de San Pablo y en la obra de la gracia en él, de promover la lectura espiritual y los estudios acerca de las Cartas, paulinas, las cuales, en y desde el Espíritu, nos confirmarán en la fe, haciendo que podamos cada día crecer en el testimonio de vida de «hijos de la luz» (cf. Ef. 5,8), afianzándonos también en nuestra «cordial pertenencia a la Iglesia» (…). Ello nos afianzará, al mismo tiempo, en nuestra misión como evangelizadores (…) en la Justicia y en la Paz, en apertura amorosa al Espíritu del Señor”[2]. Hemos hecho un buen trecho de camino; hoy renovar nuestro empeño de caminar en Justicia y Paz, en el Espíritu de Cristo.

II
SEGUIR A JESÚS EN SU SAGRADO CORAZÓN

Seguimos a Jesús en su Amor y su Misericordia; esto es, su Sagrado Corazón. El origen histórico de la devoción al Sagrado corazón y su doctrina tienen su más primigenio origen en las palabras del mismo Jesús, cuando nos mandó imitarlo, describiéndose a sí mismo: “Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). La misma manifestación del Calvario es una expresión de su Sagrado Corazón, cuando el Corazón de Jesús fue traspasado por la lanza del soldado, y de él manaron sangre y agua: “Al llegar a Jesús como vieron que ya había muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le atravesó el costado, y salió entonces sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y el sabe que dice la verdad, para que vosotros creáis también. Eso ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le romperán un hueso. Y otro pasaje que dice: “Mirarán al que traspasaron” (Jn. 19, 33-37).[3]
En cuanto a la devoción, nuestra América Latina tiene un punto de honor al respecto. el primer signo público devocional al Sagrado Corazón tuvo lugar en Brasil, al comienzo de la evangelización del inmenso país hermano, pues fue San José de Anchieta, llamado, el apóstol del Brasil[4], sacerdote de la Compañía de Jesús, quien dedicó al Sagrado Corazón una modesta iglesia en Guarapary, en 1552, cuya construcción se encuentra en la región «do Espiritu Santo», en la costa atlántica, al norte de Río de Janeiro. Los Padres Jesuitas fueron grandes difusores de la devoción al Sagrado Corazón, de raíz bíblica, patrística y de la tradición viviente de la Iglesia.
Hoy estamos reunidos en esta iglesia de la Natividad. Tenemos la gracia de contar aquí, delante de este ambón, con las reliquias de Santa Margarita María Alacoque (1647-1690) cuyas revelaciones (las que le hizo Jesús manifestado en su Sagrado Corazón) tuvieron lugar en Paray-le Monial (Francia), del 1673 al 1675. El sacerdote jesuita San Claudio de la Colombière, confesor de la hermana Margarita María, consideró auténticas las revelaciones, y, después de distintas vicisitudes de su vida, regresado en Francia, la enseñó a sus estudiantes, del cual era director espiritual.
El Papa Pío IX extendió la devoción a Fiesta Universal de la Iglesia, y todos los Papas desde entonces, León XIII en especial, junto con Pío XII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo han hecho. El mismo Concilio Vaticano II, si bien no se refiere expresamente al culto del Sagrado Corazón (y tampoco a la veneración de las reliquias, en este caso de Santa Margarita María), sí recomienda los ejercicios de piedad cristiana[5], e incluso hace alguna alusión explícita al Sagrado Corazón diciendo que el Hijo de Dios “amó con Corazón de hombre”[6], y que “(…) el nacimiento y desarrollo de la Iglesia, están simbolizados en la sangre y el agua que manaron del costado abierto de Cristo crucificado” [7].
Las reliquias han recorrido nuestra diócesis, a comenzar desde Nuestra Señora del Pilar, luego el Monasterio de la Visitación, después la parroquia de San Antonio de Padua (en Presidente Derqui), seguidamente la iglesia catedral de Santa Florentina, en Campana, y luego esta iglesia co-catedral de la Natividad del Señor. En todos lados, centenares y miles de personas, jóvenes, niños, adultos, ancianos, familias enteras, han participado, orado, se han acercado a los sacramentos, y han crecido en la pertenencia cordial a la Iglesia.

III
PEREGRINANDO CONCRETAMENTE EN LA VÍA DE JESÚS-CAMINO EN NUESTRA DIÓCESIS

En razón de la futura consagración al Sagrado Corazón, ya hoy, a inicios de la Semana Santa, nos preparamos para la Festividad de Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina y Patrona de esta diócesis de Zárate-Campana (con sus partidos de Belén de Escobar, Campana, Zárate, Pilar, Exaltación de la Cruz, Santiago del Baradero y San Antonio de Areco). La festividad será celebrada en esta iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, de Escobar, el sábado 9 de mayo a las 16. Durante la mañana, habrá tres áreas de reflexión, trabajo y festividad: I. La Pastoral Juvenil y la Delegación de las Misiones; II. La Delegación de Catequesis; III. Caritas y la Pastoral Penitenciaria.
Al final de la Misa, ese 9 de mayo, consagraremos nuestra diócesis al Sagrado Corazón de Jesús, de manos de María, Nuestra Madre de Luján. Lo hemos reflexionado durante tres años, junto con el Consejo Presbiteral, el Consejo Pastoral, y distintos organismos diocesanos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, seminaristas.
Esta previsión ha de hacernos crecer en la caridad compartida, no menor es la participación en la «caridad institucionalizada de la Iglesia». Por ello nos preparamos también para la colecta de Caritas, con el lema: «Es posible. Tu solidaridad transforma. Compartir nos hace bien», que tendrá lugar el sábado 28 y el domingo 29 de mayo de este 2009. Hay hermanos nuestros que sufren, como decía Juan Pablo II en la exhortación Christifideles laici[8] “El hombre está llamado a la alegría, pero experimenta diariamente tantísimas formas de sufrimiento y de dolor”. A ese respecto, agregaba luego el citado Papa, refiriéndose al sínodo de 1987: «Ustedes, los abandonados y marginados por nuestra sociedad consumista; ustedes, enfermos, minusválidos, pobres, hambrientos, emigrantes, prófugos, prisioneros, desocupados, ancianos, niños abandonados y personas solas; ustedes, víctimas de la guerra y de toda violencia que emana de nuestra sociedad permisiva: la Iglesia participa del sufrimiento de ustedes, que conduce al Señor, el cual los asocia a su Pasión redentora y los hace vivir a la luz de su Redención. Contamos con ustedes para enseñar al mundo entero qué es el amor. Haremos todo lo posible para que encuentren el lugar al que tienen derecho en la sociedad y en la Iglesia»[9]
El dolor es salvífico si nos unimos a la Pasión de Cristo. Al mismo tiempo, es verdad también que no es voluntad de Dios que sus hijos vivan situaciones sub-humanas, de cualquier orden que fuere. Por eso tenemos que poner la mente, el corazón y el hombro, para hacer cada día una sociedad más justa y más digna del ser humano. Pues, si una parte del mundo se siente extraña al cristianismo, el cristianismo no se siente extraño al mundo en absoluto, antes bien, la misión del cristianismo en medio de la humanidad es una misión de amistad, de comprensión, de ánimo, de promoción humana integral, de elevación: es decir, una misión de salvación, en camino a la salvación eterna, que ya ha llegado con la presencia del Reino. Para lo cual, tenemos que ponernos a hacer lo que Él, el Señor, nos diga, desde la fuerza de la Eucaristía, que nos adentra en el acto oblativo de Jesús; es de ese modo como nos implicamos en la dinámica de su entrega[10], dejando que desde su interior, del cual brotan ríos de agua viva (Cf Juan 7, 38) vengan a nuestro interior sus mismos ríos de agua vivificante que nos hacen renacer.
De tal modo, cuando Cristo resucitado se hace presente en la vida de las personas, de nosotros concretos, como seres de carne y hueso, y nos da su Espíritu (cf. Jn 20, 22), cambiamos completamente, llegando a ser de modo pleno nosotros mismos, elevados por la Gracia. Como San Pablo, citando una vez más su caso, puesto que festejamos su Año Jubilar, puesto que llegó a ser particularmente significativo su ejemplo: la luz que lo deslumbró en el camino de Damasco hizo de él un hombre más libre de lo que había sido; libre con la libertad verdadera, la del Resucitado ante el que había caído por tierra (cf. Hch 9, 1-30). Tenemos que leer los católicos la Sagrada Escritura, meditarla, degustarla. Les recomiendo mucho el Libro de los Hechos de los Apóstoles. La experiencia que vivió Pablo le permitió escribir a los cristianos de Roma: «Libres del pecado y esclavos de Dios, fructifican ustedes para la santidad; y el fin, la vida eterna» (Rm 6, 22).

Que así sea para nosotros, en este comienzo de la Semana Santa del 2009, con la protección materna de la Siempre Virgen Madre de Dios, María Santísima, Madre de la Iglesia, de San José, y de Santa Margarita María Alacoque, cuyas reliquias hoy despedimos en este templo co-catedral. Que tengan bendición, paz, salud, unión familiar, y todos los bienes que con fe han venido a pedir en esta Eucaristía.

Amén.

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[1] Cf BENEDICTO XVI, Homilía en el Domingo de Ramos (JMJ 2007): “Seguir a Cristo!”. Homilía que pronunció el Papa Benedicto XVI en la solemne celebración litúrgica del Domingo de Ramos. En la misa, que presidió en la Plaza de San Pedro del Vaticano, participaban jóvenes de Roma y del mundo con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que en este año llevaba por tema: "Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros" (Juan 13,34

[2]AÑO PAULINO UNIVERSAL en la DIÓCESIS de ZÁRATE-CAMPANA, Carta pastoral de monseñor Oscar Sarlinga, Obispo de Zárate-Campana, con motivo del Año Paulino (13 de junio de 2008), I – Proclamación del Año Paulino Universal , en la vía de «Jesús-Camino», en http://www.aica.org/index2.php?pag=sarlinga080613

[3] Del Corazón del Mesías hablan los Profetas, poniendo en su boca estas expresiones: “Porque Yavé está a mi diestra, se alegra mi corazón” (Sal. 16,9). “Todos mis huesos están dislocados, mi Corazón es como cera que se derrite dentro de mis entrañas” (Sal. 22,15). “Dentro de mi corazón está tu ley” (Sal. 40,9). “El oprobio me destroza el Corazón” (Sal. 69,21). También el Nuevo Testamento hace referencias al Corazón de Cristo: “Aprende de mí, que soy de Corazón manso y humilde” (Mt. 11,29). “Un leproso se le acercó, suplicándole de rodillas: Si quieres puedes curarme. A Él se le conmovió el Corazón” (Mc. 1,41). “Se le conmovió el Corazón porque estaban como ovejas sin pastor” (Mc. 6,34). “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba, si cree en mí. Pues como dice la Escritura: brotarán de su Corazón ríos de agua viva” (Jn. 7,37-39). “Dios es testigo de cómo os quiero en el Corazón de Cristo Jesús” (Fil. 1,8). Es interesante observar en el texto citado de San Pablo, que toma como modelo y centro del amor entre los cristianos el amor de Cristo simbolizado en una parte de su cuerpo, su Corazón. Y en el texto de San Juan, aparece su Corazón, (que simboliza su amor) como la fuente del Espíritu que nos había de enviar (Cfr. Jn. 15,26) y a la que nos invita a acudir. Esto es ya iniciar toda una espiritualidad del Corazón de Jesús. Pero queda otro texto, el más profundo, aunque no mencione expresamente el Corazón: “Al llegar a Jesús como vieron que ya había muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le atravesó el costado, y salió entonces sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y el sabe que dice la verdad, para que vosotros creáis también. Eso ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le romperán un hueso. Y otro pasaje que dice: “Mirarán al que traspasaron” (Jn. 19, 33-37). San Juan, en su Evangelio, tiene cuidado de suplir las lagunas de los sinópticos, y aquí llama la atención en narrar este hecho: contrapone los designios de los hombres de quebrarle las piernas, al plan de Dios, tan importante que está doblemente profetizado por la Escritura; y sobre la lanzada que hace brotar sangre y agua, apela repetidamente a la veracidad de su testimonio; y todo para que creamos. En Juan 7,39, se anuncia el misterio del Espíritu que se nos había de dar. En Jn. 19,34, se nos da ese Espíritu, sale ya aquella agua prometida. Es decir, con la muerte de Cristo, muerte por amor completada y simbolizada en el Corazón traspasado, se consuma nuestra redención y el nacimiento de la Iglesia, del cuerpo místico de Cristo, o sea de nuestra incorporación a Cristo, y por Cristo a Dios.

[4] José de Anchieta s.j. (1534-1591), cuya vida y obra sería muy interesante que conociéramos más y mejor los propios católicos, nació en Santa Cruz de Tenerife di Canarias. Estudió en la universidad de Coimbra (Portugal) y se convirtió en un excelente humanista del Renacimiento. Obtuvo de sus superiores el ser enviado al Brasil, habiendo desembarcado en Salvador de Bahia en 1552. Fue evangelizador y defensor de los indígenas. Tanto las ciudades de San Pablo como la de Río de Janeiro lo consideran su fundador. Es considerado el creador de la literatura brasileña. A él se debe la primera gramática de la lengua «tupi»: "Arte de gramatica da lingua mais usada na costa do Brasil" e incluso compuso dramas para el pueblo en las lenguas tupí y guaraní, y luego, en momentos de peligro para su vida, en manos de los "peroig", antropófagos, compuso un poema en honor de la Madre de Dios, "De B. Virgine Dei Matre Maria".

[5] Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 13.

[6] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 22.

[7] CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 3.

[8] JUAN PABLO II, Exh. apost. Christifideles laici, Cap. IV. Los obreros de la viña del Señor, n. 53

[9] SYNODUS EPISCOPORUM (1987) VII Asam. Gen. Ord., Per Concili semitas ad Populum Dei Nuntius, 12, en Ibid.

[10] Cf BENEDICTO XVI, Enc. Deus caritas est, 13.

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Al término de la celebración, dirigió unas palabras el Pbro. Atilio Rosatte, cura párroco, contando con sencillez y verdad las experiencias que había notado entre los fieles durante la presencia de las reliquias en la iglesia, y destacando tanto la cantidad de feligresía que se hizo presente, así como el sentido espiritual que encontró, de mirar a las reliquias, e inmediatamente mirar a Jesús en el Sagrario, y que vio en muchos fieles. Mons. Oscar Sarlinga tuvo unas especiales palabras de agradecimiento para con el P. Édouard Marot, Rector de la Basílica del Sagrado Corazón (en Paray-le-Monial) y la Sra. Alicia Beauvisage, ambos grandes promotores del transferimiento de las reliquias en las distintas diócesis, y asimismo para con las personas que ayudaron a la organización del traslado de éstas desde los distintos puntos de la diócesis.
Luego de la bendición final, el Obispo y los sacerdotes se acercaron a venerar las reliquias de Santa Margarita María Alacoque, luego de lo cual, lo hizo -nuevamente- toda la feligresía presente.
Mons. Oscar Sarlinga volverá a Belén de Escobar para la celebración de la Vigilia de Pascua, que tendrá lugar a las 21.
En cambio, celebrará en la iglesia catedral de Santa Florentina la misa crismal, el jueves santo, y el viernes santo (la celebración de la Pasión, así como la participación en la gran via crucis, desde la parroquia de Ntra. Sra. del Carmen, de los Padres Rogacionistas, hasta la iglesia catedral, tradicional en la ciudad). El Domingo de Pascua celebrará la misa con las Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, en Zárate.

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