lunes, 1 de septiembre de 2008

Monseñor Oscar D. Sarlinga, presidió las fiestas patronales de Villa Rosa

SANTA ROSA DE LIMA, “Rosa de Santa María” Patrona de América, Perú y las Filipinas.
Fiesta: 30 de agosto: El día en que su madre le reprendió por atender en la casa a pobres y enfermos, Santa Rosa de Lima le contestó: “Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús”. -Catecismo de la Iglesia Católica, 2449

EN LA DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA, PATRONA DE MANUEL ALBERTI (PARROQUIA SANTA ROSA DE LIMA) Y DE VILLA ROSA (PARROQUIA HOMÓNIMA) AMBAS EN EL PARTIDO DE PILAR

EL SR. OBISPO, MONS. OSCAR D. SARLINGA, PRESIDIÓ LAS FIESTAS PATRONALES DE VILLA ROSA, EL SÁBADO 30 DE AGOSTO, CON LA CONCELEBRACIÓN DEL CURA PÁRROCO, PBRO. PABLO CASTELNOVO. A LAS 15 COMENZÓ EL DESFILE DE LOS CENTROS TRADICIONALISTAS, SEGUIDO DE LA PROCESIÓN CON LA IMAGEN DE LA SANTA PATRONA, A LAS 16.30, AL TÉRMINO DE LA CUAL SE INICIÓ LA CELEBRACIÓN DE LA MISA, CON LA PARTICIPACIÓN DE MILES DE FIELES

EL DÍA DOMINGO 31, ASISTIÓ PARA DAR LA BIENVENIDA AL SR. NUNCIO APOSTÓLICO, QUE PRESIDIÓ LA EUCARISTÍA Y LA PROCESIÓN SUBSIGUIENTE EN MANUEL ALBERTI, JUNTO AL CURA PÁRROCO, R.P. TOMÁS LLORENTE M.S.F. Y SACERDOTES DE LA CONGREGACIÓN

Biografía de Santa Rosa de Lima:

Nació en Lima (Perú) el año 1586; cuando vivía en su casa, se dedicó ya a una vida de piedad y de virtud, y, cuando vistió el hábito de la tercera Orden de santo Domingo, hizo grandes progresos en el camino de la penitencia y de la contemplación mística. Murió el día 24 de agosto del año 1617.

Rosa de Lima, la primera santa americana canonizada, nació de ascendencia española en la capital del Perú en 1586. Sus humildes padres son Gaspar de Flores y María de Oliva.
Aunque la niña fue bautizada con el nombre de Isabel, se la llamaba comúnmente Rosa y ése fue el único nombre que le impuso en la Confirmación el arzobispo de Lima, Santo Toribio. Rosa tomó a Santa Catalina de Siena por modelo, a pesar de la oposición de sus padres y de sus amigos, e incluso las burlas de éstos últimos.
Pero Rosa sabía muy bien que toda penitencia sería en sí inútil si no desterraba de su corazón todo amor propio, cuya fuente es la soberbia, pues esa pasión es capaz de esconderse aun en la oración y el ayuno. Así pues, se dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad, la obediencia y la abnegación de la voluntad propia.
Aunque era capaz de oponerse a sus padres por una causa justa, jamás los desobedeció ni se apartó de la más escrupulosa obediencia y paciencia en las dificultades y contradicciones.

Rosa tuvo que sufrir enormemente por parte de quienes no la comprendían.

El padre de Rosa fracasó en la explotación de una mina, y la familia se vio en circunstancias económicas difíciles. Razón por la cual Rosa tuvo que trabajar el día entero en el huerto, cosía una parte de la noche y en esa forma ayudaba al sostenimiento de la familia. La santa estaba contenta con su suerte y jamás hubiese intentado cambiarla, si sus padres no hubiesen querido inducirla a casarse. Rosa luchó contra ellos diez años e hizo voto de virginidad para confirmar su resolución de vivir consagrada al Señor.
Al cabo de esos años, ingresó en la tercera orden de Santo Domingo, imitando así a Santa Catalina de Siena. A partir de entonces, se recluyó prácticamente en una cabaña que había construido en el huerto. Su amor de Dios era tan ardiente que, cuando hablaba de El, cambiaba el tono de su voz y su rostro se encendía como un reflejo del sentimiento que embargaba su alma. Ese fenómeno se manifestaba, sobre todo, cuando la santa se hallaba en presencia del Santísimo Sacramento o cuando en la comunión unía su corazón a la Fuente del Amor.

Extraordinarias pruebas y gracias.

Dios concedió a su sierva gracias extraordinarias, pero también permitió que sufriese durante quince años la persecución de sus amigos y conocidos, en tanto que su alma se veía sumida en la más profunda desolación espiritual.
El demonio la molestaba con violentas tentaciones. El único consejo que supieron darle aquellos a quienes consultó fue que comiese y durmiese más. Más tarde, una comisión de sacerdotes y médicos examinó a la santa y dictaminó que sus experiencias eran realmente sobrenaturales.
Rosa pasó los tres últimos años de su vida en la casa de Don Gonzalo de Massa, un empleado del gobierno, cuya esposa le tenía particular cariño. Durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte, la oración de la joven era:

“Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor”.

Dios la llamó a Sí el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad. El cabildo eclesiástico, el senado y otros dignatarios de la ciudad se turnaron para transportar su cuerpo al sepulcro.

El Santo Padre Clemente X la canonizó en 1671.
Aunque no todos pueden imitar algunas de sus prácticas ascéticas, ciertamente su vida constituye para nosotros un ejemplo y a la vez un desafío a entregarnos con mas pasión al amado, Jesucristo y a los hermanos.

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