miércoles, 23 de septiembre de 2015

VIDA DEL PADRE PIO - 23 DE SEPTIEMBRE

Padre Pío de Pietrelcina, al igual que el apóstol Pablo, puso en la cumbre de su vida y de su apostolado la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría y su gloria. Inflamado de amor hacia Jesucristo, se conformó a Él por medio de la inmolación de sí mismo por la salvación del mundo. En el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado fue tan generoso y perfecto que hubiera podido decir «con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2, 19). Derramó sin parar los tesoros de la gracia que Dios le había concedido con especial generosidad a través de su ministerio, sirviendo a los hombres y mujeres que se acercaban a él, cada vez más numerosos, y engendrado una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.

Este dignísimo seguidor de San Francisco de Asís nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, archidiócesis de Benevento, hijo de Grazio Forgione y de María Giuseppa De Nunzio. Fue bautizado al día siguiente recibiendo el nombre de Francisco. A los 12 años recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.

 
El 6 de enero de 1903, cuando contaba 16 años, entró en el noviciado de la orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone, donde el 22 del mismo mes vistió el hábito franciscano y recibió el nombre de Fray Pío. Acabado el año de noviciado, emitió la profesión de los votos simples y el 27 de enero de 1907 la profesión solemne.

Después de la ordenación sacerdotal, recibida el 10 de agosto de 1910 en Benevento, por motivos de salud permaneció en su familia hasta 1916. En septiembre del mismo año fue enviado al Convento de San Giovanni Rotondo y permaneció allí hasta su muerte.

Enardecido por el amor a Dios y al prójimo, Padre Pío vivió en plenitud la vocación de colaborar en la redención del hombre, según la misión especial que caracterizó toda su vida y que llevó a cabo mediante la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación sacramental de los penitentes y la celebración de la Eucaristía. El momento cumbre de su actividad apostólica era aquél en el que celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban en la misma percibían la altura y profundidad de su espiritualidad.

En el orden de la caridad social se comprometió en aliviar los dolores y las miserias de tantas familias,  
especialmente con la fundación de la «Casa del Alivio del Sufrimiento», inaugurada el 5 de mayo de 1956. Para el Siervo de Dios la fe era la vida: quería y hacía todo a la luz de la fe. Estuvo dedicado asiduamente a la oración. Pasaba el día y gran parte de la noche en coloquio con Dios. Decía: «En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios». La fe lo llevó siempre a la aceptación de la voluntad misteriosa de Dios.

Estuvo siempre inmerso en las realidades sobrenaturales. No era solamente el hombre de la esperanza y de la confianza total en Dios, sino que infundía, con las palabras y el ejemplo, estas virtudes en todos aquellos que se le acercaban.

El amor de Dios le llenaba totalmente, colmando todas sus esperanzas; la caridad era el principio inspirador de su jornada: amar a Dios y hacerlo amar. Su preocupación particular: crecer y hacer crecer en la caridad.

Expresó el máximo de su caridad hacia el prójimo acogiendo, por más de 50 años, a muchísimas personas que acudían a su ministerio y a su confesionario, recibiendo su consejo y su consuelo. Era como un asedio: lo buscaban en la iglesia, en la sacristía y en el convento. Y él se daba a todos, haciendo renacer la fe, distribuyendo la gracia y llevando luz. Pero especialmente en los pobres, en quienes sufrían y en los enfermos, él veía la imagen de Cristo y se entregaba especialmente a ellos.Ejerció de modo ejemplar la virtud de la prudencia, obraba y aconsejaba a la luz de Dios. Su preocupación era la gloria de Dios y el bien de las almas. Trató a todos con justicia, con lealtad y gran respeto.

Brilló en él la luz de la fortaleza. Comprendió bien pronto que su camino era el de la Cruz y lo aceptó inmediatamente con valor y por amor. Experimentó durante muchos años los sufrimientos del alma. Durante años soportó los dolores de sus llagas con admirable serenidad. Aceptó en silencio las numerosas intervenciones de las Autoridades y calló siempre ante las calumnias. Recurrió habitualmente a la mortificación para conseguir la virtud de la templanza, de acuerdo con el estilo franciscano. Era templado en la mentalidad y en el modo de vivir.

Consciente de los compromisos adquiridos con la vida consagrada, observó con generosidad los votos profesados. Obedeció en todo las órdenes de sus superiores, incluso cuando eran difíciles. Su obediencia era sobrenatural en la intención, universal en la extensión e integral en su realización. Vivió el espíritu de pobreza con total desprendimiento de sí mismo, de los bienes terrenos, de las comodidades y de los honores. Tuvo siempre una gran predilección por la virtud de la castidad. Su comportamiento fue modesto en todas partes y con todos.

 
Se consideraba sinceramente inútil, indigno de los dones de Dios, lleno de miserias y a la vez de favores divinos. En medio de tanta admiración del mundo, repetía: «Quiero ser sólo un pobre fraile que reza».

Su salud, desde la juventud, no fue muy robusta y, especialmente, en los últimos años de su vida, empeoró rápidamente.

La hermana muerte lo sorprendió preparado y sereno el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. La concurrencia a su funeral fue extraordinaria.

El 20 de febrero de 1971, apenas tres años después de la muerte del Siervo de Dios, Pablo VI, dirigiéndose a los Superiores de la orden Capuchina, dijo de él: «!Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Porqué era un sabio? ¿Porqué tenía medios a su disposición? Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento».

Ya durante su vida gozó de notable fama de santidad, debida a sus virtudes, a su espíritu de oración, de sacrificio y de entrega total al bien de las almas.

En los años siguientes a su muerte, la fama de santidad y de milagros creció constantemente, llegando a ser un fenómeno eclesial extendido por todo el mundo y a toda clase de personas.

De este modo, Dios manifestaba a la Iglesia su voluntad de glorificar en la tierra a su Siervo fiel. No pasó mucho tiempo hasta que la Orden de los Frailes Menores Capuchinos realizó los pasos previstos por la ley canónica para iniciar la causa de beatificación y canonización. Examinadas todas las circunstancias, la Santa Sede, a tenor del Motu Proprio «Sanctitas Clarior» concedió el nulla osta el 29 de noviembre de 1982. El Arzobispo de Manfredonia pudo así proceder a la introducción de la Causa y a la celebración del proceso de conocimiento (1983-1990). El 7 de diciembre de 1990 la Congregación para las Causas de los Santos reconoció la validez jurídica. Acabada la Positio, se discutió, como es costumbre, si el Siervo de Dios había ejercitado las virtudes en grado heroico. El 13 de junio de 1997 tuvo lugar el Congreso Peculiar de Consultores teólogos con resultado positivo. En la Sesión ordinaria del 21 de octubre siguiente, siendo ponente de la Causa Mons. Andrea María Erba, Obispo de Velletri-Segni, los Padres Cardenales y obispos reconocieron que el Padre Pío ejerció en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y las relacionadas con las mismas.

El 18 de diciembre de 1997, en presencia de Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto sobre la heroicidad de las virtudes.

Para la beatificación del Padre Pío, la Postulación presentó al Dicasterio competente la curación de la Señora Consiglia De Martino, de Salerno (Italia). Sobre este caso se celebró el preceptivo proceso canónico ante el Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Salerno-Campagna-Acerno de julio de 1996 a junio de 1997 y fue reconocida su validez con decreto del 26 de septiembre de 1997. El 30 de abril de 1998 tuvo lugar, en la Congregación para las Causas de los Santos, el examen de la Consulta Médica y, el 22 de junio del mismo año, el Congreso peculiar de Consultores teólogos. El 20 de octubre siguiente, en el Vaticano, se reunió la Congregación ordinaria de Cardenales y obispos, miembros del Dicasterio, siendo Ponente Mons. Andrea M. Erba, y el 21 de diciembre de 1998 se promulgó, en presencia de Juan Pablo II, el Decreto sobre el milagro.

El 2 de mayo de 1999 a lo largo de una solemne Concelebración Eucarística en la plaza de San Pedro Su Santidad Juan Pablo II, con su autoridad apostólica declaró Beato al Venerable Siervo de Dios Pío de Pietrelcina, estableciendo el 23 de septiembre como fecha de su fiesta litúrgica.Para la canonización del Beato Pío de Pietrelcina, la Postulación ha presentado al Dicasterio competente la curación del pequeño Mateo Pio Colella de San Giovanni Rotondo. Sobre el caso se ha celebrado el regular Proceso canónico ante el Tribunal eclesiástico de la archidiócesis de Manfredonia‑Vieste del 11 de junio al 17 de octubre del 2000. El 23 de octubre siguiente la documentación se entregó en la Congregación de las Causas de los Santos. El 22 de noviembre del 2001 tuvo lugar, en la Congregación de las Causas de los Santos, el examen médico. El 11 de diciembre se celebró el Congreso Particular de los Consultores Teólogos y el 18 del mismo mes la Sesión Ordinaria de Cardenales y Obispos. El 20 de diciembre, en presencia de Juan Pablo II, se ha promulgado el Decreto sobre el milagro y el 26 de febrero del 2002 se promulgó el Decreto sobre la canonización.

Evangelio del Miércoles 23 de Septiembre

Miércoles de la vigésima qunita semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 9,1-6.

Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades.
Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos,
diciéndoles: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno.
Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir.
Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.  

martes, 22 de septiembre de 2015

"La familia no es un problema, sino una oportunidad"

El Papa, en Santiago de Cuba.
Tomado de: http://www.aica.org/

Santiago de Cuba (AICA): Francisco mantuvo un encuentro con las familias cubanas en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santiago. El Pontífice resaltó el valor de la familia y dijo: “Dejemos un mundo con familias, es la mejor herencia”. También envió una bendición a todas las embarazadas.
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El papa Francisco mantuvo esta mañana un encuentro con las familias cubanas en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción, de Santiago de Cuba. El pontífice resaltó el valor de la familia y dijo: "Dejemos un mundo con familias, es la mejor herencia”.

El arzobispo de Santiago, monseñor Dionisio García Ibáñez, dio inicio al acto destacando que “la familia es la institución más valorada por los cubanos”. y pidió al Pontífice que las familias cubanas "sean fortalecidas con su mensaje de ánimo y esperanza".

El arzobispo señaló las preocupaciones sobre la familia y aquellos factores que atentan contra la "unidad, bienestar, significado y sentido del matrimonio en la sociedad actual", y agradeció al Papa su visita a esa arquidiócesis símbolo de 500 años de presencia permanente del Evangelio en estas tierras.

Seguidamente, el Santo Padre leyó un discurso que fue intercalando con acotaciones fuera del texto. En su mensaje, el Santo Padre exhortó a los cubanos a cuidar a las familias, “verdaderos espacios de libertad”.

“Las familias no son un problema, son principalmente una oportunidad, dijo Francisco. Una oportunidad que tenemos que cuidar, proteger, acompañar. Mucho se discute sobre el futuro, sobre qué mundo queremos dejarle a nuestros hijos, qué sociedad queremos para ellos. Creo que una de las posibles respuestas se encuentra en mirarlos a ustedes: dejemos un mundo con familias. Por ello ha pedido que "cuidemos a nuestras familias".

En otro tramo, se dirigió directamente a las embarazadas: “Yo le pido a todas las mujeres embarazadas en este momento, ‘embarazadas de esperanza’, que acaricien al hijo que están esperando, y yo desde aquí bendigo a todos esos hijos que están en el seno de su madre. Que Dios los proteja, porque son la esperanza del mundo”.

Francisco bendijo Santiago de Cuba
 
Al término del acto en la catedral con las familias, el Santo Padre salió al balcón del templo y bendijo al pueblo y ciudad de Santiago.

Francisco les dirigió estas palabras antes de su bendición: “Les quiero decir una palabra de esperanza. Les pido primero que echemos la mirada hacia atrás y hagamos memoria, memoria de aquello que nos fueron trayendo a la vida, especialmente memoria a los abuelos, no descuidemos a los abuelos, son nuestra memoria viva. Y mirando hacia adelante los niños y los jóvenes que son la fuerza de un pueblo. Un pueblo que cuida a sus abuelos y a sus niños y jóvenes tiene el futuro asegurado”.+

Discurso del Papa a las familias en la catedral de Santiago

Evangelio del Martes 22 de Septiembre

Martes de la vigésima qunita semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 8,19-21.

Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud.
Entonces le anunciaron a Jesús: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte".
Pero él les respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.   

lunes, 21 de septiembre de 2015

Ésta es la canción que acompañará la "Peregrinación del Pueblo de Dios de Zárate-Campana a Luján".

Virgen de Luján. Imagen peregrina.

"Escucha, aprende y anuncia".

Salí a buscarte y te encontré
Tu manto azul cubría el cielo
Busqué con quien caminar
Fuiste escuchando mi cantar.

Que Jesús se alegre y grite
En los hijos de María
Escucha, aprende y anuncia
Con María hacia Luján. (bis)

Todos hermanos en verdad
Peregrinando y anunciando
A tu Hijo y de tu mano
Ayúdanos a llegar.

Que Jesús se alegre y grite
En los hijos de María
Escucha, aprende y anuncia
Con María hacia Luján. (bis)

El mundo sufre soledad
Quiero pedirte hoy en Luján
Quiero dejar en tus manos
El peso de la humanidad.

Que Jesús se alegre y grite
En los hijos de María
Escucha, aprende y anuncia
Con María hacia Luján. (bis)

María Virgen de Luján
Bajo tu manto nos ponemos
Y Argentina te pide hoy
Por la paz y la unidad.

Que Jesús se alegre y grite
En los hijos de María
Escucha, aprende y anuncia
Con María hacia Luján. (bis)

Tu maternidad nos guía
Y nos enseña a amar
Es modelo de fe viva
Y de sincera caridad. 

Evangelio del Lunes 21 de Septiembre

Fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista

Evangelio según San Mateo 9,9-13.

Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.
Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?".
Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.   

domingo, 20 de septiembre de 2015

Evangelio del Domingo 20 de Septiembre

Vigésimo quinto Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 9,30-37.

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
porque enseñaba y les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará".
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: "¿De qué hablaban en el camino?".
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: "El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos".
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
"El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado".

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.   

sábado, 19 de septiembre de 2015

Evangelio del Sábado 19 de Septiembre

Sábado de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 8,4-15.

Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola:
"El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo.
Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad.
Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron.
Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno". Y una vez que dijo esto, exclamó: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!".
Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.
La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios.
Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.
Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar.
Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.   

viernes, 18 de septiembre de 2015

San Miguel Arcángel

Imagen que perteneció a la catedral de San Isidro y fue luego donada a nuestra diócesis. Actualmente se encuentra en la parroquia del Sagrado Corazón (Barrios Doña Justa y Lambaré, Maquinista Savio).


Santa Hildegarda de Bingen

Santa Hildegarda de Bingen escribe bajo inspiración divina

Entre otros Santos, la Iglesia conmemora hoy a Santa Hildegarda de Bingen. Benedicto XVI la proclamó "Doctora de la Iglesia".
Ruega por nosotros.
http://catholicexchange.com/st-hildegard-von-bingen

ORAR CON EL SALMO DE HOY: DICHOSOS LOS POBRES DE ESPÍRITU PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS

https://www.facebook.com/news.va.es/

Del Salmo 48:

R/. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos

¿Por qué voy a temer en los momentos de peligro,
cuando me rodea la maldad de mis opresores,
de esos que confían en sus riquezas,
si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate? R/.

No, nadie puede rescatarse a sí mismo,
ni pagar a Dios el precio de su liberación
para poder seguir viviendo eternamente
sin llegar a ver el sepulcro. R/.

No te preocupes cuando un hombre se enriquece
o aumenta el esplendor de su casa:
cuando muera, no podrá llevarse nada,
su esplendor no bajará con él. R/.

San José de Cupertino, religioso presbítero

De: http://evangeliodeldia.org/

En Osimo, en el Piceno, san José de Cupertino, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, célebre, en circunstancias difíciles, por su pobreza, humildad y caridad para con los necesitados de Dios. 


Jose Desa nació el 17 de junio de 1603 en Cupertino, pequeña población situada entre Brindisi y Otranto. Sus padres eran pobres, y el infortunio se había ensañado contra ellos. José vino al mundo en un miserable cobertizo en la parte posterior de la casa, porque en aquellos momentos sr procedía al embargo del inmueble, ya que su padre, un carpintero, no había podido pagar sus deudas. En aquellas circunstancias, la niñez de José tuvo que ser muy desdichada. Su madre, al quedar viuda, vio a su hijo como una molestia y una carga más para su miseria y lo trataba con extremada dureza, por lo que el niño creció débil, con marcada tendencia a la distracción y la inercia. Llegaba a olvidarse incluso de comer y, si alguien se preocupaba por recordárselo, respondía simplemente: «me olvidé». Acostumbraba a vagar por la ciudad, a paso lento y desganado, y mirar a todas partes con la boca abierta, de manera que se ganó el sobrenombre de «Boccaperta». Nadie le quería bien, a causa de su aire de simpleza y su mal genio; sin embargo, en lo tocante a sus deberes religiosos, los cumplía con una extraordinaria fidelidad y gran fervor. Al llegar a la edad en que debía ganarse el pan, José entró como aprendiz de zapatero y se esforzó por aprender el oficio, sin lograrlo. Al cumplir los diecisiete años, se presentó en el convento de los franciscanos para solicitar su ingreso, pero fue rechazado. Entonces, hizo su solicitud ante los capuchinos, que lo tomaron como hermano lego, pero, al cabo de ocho meses, fue despedido por incapacidad para desempeñar los deberes que imponía la orden. Su torpeza y su despreocupación le incapacitaban para cualquier trabajo, como lo había probado en el convento, donde dejaba caer de continuo los platos y las tazas en el suelo del refectorio, se olvidaba de hacer lo que se le había ordenado y no se podía confiar en él ni siquiera para encender el fuego del horno. Al verse desamparado, José buscó refugio en la casa de un tío suyo muy rico, que se negó rotundamente a ayudar a un «bueno para nada», por muy pariente cercano que fuese, y el joven José se vio obligado a regresar a la miseria y el desprecio de su casa. Por supuesto que su madre no tuvo el menor placer en verlo regresar y, para deshacerse de él lo más pronto posible, rogó y suplicó a su hermano, un fraile franciscano, que admitieran a José en el convento, con tanta insistencia que, al fin, logró sus propósitos, y el joven ingresó como criado al monasterio franciscano de Grottella. Se le dio un hábito de terciario y se le puso a trabajar en los establos. Al parecer, fue entonces cuando se produjo un cambio radical en José: desempeñó con notable destreza los deberes que se le encomendaban y, con su humildad, su dulzura, su amor por la mortificación y la penitencia, se granjeó tanto afecto y respeto por parte de sus hermanos que, en 1625, la comunidad en pleno resolvió que debía ser admitido entre los religiosos del coro y quedar así calificado como aspirante a recibir las órdenes sagradas.

De esta manera, inició José su noviciado y no tardaron sus virtudes en convertirlo en un objeto de admiración, pero al mismo tiempo, se advirtió que no hacía grandes progresos en los estudios. Por mucho que se esforzara, su capacidad intelectual no le daba más que para leer mal y escribir peor. Carecía . de la facultad de expresarse y, del único texto sobre el que pudo decir algo fue: «¡Bendito el vientre que te concibió!» Cuando se le examinaba para el diaconado, el obispo abrió el libro de los Evangelios a la ventura y, quién sabe por qué casualidad, sus ojos cayeron precisamente sobre aquella frase; de manera que el prelado examinador pidió al hermano José que disertara sobre ella, lo que el joven hizo bien y con presteza. Cuando llegó el momento del examen para el sacerdocio, los primeros candidatos respondieron a las preguntas en forma tan completa y satisfactoria, que los restantes, entre los que se encontraba José, fueron aprobados sin haber pasado por el examen. Tras de haber recibido las órdenes sacerdotales, en 1628, pasó cinco años sin probar el pan o el vino, y las hierbas que comía los viernes, eran tan amargas o desabridas, que sólo él las podía tragar. Sus rigurosos ayunos cuaresmales le privaban absolutamente de todo alimento durante todos los días, a excepción de los jueves y domingos, y pasaba sus horas entregado a los trabajos manuales domésticos y de rutina que eran, bien lo sabía él, los únicos que podía desempeñar.

Desde el momento de su ordenación, la existencia de san José fue una serie ininterrumpida de éxtasis, curaciones milagrosas y sucesos sobrenaturales, en una escala que no tiene paralelo en ninguno otro de los santos. Todo lo que de cualquier manera se refiriese particularmente a Dios o a los misterios de la religión, podía arrebatarle los sentidos y tomarle insensible a lo que sucedía a su alrededor; las distracciones y olvidos de su niñez y su juventud tuvieron ahora un fin y un propósito claro y definido. A la vista de un cordero en el jardín de los capuchinos en Fossombrone, quedó arrobado en la contemplación del inmaculado Cordero de Dios, y se afirma que en aquella ocasión, se elevó por los aires con el animalillo en los brazos. En todo momento tuvo un dominio especial sobre las bestias, semejante al que tenía san Francisco; se dice que las ovejas se reunían en torno suyo y escuchaban atentas sus plegarias; una golondrina del convento le seguía por todas partes e iba volando a donde él le mandaba. Particularmente durante la misa o el rezo de los oficios, tenía raptos que le elevaban del suelo. Durante los diecisiete años que pasó en Grottella se registraron setenta casos de levitación, y el más extraordinario de todos ellos ocurrió cuando los frailes construían un calvario. Faltaba por colocar la cruz del medio que tenía una altura de casi diez metros y era pesadísima, de manera que ni los esfuerzos de diez hombres podían levantarla hasta su sitio. Se afirma que entonces se asomó el hermano José por la puerta del convento, voló los setenta y ocho metros que le separaban del lugar donde se hallaban los otros frailes, tomó la pesada cruz en sus brazos, «como si fuera de paja» y la levantó para dejarla en su lugar, sobre el simulado montículo del Calvario. Fueron varios los testigos que dieron cuenta de este sorprendente suceso, aunque lo mismo que ocurrió con muchas otras de las maravillas obradas por el santo, sólo se dieron a conocer y se registraron después de la muerte de José, cuando ya había transcurrido el tiempo necesario para que no se exagerasen los acontecimientos y se fabricasen las leyendas en base a ellos. Pero cualquiera que haya sido la naturaleza y la realidad de aquellos sucesos, no cabe duda de que la vida diaria de san José estuvo rodeada por tantos fenómenos perturbadores y extraños que, por lo menos durante treinta y cinco años, sus superiores le prohibieron oficiar la misa en público, tomar parte en el coro, comer a la mesa con los hermanos y asistir a las procesiones y otras ceremonias públicas. Algunas veces, cuando se hallaba en rapto y sin sentido, los frailes trataron de volverlo en sí con golpes, quemaduras y pinchazos con agujas, pero nada de eso le producía efecto alguno y sólo despertaba, según se dice, al oír la voz de su superior. Al recuperar los sentidos, sonreía a todos dulcemente y les pedía perdón por lo que él llamaba «su ataque de mareos».

La levitación (nombre que se da a la elevación del cuerpo humano desde el suelo que pisa, sin que intervenga ninguna fuerza física) en una forma u otra, se registró en unos doscientos santos y beatos (y en otros muchos que no lo fueron) y, en sus casos, semejante fenómeno se ha interpretado como una marca especial del favor de Dios, por el cual pone de manifiesto, aun para los sentidos físicos, que la plegaria es una elevación de la mente y el corazón hacia Dios. Tanto por la extensión como por el número de esas experiencias, san José de Cupertino nos ofrece los ejemplos clásicos de levitación, porque si bien algunos de los fenómenos que le ocurrieron en su juventud podrían ponerse en tela de juicio, los que se registraron en sus últimos años estuvieron bien atestiguados. Por ejemplo, uno de sus biógrafos declara: «En 1645, el embajador de España en la corte pontificia, el Gran Almirante de Castilla, pasó por ahí (por Asís) y visitó a José de Cupertino en su celda. Luego de conversar con él un buen rato, bajó a la iglesia y dijo a su esposa: 'Vengo de ver y de hablar con otro san Francisco'. La señora manifestó entonces su gran deseo de gozar de un privilegio igual y el padre guardián mandó decir a José que bajase a la iglesia para hablar con Su Excelencia. El hermano respondió: 'Obedeceré, pero no puedo decir si podré hablar con la dama'. En efecto, momentos después apareció en la puerta de la iglesia, pero en el mismo instante clavó los ojos en una imagen de la Virgen María que se hallaba en el altar y, de pronto, se elevó del suelo y voló unos doce pasos por encima de las cabezas de los que estaban en la nave, hasta quedar parado a los pies de la estatua. Permaneció ahí un momento y oró en homenaje a la Señora y, luego de emitir su grito peculiar, voló de nuevo hasta la puerta de la iglesia y regresó de prisa a su celda, mientras el almirante, su esposa y todos los miembros de su séquito que presenciaron la escena, permanecían inmóviles en su sitio, como paralizados por el asombro». Ese suceso que se relata en dos de las biografías del santo, se presentó apoyado por numerosas referencias de los testigos oculares durante las deposiciones en el proceso de canonización. «Es todavía más digna de confianza», dice el padre Thurston en «The Month» de mayo de 1919, «la evidencia de la levitación del santo suministrada en Osimo, donde pasó los últimos seis años de su vida. Ahí le vieron sus hermanos en religión elevarse por los aires hasta una altura de tres metros y medio a cuatro metros para besar la frente del Niño Dios que se hallaba en brazos de una imagen de la Virgen, muy por encima del altar, y no se limitó a eso, sino que alzó de los brazos de la Virgen la imagen del Niño, que estaba hecha de cera y, como si la arrullara, voló con ella en sus brazos hasta su celda donde continuó suspendido en los aires en todas las actitudes y posturas imaginables. En otra ocasión, durante aquellos últimos años de su vida, levantó a otro de los frailes y lo transportó en su vuelo alrededor de una habitación y se afirma que ya había hecho lo mismo en varias oportunidades previas. Durante la última misa que celebró, el día de la Asunción de 1663, un mes antes de su muerte, tuvo un rapto que le levantó más largo tiempo que todos los anteriores. Y para todos estos sucesos contamos con la evidencia de numerosos testigos oculares que hicieron sus deposiciones bajo juramento, como de costumbre, unos cuatro o cinco años más tarde solamente. Sería irrazonable suponer que aquellos testigos se engañaron en cuanto al hecho preciso de que el santo flotaba en los aires, puesto que todos estaban convencidos de haberlo visto así bajo todas las condiciones y circunstancias posibles». Próspero Lambertini, el que después fue el Papa Benedicto XIV, suprema autoridad en las evidencias y procedimientos de las causas de canonización, estudió personalmente, todos los pormenores en el caso de san José de Cupertino. El escritor dice más adelante: «Cuando la causa se presentó a discusión ante la Congregación de Ritos, (Lambertini) era 'promotor Fidei' (el personaje que vulgarmente se conoce con el nombre de 'Ahogado del Diablo') y es cosa sabida que su animadversión hacia las pruebas que se habían sometido a su consideración era firme y exigente. Sin embargo, debemos creer que aquellos escrúpulos quedaron completamente satisfechos, puesto que no sólo fue el propio Lambertini quien, instalado ya en el trono de San Pedro, emitió el decreto de beatificación en 1753, sino que en su obra magna, 'De Servorum Dei Beatificatione', dice lo que sigue: 'Mientras yo desempeñaba el cargo de promotor de la Fe, se sometió a la consideración de la Sacra Congregación de Ritos, la causa del venerable siervo de Dios, José de Cupertino, causa ésta que, después de mi retiro, fue llevada a una conclusión favorable. En el curso del proceso, los testigos oculares de indiscutible integridad suministraron evidencias sobre las famosas levitaciones o levantamientos desde el suelo y vuelos prolongados del mencionado siervo de Dios cuando se hallaba arrebatado en éxtasis'. No cabe la menor duda de que Benedicto XIV, un crítico apegado a normas estrictas que conocía el valor de las evidencias y que había estudiado las deposiciones originales con más detenimiento que cualquier otro de los miembros del tribunal, creía a pie juntillas que los testigos de las levitaciones de san José habían observado realmente lo que aseguraban haber visto».

Por supuesto, no faltaron las personas para quienes aquellas manifestaciones eran piedra de escándalo. Cuando san José recorría la provincia de Bari y atraía a las multitudes, las autoridades eclesiásticas le denunciaron como a «uno que anda por los caminos de estas provincias y que, como un nuevo Mesías, arrastra a las muchedumbres en pos suya, a causa de ciertos prodigios realizados ante unas cuantas de aquellas gentes ignorantes que están dispuestas a creer cualquier cosa». El vicario general presentó la queja al inquisidor de Nápoles y se hizo comparecer a José. Al examinarse los pormenores de las acusaciones, no hallaron los inquisidores nada digno de censura, pero no por eso levantaron los cargos al acusado, sino que le enviaron a Roma para que se presentara ante el ministro general de su orden. Este le recibió al principio con dureza, pero muy pronto quedó impresionado por la evidente inocencia y el porte humilde de José y acabó por llevarle consigo a ver al Papa Urbano VIII. A la vista del Vicario de Cristo, el santo entró en éxtasis, y dijo el Pontífice Urbano que si José moría antes que él, no dejaría de dar testimonio sobre el milagro que acababa de presenciar. En Roma se decidió enviar a José de regreso a Asís, donde nuevamente sus superiores le trataron con una notable severidad y, por lo menos, fingieron que le consideraban como un hipócrita. Llegó a Asís en 1639 y permaneció ahí trece años. Al principio debió sufrir muy duras pruebas, tanto internas como externas. Hubo temporadas en las que le pareció que Dios le había abandonado; a sus ejercicios religiosos les acompañaba una sequedad espiritual que le afligía en extremo, al tiempo que las más terribles tentaciones le hundían en una melancolía tan profunda, que apenas si levantaba los ojos del suelo. Al ser informado de esto el ministro general, mandó llamar a José a Roma y, tras de retenerlo ahí tres semanas, lo devolvió a Asís. Durante su viaje a Roma, el santo experimentó un retorno de aquellos consuelos divinos que le habían sido retirados temporalmente. Las noticias sobre la santidad y los milagros de José sobrepasaron las fronteras de Italia, y personajes tan distinguidos corno el almirante de Castilla, a quien ya mencionamos, se detenían en Asís para visitarlo. Entre estas personalidades se hallaba también John Frederick, duque de Brunswick y Hanover. Aquel noble señor, que era luterano, se conmovió tanto por lo que presenció, que ahí mismo abrazó la religión católica. El santo solía decir a ciertas personas escrupulosas que acudían a consultarle: «No me gustan los escrúpulos ni la melancolía: si tus intenciones son buenas, no tienes nada que temer». Siempre instaba a la plegaria. «Orad», decía. «Si os turban la aridez o las distracciones, decid un Padre Nuestro y eso basta, porque entonces habréis hecho oración vocal y mental». Cuando el cardenal Lauria le preguntó lo que veían las almas en éxtasis durante sus raptos, repuso: «Se sienten como transportadas dentro de una galería maravillosa, resplandeciente con una belleza interminable y ahí, con una sola mirada en un espejo, comprenden las visiones maravillosas que Dios se complace en mostrarles». En el ir y venir de la vida diaria andaba siempre tan preocupado por las cosas celestiales, que si se cruzaba una mujer en su camino, él suponía, auténticamente y con toda sinceridad, que veía pasar a Nuestra Señora, a Santa Catalina o a Santa Clara y, si era un hombre desconocido el que se atravesaba, lo confundía con alguno de los Apóstoles y muchas veces, al encontrarse con otro fraile compañero suyo, creyó estar ante san Antonio o ante el propio san Francisco.

Por razones que desconocemos, en 1653, la Inquisición de Perugia recibió instrucciones para sacar a José de la comunidad de su orden y ponerlo a cargo de los capuchinos en calidad de fraile solitario en las colinas de Pietrarosa donde debía vivir en estricta reclusión. «¿Será necesario que vaya prisionero?», inquirió, y partió sin tardanza, con tanta prisa, que dejó su sombrero, su capa, su breviario y sus anteojos. Y en efecto, había ido a una prisión. No se le permitía abandonar la clausura del convento, hablar con alguien fuera de los frailes, escribir o recibir cartas; quedó completamente aislado del mundo exterior. Pero sin duda que, aparte de la inquietud y la tristeza que necesariamente experimentaba al verse separado de los otros conventuales y tratado como un criminal, aquella vida debe haber resultado particularmente satisfactoria para san José. Por otra parte, no duró mucho su aislamiento, porque no tardaron las gentes en descubrir el escondite y los peregrinos poblaron el lugar antes desierto. Entonces se le llevó subrepticiamente a otra reclusión igual en la casa de los capuchinos en Fossombrone. Y así pasó el resto de su vida. En 1665 el capítulo general de los franciscanos conventuales pidió que les fuera devuelto su santo a Asís, pero el Papa Alejandro VII respondió que con un san Francisco de Asís había bastante. En 1657, se le permitió residir en la casa de los conventuales en Osimo; sin embargo, ahí fue más estricta su reclusión y sólo a muy contados religiosos se les autorizaba a visitarle en su celda. En medio de todo aquel rigor y hasta el fin de sus días, tuvo el consuelo cotidiano de las manifestaciones sobrenaturales y se puede decir que, si bien los hombres le abandonaron, Dios se estrechaba cada vez más íntimamente con él. El 10 de agosto de 1663, se sintó enfermo y supo que su fin estaba próximo: murió cinco semanas después, a la edad de sesenta años. Fue canonizado en 1767.

Evangelio del Viernes 18 de Septiembre

Viernes de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 8,1-3. 

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes. 

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.  

jueves, 17 de septiembre de 2015

Tragedia de niños y mujeres de la calle clama a Dios: la Iglesia no puede callar. Aliento del Papa

De: http://www.news.va/

 2015-09-17 Radio Vaticana

Les pido por favor: no se rindan ante las graves dificultades y desafíos, perseveren afianzados en la fe en Cristo, brindando misericordia y justicia a los más débiles y marginados

(RV).- El Papa Francisco alentó a impulsar la urgente tutela y promoción de la dignidad de los niños y de las mujeres de la calle y sus familias. Con su profundo agradecimiento al Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, por su compromiso ante realidades tan complejas y tristes, el Obispo de Roma expresó su gran aprecio al recibir a los participantes en el Simposio Internacional sobre la pastoral de la carretera y de la calle. Audiencia que ha tenido lugar al final de los trabajos en los que han reflexionado sobre unPlan de Acción, a la luz de las enseñanzas del Papa Francisco y las conclusiones de 8 encuentros internacionales y continentales, organizados por el mismo dicasterio.

Señalando las tristes realidades causadas por la indiferencia, la pobreza, la violencia familiar y social y por la trata de personas. Así como el dolor por las separaciones conyugales y el nacimiento de niños fuera del matrimonio, destinados a menudo a una vida de vagabundeo, el Papa destacó la apremiante necesidad de leyes y acciones concretas:

«Los niños y las mujeres de la calle no son números, no son ‘paquetes’: son seres humanos, con un nombre propio y rostro propio, con una identidad donada por Dios a cada uno de ellos. Son hijos de Dios como nosotros, iguales a nosotros, con nuestros mismos derechos. Ningún niño elige por su cuenta vivir en la calle. Lamentablemente aun en el mundo modernos y globalizado, a tantos niños se les roba su infancia, sus derechos, su futuro. La falta de leyes y de estructuras adecuadas contribuye a agravar su estado de privación: les falta una verdadera familia, la educación y la asistencia sanitaria. Cada niño abandonado u obligado a vivir en la calle, presa de las organizaciones criminales, es un grito que sube a Dios, que ha creado al hombre y a la mujer a su imagen. Es un grito de acusación contra un sistema social que desde hace decenios criticamos, pero que nos cuesta cambiar según criterios de justicia».

Es preocupante ver que aumenta el número de jóvenes, chicas y mujeres obligadas a ganarse la vida en la calle, vendiendo su propio cuerpo, explotadas por las organizaciones criminales y a veces por sus familias, reiteró el Santo Padre con firmeza:

«Semejante realidad es una vergüenza de nuestras sociedades que se vanaglorian por ser modernas y por haber logrado altos niveles de cultura y de desarrollo. La corrupción difusa y el afán de ganancia a toda costa niegan a los inocentes y a los más débiles las posibilidades de una vida digna, alimentan la criminalidad de la trata y otras injusticias que gravan sobre sus hombros. ¡Nadie puede permanecer inerte ante la urgente necesidad de salvaguardar la dignidad de la mujer, amenazada por factores culturales y económicos! Les pido por favor: no se rindan ante las graves dificultades y desafíos que interpelan la convicción de ustedes, alimentada en la fe en Cristo, que ha demostrado, hasta el culmen de su muerte en la cruz, el amor preferencial de Dios Padre hacia los más débiles y marginados»

El Papa Francisco renovó su aliento a cuantos trabajan en el cuidado pastoral y espiritual y en favor de la liberación de los más frágiles y explotados, con sus mejores deseos para que sea fecunda su misión de promoción y salvaguarda de su identidad y dignidad, siguiendo a Cristo, rostro de la misericordia del Padre

«La Iglesia no puede callar, las instituciones eclesiales no pueden cerrar los ojos ante el nefasto fenómeno de los niños y de las mujeres de la calle. Es importante implicar las diversas expresiones de la comunidad cristiana en los distintos países para borrar las causas que obligan a un niño o a una mujer a vivir en la calle a buscar la vida en la calle. Nunca podemos evitar llevar a todos, en particular a los más débiles y menesterosos, la bondad y la ternura de Dios Padre misericordioso. La misericordia es el acto supremo con el que Dios sale a nuestro encuentro, es el camino que abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre».

Encomendando el servicio y apostolado de todos a María, Madre de Misericordia, el Santo Padre pidió que la dulce mirada de la Virgen acompañe el compromiso y los propósitos de cuantos cuidan a los niños y a las mujeres de la calle. E invitó a rezarle a María para que acaricie a esos niños y a esas mujeres que sufren tanto.

(CdM – RV)

El Papa: Nadie puede pretender que no sabe las atrocidades y las violaciones de los derechos humanos en Siria e Iraq

Tomado de: http://www.news.va/
Ciudad del Vaticano, 17 de septiembre de 2015 (Vis).-''Una de las tragedias humanas más sobrecogedoras de las últimas décadas es la de las terribles repercusiones del conflicto en Siria e Irak sobre la población civil, así como en el patrimonio cultural. Millones de personas se encuentran en un estado preocupante de urgente necesidad, obligadas a abandonar sus países de origen. Líbano, Jordania y Turquía cargan hoy con el peso de millones de refugiados, alos que han acogido con generosidad. Frente a este escenario y a los conflictos que se expanden y pertuban de forma inquietante los equilibrios internos y los regionales, la comunidad internacional parece incapaz de encontrar respuestas adecuadas, mientras que los traficantes de armas continúan haciendo sus intereses''.

Con estas palabras se ha dirigido esta mañana el Papa a los participantes en el encuentro sobre la crisis humanitaria en Siria e Irak promovido por el Pontificio Consejo Cor Unum en que toman parte, entre otros, los organismos de caridad católica que operan en el Oriente Medio y los obispos de la región y al que han dado su apoyo más de treinta organizaciones de diverso tipo.

Francisco ha proseguido su discurso subrayando que hoy en día, a diferencia del pasado, ''las atrocidades y las violaciones inauditas de los derechos humanos que caracterizan estos conflictos, son difundidas en directo por los medios de comunicación. Por lo tanto, están ante los ojos del mundo entero. Nadie puede pretender que no lo sabe. Todos son consciente de que esta guerra pesa cada vez más de forma insoportable sobre los hombros de los pobres. Tenemos que encontrar una solución, que nunca es la violencia, porque la violencia sólo genera nuevas heridas.''

En este ''océano de dolor'' ha exhortado a los participantes en la reunión a prestar una atención especial a las necesidades materiales y espirituales de los más débiles e indefensos. ''Pienso sobre todo en las familias, en los ancianos, en los enfermos, en los niños. Los niños y los jóvenes, esperanza para el futuro, están privados de los derechos fundamentales: crecer en la serenidad de la familia, ser atendidos y asistidos, jugar, estudiar. Millones de niños, con la continuación del conflicto, se ven privados del derecho a la educación y, en consecuencia, ven que el horizonte de su futuro se ofusca. ¡Que no falte vuestro compromiso en este ámbito vital!''

''Muchas son las víctimas del conflicto; pienso en todas y por todas rezo. Pero no puedo dejar de mencionar -ha añadido- el grave daño a las comunidades cristianas en Siria e Irak, donde muchos hermanos y hermanas son vejados a causa de su fe, arrojados de sus tierras, encarcelados o incluso asesinados. Durante siglos, las comunidades cristianas y musulmanas han vivido juntas en estas tierras, sobre la base del respeto mutuo. Hoy hasta la misma legitimidad de la presencia de los cristianos y de otras minorías religiosas se niega en nombre de un "fundamentalismo violento que reivindica un origen religioso" . Sin embargo, a los tantos ataques y persecuciones que hoy sufre en esos países, la Iglesia responde dando testimonio de Cristo con valentía, a través de la presencia humilde y ferviente, el diálogo sincero y el generoso servicio a favor de cualquier persona que sufra o lo necesite, sin distinción alguna''.

El Papa ha hecho hincapie en que en Siria e Irak, el mal ''destruye los edificios e infraestructuras, pero sobre todo destruye la conciencia del ser humano. En el nombre de Jesús, que vino al mundo para curar las heridas de la humanidad, la Iglesia se siente llamada a responder al mal con el bien mediante la promoción de un desarrollo humano integral, ocupándose de cada hombre y de todos los hombres. Para responder a esta llamada difícil, los católicos deben fortalecer la colaboración intra-eclesial y los vínculos de comunión que los unen con las otras comunidades cristianas, buscando también la cooperación con las instituciones internacionales humanitarias y con todos los hombres de buena voluntad. Os animo, por tanto, a continuar en el camino de la colaboración y el intercambio, trabajando juntos y en sinergia. Por favor: ¡no abandonéis a las víctimas de esta crisis, aun cuando la atención del mundo decaiga!''

''A todos os pido -ha concluido- que llevéis mi mensaje de profunda solidaridad y cercanía a los que atraviesan por estas pruebas y sufren las trágicas consecuencias de esta crisis. En comunión con vosotros y vuestras comunidades, rezo incesantemente por la paz y el final de los tormentos y de las injusticias en vuestras amadas tierras''.

17 de Septiembre: Día del Profesor

Felicidades a los Profesores en su día. Dios los bendiga

“Los animo a renovar su pasión por el hombre en su proceso de formación y ser testimonios de vida y de esperanza”, dijo el Papa.

Como buen conocedor de esta profesión, Francisco recalcó que es “un trabajo precioso porque permite ver crecer día a día a las personas que han sido confiadas a nuestro cuidado” y “es un poco como ser padres, al menos espiritualmente”.

14.3.2015 Fragmento de las palabras dirigidas por Francisco a educadores italianos.

Evangelio del Jueves 17 de Septiembre

Jueves de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 7,36-50. 

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.
Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume.
Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!".
Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!", respondió él.
"Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta.
Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?".
Simón contestó: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien".
Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.
Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies.
Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.
Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor".
Después dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados".
Los invitados pensaron: "¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?".
Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz". 


Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.   

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Evangelio del Miércoles 16 de Septiembre

Miércoles de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 7,31-35. 

Dijo el Señor: «¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen?
Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: '¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.
Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: '¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!'.
Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos.» 

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.   

martes, 15 de septiembre de 2015

Evangelio del Martes 15 de Septiembre

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores

Evangelio según San Lucas 7,11-17. 


Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: "No llores".
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: "Joven, yo te lo ordeno, levántate".
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo".
El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina. 


Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.   

lunes, 14 de septiembre de 2015

Evangelio del Lunes 14 de Septiembre

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Evangelio según San Juan 3,13-17. 


Jesús dijo a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» 


Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.    

domingo, 13 de septiembre de 2015

Evangelio del Domingo 13 de Septiembre

Vigésimo cuarto Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 8,27-35. 

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".
Ellos le respondieron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas".
"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro respondió: "Tú eres el Mesías".
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días;
y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".
Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará. 


Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús. 

sábado, 12 de septiembre de 2015

Evangelio del Sábado 12 de Septiembre

Sábado de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,43-49. 

Jesús decía a sus discipulos:
«No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos:
cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.
El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.
¿Por qué ustedes me llaman: 'Señor, Señor', y no hacen lo que les digo?
Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica.
Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.
En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande.» 


Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Francisco: Atentos a no ser hipócritas, incluido el Papa


2015-09-11 Radio Vaticana

(RV).- Para ser misericordiosos con los demás, debemos tener el coraje de acusarnos a nosotros mismos. Lo subrayó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice destacó que debemos aprender a no juzgar a los demás, puesto que de lo contrario nos volvemos hipócritas. Y advirtió que se trata de un riesgo que todos corremos, a partir del Papa.

Generosidad del perdón, generosidad de la misericordia

El Papa Francisco subrayó que en estos días la Liturgia nos ha hecho reflexionar sobre el estilo cristiano revestido con sentimientos de ternura, bondad y mansedumbre exhortándonos a soportarnos recíprocamente.

Tener el valor de acusarnos a nosotros mismos

El Señor – prosiguió diciendo el Santo Padre – nos habla de la “recompensa”: “No juzguen, no serán juzgados. No condenen y no serán condenados”:

“Nosotros podemos decir: ‘Pero, es bello esto, ¡eh!’. Y cada uno de ustedes puede decir: ‘Pero Padre, es bello, ¿pero cómo se hace, cómo se comienza, esto? ¿Y cuál es el primer paso para ir por este camino?’. El primer paso lo vemos hoy, tanto en la primera Lectura, como en el Evangelio. El primer paso es la acusación de sí mismos. El coraje de acusar a sí mismos, antes que acusar a los demás. Y Pablo alaba al Señor porque lo ha elegido y da gracias porque ‘me ha dado confianza poniéndome a su servicio, porque yo era’ ‘un blasfemador, un persecutor y un violento’. Pero hubo misericordia”.

Estar atentos para no ser hipócritas, del Papa hacia abajo

“San Pablo – añadió el Pontífice – nos enseña a acusarnos a nosotros mismos. Y el Señor, con aquella imagen de la paja que está en el ojo de tu hermano y de la viga que está en el tuyo, nos enseña lo mismo”. Es necesario quitar primero la viga del propio ojo, acusarse a sí mismos. “Primer paso – reafirmó Francisco – acúsate a ti mismo” y no te sientas “un juez para quitar la paja de los ojos de los demás”:

“Y Jesús usa aquella palabra que sólo utiliza con los que tienen doble cara, doble alma: ‘¡Hipócrita!’. Hipócrita. El hombre y la mujer que no aprenden a acusarse a sí mismos se vuelven hipócritas. Todos, ¡eh! Todos. Comenzando por el Papa: todos. Si uno de nosotros no tiene la capacidad de acusarse a sí mismo y después decir, si es necesario, a quien se deben decir las cosas de los demás, no es cristiano, no entra en esta obra tan bella de la reconciliación, de la pacificación, de la ternura, de la bondad, del perdón, de la magnanimidad, de la misericordia que nos ha traído Jesucristo”.

Detengámonos a tiempo cuando estamos a punto de hablar mal de los demás

El primer paso, por lo tanto – reafirmó el Obispo de Roma – es pedir “la gracia al Señor de una conversión” y “cuando estoy a punto de pensar en los defectos de los demás, detenerme”:

“Cuando tengo ganas de decir a los demás los defectos de otros, detenerse. ¿Y yo? Y tener el coraje que tiene Pablo, aquí: ‘Yo era un blasfemo, un persecutor, un violento’… ¿Pero cuántas cosas podemos decir de nosotros? Ahorremos los comentarios sobre los demás y hagamos comentarios sobre nosotros mismos. Y éste es el primer paso por este camino de la magnanimidad. Porque el que sabe mirar sólo las pajitas en el ojo del otro, termina en la mezquindad: un alma mezquina, llena de pequeñeces, llena de charlas”.

El Papa Bergoglio concluyó su homilía invitando a pedir al Señor la gracia “de seguir el consejo de Jesús: ser generosos en el perdón, ser generosos en la misericordia”. Para canonizar “a una persona – dijo – hay todo un proceso, hay necesidad del milagro, y después la Iglesia” la proclama santa. “Pero – añadió el Santo Padre – si se encontrara a una persona que jamás, jamás, jamás, haya hablado mal de otro, se la podría canonizar inmediatamente”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

¡¡FELIZ DÍA DEL MAESTRO A TODOS LOS DOCENTES!!

La verdadera educación nos hace amar la vida y nos abre a la plenitud de la vida- Francisco.
 

Evangelio del Viernes 11 de Septiembre

Viernes de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,39-42.

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?
El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.
¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?
¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo', tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano." 

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.  

jueves, 10 de septiembre de 2015

Quien no perdona no es cristiano, recordó el Papa en su homilía


2015-09-10 Radio Vaticana

Binomio paz-reconciliación

(RV).- Paz y reconciliación. El Papa Francisco desarrolló su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta partiendo de este binomio. El Pontífice condenó a cantos producen armas para matar en las guerras, y también puso en guardia contra los conflictos que se producen dentro de las comunidades cristianas. Además, el Santo Padre hizo una nueva exhortación a los sacerdotes a ser misericordiosos como lo es el Señor.

Jesús es el Príncipe de la paz porque genera paz en nuestros corazones. El Papa Francisco se inspiró en las lecturas del día para detenerse en el binomio paz-reconciliación. También formuló la pregunta de si solemos agradecer este don de la paz que hemos recibido en Jesús. Y afirmó que la paz “ha sido hecha, pero no ha sido aceptada”.

Basta de producir armas, la guerra aniquila

También hoy, todos los días, “en los telediarios, en los periódicos – constató con amargura el Pontífice – vemos que hay guerras, vemos las destrucciones, el odio y la enemistad”.

“También hay hombres y mujeres que trabajan tanto – ¡pero trabajan tanto! – para fabricar armas para matar, armas que al final terminan bañadas en la sangre de tantos inocentes, de tanta gente. ¡Existen las guerras! ¡Existen las guerras y existe esa maldad de preparar la guerra, de construir armas contra el otro, para matar! La paz salva, la paz te hace vivir, te hace crecer; la guerra te aniquila, te lleva hacia abajo”.

Quien no sabe perdonar, no es cristiano

Sin embargo – explicó el Santo Padre – la guerra no es sólo ésta, “está también en nuestras comunidades cristianas, entre nosotros”. Y éste – subrayó Francisco – es el “consejo” que hoy nos da la liturgia: “Hagan la paz entre ustedes”. Y añadió que el perdón “es la palabra clave”: “Como el Señor los ha perdonado, así hagan también ustedes”.

“Si tú no sabes perdonar, no eres cristiano. Serás un buen hombre, una buena mujer… Pero no haces lo que ha hecho el Señor. Y también: si tú no perdonas, no puedes recibir la paz del Señor, el perdón del Señor. Y cada día, cuando rezamos el Padrenuestro: ‘Perdónanos, como nosotros perdonamos…’. Es un ‘condicional’. Tratamos de ‘convencer’ a Dios que somos buenos, como nosotros somos buenos perdonando: al revés. Palabras, ¿no? Como cantaba aquella bella canción: ‘Palabras, palabras, palabras’, ¿no? Creo que la cantaba Mina… ¡Palabras! ¡Perdónense! Como el Señor los ha perdonado, así hagan ustedes”.

La lengua destruye, hace la guerra

Hay necesidad de “paciencia cristiana”, reafirmó el Pontífice. Y añadió: “Cuántas mujeres heroicas hay en nuestro pueblo que soportan por el bien de la familia y de los hijos, tantas brutalidades, tantas injusticias: soportan y van adelante con la familia”. Cuántos hombres “heroicos hay en nuestro pueblo cristiano – prosiguió diciendo Francisco – que soportan levantarse temprano por la mañana para ir al trabajo – tantas veces un trabajo injusto, mal pagado – para regresar por la noche, para mantener a la esposa y a los hijos. Estos son los justos”. Pero – añadió – también están aquellos que “hacen trabajar la lengua y hacen la guerra”, porque “la lengua destruye, ¡hace la guerra!”. Hay otra palabra clave – dijo también el Santo Padre – “que dice Jesús en el Evangelio”: “misericordia”. Es importante “comprender a los demás, no condenarlos”.

Sacerdotes sean misericordiosos, no bastoneen a la gente en el confesionario

“El Señor, el Padre es tan misericordioso – afirmó también el Pontífice – siempre nos perdona, siempre quiere hacer la paz con nosotros”. Pero “si tú no eres misericordioso – advirtió el Papa – corres el riesgo de que el Señor no sea misericordioso contigo, porque nosotros seremos juzgados con la misma medida con la que juzgamos a los demás”:

“Si tú eres sacerdote y no te sientes capaz de ser misericordioso, dile a tu obispo que te dé un trabajo administrativo, pero ¡por favor, no vayas al confesionario! ¡Un sacerdote que no es misericordioso hace tanto mal en el confesionario! Bastonea a la gente. ‘No, Padre, yo soy misericordioso, pero soy un poco nervioso…’. ‘Es verdad… Antes de ir al confesionario ¡ve al médico para que te dé una pastilla contra los nervios! ¡Pero sé misericordioso!’. Y también misericordiosos entre nosotros. ‘Pero aquel ha hecho esto… ¿Yo qué cosa he hecho?’; ‘¡Aquel es más pecador que yo!’: ¿Quién puede decir esto, que el otro es más pecador que yo? ¡Nadie puede decir esto! Sólo el Señor sabe”.

El Obispo de Roma también puso de manifiesto que como enseña San Pablo, es necesario revestirse con “sentimientos de ternura, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de magnanimidad”. Y reafirmó que éste es el “estilo cristiano”, “el estilo con el que Jesús ha hecho la paz y la reconciliación”. “No es la soberbia, no es la condena, no es hablar de los demás”.

Y concluyó diciendo: “Que el Señor nos dé a todos nosotros la gracia de soportarnos recíprocamente, de perdonar, de ser misericordiosos, como el Señor es misericordioso con nosotros”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

EL CURA BROCHERO SERÁ DECLARADO SANTO

Jueves 10 de septiembre del 2015

El Beato Cura Brochero será declarado Santo, luego de que el Vaticano reconociera el segundo Milagro realizado por su intermediación.
El caso es el de una nena sanjuanina - Camila- quien tuvo una "asombrosa" recuperación después de un infarto cerebral.
Cabe recordar el primer milagro comprobado - que lo hizo Beato- de Brochero -siguió el mismo proceso de investigación que el de la sanjuanina Camila Brusotti- : el de Nicolás Flores. El chico, que hoy tiene 15 años, cuando tenía 11 meses sufrió un accidente de tránsito que le causó heridas graves. Los médicos en ese momento le habían pronosticado la posibilidad de "vida vegetativa".
Les compartimos el Audio del Obispo de Cruz del Eje Mons. Santiago Olivera acerca de la feliz y bendita noticia

Evangelio del Jueves 10 de Septiembre

Jueves de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,27-38.

Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian.
Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes.
Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.
Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores.
Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes». 

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.  

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Evangelio del Miércoles 9 de Septiembre

Miércoles de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,20-26. 

Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.

martes, 8 de septiembre de 2015

Evangelio del Martes 8 de Septiembre

Fiesta de la Natividad de la Virgen María

Evangelio según San Mateo 1,1-16.18-23. 


Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.
Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón;
Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón.
Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé;
Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.
Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá;
Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías.
Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías;
Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías;
Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel;
Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor.
Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud;
Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros". 

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.  

lunes, 7 de septiembre de 2015

Evangelio del Lunes 7 de Septiembre

Lunes de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,6-11. 

Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo.
Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". El se levantó y permaneció de pie.
Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?".
Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada.
Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús. 

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.  

domingo, 6 de septiembre de 2015

Evangelio del Domingo 6 de Septiembre

Vigésimo tercer Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 7,31-37. 


Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.
Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Efatá", que significa: "Abrete".
Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban
y, en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos". 

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.  

sábado, 5 de septiembre de 2015

Evangelio del Sábado 5 de Septiembre

Sábado de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,1-5. 

Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. 
Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?". 
Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?". 
Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado".

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.    

viernes, 4 de septiembre de 2015

Evangelio del Viernes 4 de Septiembre

Viernes de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 5,33-39. 

En aquel tiempo, los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: "Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben".
Jesús les contestó: "¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos?
Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar".
Les hizo además esta comparación: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más.
¡A vino nuevo, odres nuevos!
Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor". 

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.    

jueves, 3 de septiembre de 2015

Campaña Nacional Bíblica 2015



Evangelio del Jueves 3 de Septiembre

Jueves de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 5,1-11. 

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes".
Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes".
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador".
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron. 

Palabra de Dios. Gloria a Ti, Señor Jesús.    

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El vino bueno de la alegría, síntesis de la catequesis del Papa del 2 de setiembre

Tomado de: http://www.news.va/es/news/

 

2015-09-02 Radio Vaticana

(RV).- En su catequesis del miércoles 2 de setiembre el Papa destacó la importancia de la familia como transmisora de fe, ya sea dentro como fuera del seno familiar:

“Queridos hermanos y hermanas:

Hoy abordamos el tema de la familia como transmisora de la fe. Tanto en sus palabras como en sus signos, el Señor pone con frecuencia los lazos familiares como ejemplo de nuestra relación con Dios. La sabiduría encerrada en esos afectos familiares, que ni se compran ni se venden, es el mejor legado del espíritu familiar y Dios se revela a través de este lenguaje”.

En su reflexión en italiano el Santo Padre señaló algunos pasajes del Evangelio que nos pueden venir a la mente cuando pensamos en nuestra relación con Dios: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37). El Papa explicó que este pasaje, que podría hacer pensar que contrapone los lazos familiares con el seguir a Jesús, en realidad tiene todo otro significado: cuando Jesús afirma la primacía de la fe en Dios, no encuentra una comparación más significativa que la de los afectos familiares, los cuales al interior de la experiencia de la fe y del amor de Dios se llenan de un sentido aún más grande, y así hace que estos afectos sean capaces de ir más allá de sí mismos.

Asimismo en su catequesis impartida en español el Papa afirmó que “la fe y el amor de Dios, purifican los afectos familiares del egoísmo y los protegen del degrado. Los abre a un nuevo horizonte que nos hace capaces de ver más allá, de ver a todos los hombres como una sola familia. De ese modo, quien hace la voluntad de Dios y vive en su amor, es capaz de ver a Jesús en el otro y de ser para él un verdadero hermano”.

Cuando los afectos familiares se convierten al testimonio del evangelio se vuelven capaces de cosas impensables: “es una bendición para los pueblos”, dijo.

“Una sola sonrisa arrancada milagrosamente de la desesperación de un niño abandonado, que vuelve a vivir, nos explica el actuar de Dios en el mundo, más que miles tratados teológicos” destacó el Obispo de Roma. “Un solo hombre y una sola mujer, capaces de arriesgar y de sacrificarse por un hijo de otro, y no solamente por el proprio, nos explican cosas del amor que muchos científicos ya no comprenden”; ninguna ingeniería económica ni política puede sustituir a la familia en el contrastar la desertificación comunitaria de la ciudad moderna.

Llevar este estilo familiar a todas las relaciones humanas, dijo el Sucesor de Pedro, nos haría capaces de cosas impensables, sería una bendición para todos los pueblos y un signo de esperanza sobre la tierra. “Se da ahí una comunicación del misterio de Dios más profunda e incisiva que mil tratados de teología”.

Después de saludar a los peregrinos de lengua española el Papa elevó al cielo su oración: “Que el Señor nos ayude a que las familias sean fermento evangelizador de la sociedad, ese vino bueno que lleve la alegría del Evangelio a todas las gentes”.

En la conclusión de su reflexión en italiano el Pontífice pidió, una vez más, que recemos por él, y también los unos por los otros, para que “seamos capaces de reconocer y de sostener las visitas de Dios”. “El Espíritu traerá el alegre desorden en las familias cristianas - concluyó - y la ciudad del hombre saldrá de la depresión”.

(GM - RV)