viernes, 23 de septiembre de 2011

La "Madonna del Pozzo" será entronizada en la iglesia de la Sagrada Familia de Los Cardales (partido de Exaltación de la Cruz)

Mons. Oscar Sarlinga entronizará el segundo ícono de la "Madonna del Pozzo" (del siglo XIII) Patrona de quienes sufren depresión. Será en Los Cardales, el 1ro. de octubre
A continuación reproducimos la carta que ha escrito monseñor Oscar Domingo Sarlinga, obispo de Zárate-Campana, en la celebración de la festividad de la Santísima Virgen María en su advocación de «Nuestra Señora del Pozo» (septiembre de 2007) dirigida a quienes «sufren depresión, angustia y situaciones de grave necesidad».

BUENOS AIRES, sábado, 29 septiembre 2007.

CARTA DEL PASTOR DIOCESANO A QUIENES SUFREN DEPRESIÓN, ANGUSTIA Y SITUACIONES DE GRAVE NECESIDAD
En la celebración de la festividad de la Santísima Virgen María en su advocación de «Ntra. Sra. del Pozo» («Madonna del Pozzo», 1256)

I. DEPRESIÓN Y ANGUSTIA, MALES COMPLEJOS DENTRO DEL MISTERIO DEL SUFRIMIENTO
En el pasado año de 2006 tuve la ocasión de declarar a la Santísima Virgen, en su advocación de Ntra. Sra. del Pozo, o «Madonna del Pozzo», como Patrona para quienes sufren depresión y estados de angustia y situaciones de grave necesidad, en esta diócesis de Zárate-Campana. Entronizada su imagen en la parroquia de Santa Rosa de Lima, en Villa Rosa (Pilar)y en otras capillas de la diócesis (como Santa Teresita, en Manuel Alberti, y María de Nazaret, en Zárate)(1), allí han acudido miles de fieles a lo largo de este año, con el maravilloso don de la Fe, o bien pidiendo al Señor ese don, junto con las gracias que necesitan, también el don de la salud, viendo como del todo natural que el cristiano enfermo o deprimido vuelva sus ojos a la Santísima Virgen Maria, «Causa de nuestra alegría y Salud de los enfermos»(2). Nada hay de especialísimo en dicha advocación: «Casa de María» son todas las iglesias donde se encuentra Jesús Eucarístico y la presencia espiritual de la Madre. El tema sí es especial; me mueve a dirigirles ésta sobre todo la necesidad pastoral que veo de afrontar con Fe y Esperanza el panorama de angustia y depresión en que viven no pocos hermanos y hermanas nuestros.
Nos mueve la Fe, que es un magnífico don de gracia; es la Fe en Jesucristo, Hijo del Dios Vivo, a quien Su Madre, la Santísima Virgen, nos atrae a todos con singular predilección, especialmente a quienes más lo necesitan, abriéndonos caminos de alegría y paz. Es por ello que la Iglesia siempre ha tenido tan en alto la preocupación por los enfermos y sufrientes, a imitación del propio Jesús, como lo refería el Papa Benedicto XVI en una reciente visita pastoral a una clínica: “Encontrándome entre vosotros, pienso de modo espontáneo en Jesús, que durante su existencia terrena siempre mostró una particular atención a los que sufrían, curándolos y dándoles la posibilidad de volver a la vida de relación familiar y social, que la enfermedad había impedido. Pienso también en la primera comunidad cristiana, donde, (…) muchas curaciones y prodigios acompañaban la predicación de los Apóstoles. La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Señor, manifiesta siempre una predilección especial por quienes sufren y (…) ve en el que sufre a Cristo mismo, y no cesa de prestar a los enfermos la ayuda necesaria, la ayuda técnica y el amor humano, consciente de que está llamada a manifestar el amor y la solicitud de Cristo a ellos y a quienes los atienden (…)”(3). Así también nosotros debemos tener una especial solicitud para con los enfermos y los que sufren, y en especial para con los deprimidos y angustiados; más aún, en nuestras parroquias, movimientos y asociaciones de fieles, todo ello debiera ser un aspecto más que destacado de la pastoral.
Sí sabemos que se sufre como persona, con las características físicas, psicológicas y espirituales que cada persona posee. Tiene mucho, muchísimo que ver con el sentido de la vida que cada uno tenga, como afirma Cassell(4). Así, la esencia del sufrimiento consiste en cierta desintegración del ser, incluyendo el pasado, el futuro, el sentido de la vida de alguien, sus intenciones y proyectos, sus ideas de fuerza y sus creencias. El sufrimiento se da, pues, en una cultura, que es propia del ser humano. A este respecto, un valioso Documento del Pontificio Consejo para la Cultura, llamado «Para una pastoral de la cultura», recuerda que esta última “(…) es tan connatural en el ser humano que la naturaleza de éste no posee rostro sino cuando se realiza en su cultura”(5). Así también se realiza el rostro del sufrimiento, y por ende, de la depresión, la angustia, el sentimiento del estado de grave necesidad.
Ahora bien, la depresión y la angustia son siempre manifestaciones de sufrimiento. Pero la inversa no es igualmente cierta. Nos preguntamos, pues: ¿Qué es el sufrimiento?; ¿por qué el sufrimiento?. Y, todavía mejor, ¿para qué el sufrimiento?. ¿Existe un sentido de él?. Expongo estas preguntas (los cristianos tenemos una Respuesta, con mayúscula), pero, creo, no sería el momento de intentar dilucidar aquí cuestiones tan cruciales para el ser humano, y tampoco de establecer distinciones entre dolor y sufrimiento, y dentro de éstos, de profundizar en las causas psíquicas de la depresión y la angustia. Más que al sufrimiento en general, esta carta desea estar referida sobre todo a estas dos últimas, con una mirada pastoral.
Para introducirnos en tema, algo importante es no confundir el estado de ánimo triste, que constituye un malestar psicológico frecuente (y que conlleva el sentirse triste o deprimido) pero que no configura el padecimiento de una depresión en sí, puesto que ésta indica signos, síntomas, síndromes, un estado emocional permanente, una reacción clínica bien definida. En la depresión como estado pato-lógico se pierde la alegría y satisfacción de vivir, la capacidad de actuar y obrar, y la esperanza de recobrar el bienestar, cayendo en un sombrío ánimo. Precisamente, aquélla se acompaña de manifestaciones evaluables clínicamente en la esfera del estado de ánimo(6) del pensamiento(7), de la actividad psico-motriz(8) y de las manifestaciones somáticas(9).
Siempre considerando el no ser especialistas, podemos también afirmar, lato sensu, que el fenómeno de la depresión es complejo y multicausal(10). En ese sentido, el Papa Juan Pablo II, quien trató en distintas ocasiones el tema de la depresión desde una perspectiva humana amplia, hacía referencia a “(…) los diferentes aspectos de la depresión en su complejidad: van desde la enfermedad profunda, más o menos duradera, hasta un estado pasajero, ligado a acontecimientos difíciles –conflictos conyugales y familiares, graves problemas laborales, estados de soledad...–, que comportan una fisura o una ruptura en las relaciones sociales, profesionales, familiares. La enfermedad es acompañada con frecuencia por una crisis existencial y espiritual, que lleva a dejar de percibir el sentido de la vida”(11). Se encuentran allí mencionados los diversos aspectos y causas de la depresión, difusos hoy como nunca, tal como se ha expresado más arriba, en la cultura moderna.
Sin entrar en especializaciones, podemos genéricamente constatar, esto sí, es que la depresión es un mal particularmente complejo y presente en nuestra época contemporánea(12), caracterizada –como ninguna otra época- por el avance de los conocimientos científicos y del dominio del hombre sobre el planeta, pero también signada por el abandono, la soledad, la incertidumbre y las mil y una posibilidades de frustración, tantas veces originadas en el sinsentido de la vida, esto es, en que la vida humana aparece para muchos desprovista de sentido, o bien en factores externos, como graves injusticias infligidas, injusta miseria, desengaños, calumnias, estafas, trágica pérdida de seres queridos, pérdida de fe y esperanza por escándalo o pereza o malevolencia de quienes debían ayudar.
En general, queridos hermanos y hermanas, hay a nuestro alrededor todo un mundo del dolor del que nos compadeceríamos mucho más, si miráramos aunque más no fuera un poco, saliendo de nuestro propio mundo –o mundillo- de auto-suficiencia y auto-miramiento, o del fárrago de nuestros propios problemas. ¡Si aunque sea siempre rezáramos un Padrenuestro por los que más sufren!. ¡O los incluyéramos siempre en las intenciones de la Santa Misa!. Puestos en el Corazón de Cristo, ya sería muchísimo, y también mucho es lo que podemos hacer, en Cristo, conforme a las exigencias de la vida cristiana, en la «eucaristía vivida» de nuestra vida diaria.

II. ACTOS DEL DRAMA INTERIOR
¿Es un drama la vida?. En el ámbito de la filosofía, no pocos consideran que el grito de Friedrich Nietzche, acerca de «la muerte de Dios» plantea en realidad la trágica cuestión de «la muerte del ser humano». El declive postmoderno desde Michel Foucault a Claude Levi-Straus, desde el «sueño antropológico» del primero, que deviene en «muerte del hombre» hasta la mitológica tetralogía del segundo, con su «crepúsculo de los hombres», caracterizado por la «nada»(13).
No son éstas, pienso, consideraciones exquisitas y desprovistas de sentido. Nosotros, personas religiosas, tenemos mucho que orar y mucho que obrar por el bien; sin creernos más que nadie sino partiendo de las energías de Amor del «homo religiosus», energías que el Espíritu del Señor ha puesto para bien de los que lo aman. Frente al drama del vacío existencial, pongamos Amor, y allí donde haya odio, envidia, paranoia consentida, también. Como en la oración de San Francisco de Asís. Incluso frente al horror del campo de concentración, expresión sin par del vacío existencial al que nos referíamos, y de la ominosa Shoah, el gran neurólogo Viktor Frankl, vienés, hebreo, luego profesor de Harvard, Stanford, Pittsburgh e Dallas, fallecido a los 92 años en 1997, encontró el sentido de la vida y el sentido del Amor. En su obra, «Le dieu inconscient», nos habla del «poder de contestación del espíritu». Y parte del principio que «la exigencia fundamental del hombre –es- (…) la plenitud de sentido»(14).
He aquí un gran remedio a la tristeza y depresión. Aparece aquí el tema de la «voluntad de sentido», que abren vías de salida al ser frustrado, presa del vértigo del vacío existencial, que puede caracterizarse como pérdida de la capacidad para interesarse, ilusionarse y disfrutar de todas o casi todas las cosas y circunstancias de la vida, disminución general de la vitalidad, pérdida de la confianza en sí mismo, con sentimientos de inutilidad, inferioridad o de culpabilización excesiva, perspectiva negra del futuro, ideas de muerte e incluso de suicidio. Este vértigo en el que el ser humano puede caer se manifiesta como rampante tristeza, ideas negras, repliegue sobre sí mismo con obsesión de muerte, y caída en el vacío. Presas del miedo, tantos hermanos y hermanas nuestros ven todo con temor, hastío de vivir, voluntad abandonada. Es la náusea y la desesperación. Es el drama interior, que necesita de un profesional especializado, y también de atención pastoral.
A nivel humano en general, sin embargo, pienso que en el drama de la depresión pueden existir algunos factores de predisposición, pero aquí sí, más que nunca, no se debe generalizar, teniendo en cuenta, sobre todo, la multicausalidad a la que hemos hecho alusión más arriba.
Sin entrar ahora en estas líneas en el plano de la responsabilidad moral, creo que para nada menor puede constituir un factor a considerar como desencadenante de la depresión (más allá de todas las predisposiciones genéticas y otras causales), el excesivo perfeccionismo de la persona (¿es ésta una manifestación obsesiva?), es decir, el ansia desmesurada de obtener resultados «perfectos», que nadie pueda atacar o criticar (lo cual esto último, curiosamente, hace a la persona muy vulnerable a la frustración). El perfeccionismo podría ser confundido con el sentido genérico de la «responsabilidad», pero en realidad denota cierto sentimiento de omnipotencia y, diríamos, de «irrealismo», en el sentido de rehusar admitir las propias limitaciones. No es el caso la mayoría de las veces, pero puede ocurrir que dicho perfeccionismo hiperintencional (utilizando un lenguaje más o menos frankliano) se vea teledirigido a logros de anti-valores, como tantas veces son pregonados por algunos medios masivos de comunicación(15).
Ya más en el orden psíquico y psicológico, otro factor importante puede constituir la psico-estructura del sujeto con caracteres paranoicos o paranoides, factor que adquiere repercusión sobre el tema pues quien adolece de una tendencia paranoica es, en cierta medida, impermeable a la experiencia «fáctica»(16) teniendo, como lo tiene, afectado el sentido del discernimiento de sus propias limitaciones o responsabilidades y culpando a los demás(como normalmente su trastorno de personalidad lo lleva a hacerlo) de sus fracasos y frustraciones, los cuales serían otros tantos complots en su contra. Dicha actitud le hace ver a muchos de los que lo rodean (o a todos) como un conjunto de adversarios y enemigos conjurados. Ello le ocasiona aislamiento y rechazo, y, quizá, depresión. Reitero que no estamos tratando aquí de la falta moral (no hay que confundir esto, sin tampoco escindir).
En el mismo orden, tampoco podríamos dejar de mencionar como factores depresivos a la agobiante «soledad» (no la fecunda, sino esa soledad destructiva, que frustra, algunas veces causada por la desconfianza sistemática) y a la parálisis o atrofia de la actividad (mencionada magistralmente por Frankl como hiperintención paralizante)(17), en la cual la persona deprimida experimenta una exacerbación de su sentido de autocrítica y tiende a teñir de negativo sus posibilidades de actuación.
La actitud pastoral: desde un punto de vista psicológico, y humano, diríamos, una persona que ha caído en depresión necesita compañía y ayuda a fines de superar la soledad y aislamiento, necesita que alguien le abra camino a la luz en su vida, necesita ejercitar alguna actividad satisfactoria que le resulte exitosa, abrirse al Bien y a la Verdad, y para ello es preciso que descubra cuáles son las fisuras y grietas de su personalidad por dónde se han filtrado las aguas negras de la depresión. Para esto puede ayudar grandemente una perspectiva espiritual profunda, que redimensione enteramente los actos del drama, para transformarlos en una nueva actuación de vida.

II. UNA RECUPERACIÓN DESDE LA FUENTE DE LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL
Lo primero es la aceptación de la propia realidad, la cual, en la medida en que Dios la quiso, o permitió por lo menos, llega a ser «historia sagrada» en el sentido en que ni un cabello cae de nuestra cabeza sin que el Padre celestial lo sepa. En la vida no estamos dejados «A la deriva», como dramática y genialmente lo narra el cuento de Horacio Quiroga… (lo recuerdo de la escuela primaria…) Porque para quienes tienen Fe, “(…) todo coopera al bien de los que aman a Dios” (Rm 8, 28); también la autoestima coopera, y en grande, porque no puede amar a los otros quien no se ama (no «más allá del Sol y de las estrellas», en el decir de Dante Alighieri, sino en la justa medida), por debajo de Dios y amando al prójimo como a sí mismo.
Es claro que si la persona que sufre depresión es creyente, más aún, un cristiano, un católico con claro conocimiento de su fe y de la doctrina sobre Dios Providente y Misericordioso, que puede “(…) hacer de las mismas piedras hijos de Abrahám” (Mt 3, 9), hay elementos muy sólidos para superar el mundo de oscuridad y frustración y de parálisis psíquica.
Por ello, en la atención pastoral de quien padece angustia y depresión ocupa un lugar de primer plano todo lo que pueda robustecer la Fe, comprendiendo por ésta las certezas acerca de la bondad y sabiduría de Dios (en quien «vivimos, nos movemos y existimos» como reza Hch 17, 28), acerca de su presencia y su amoroso poder, acerca del destino de felicidad que Dios quiere para todos los seres humanos, al punto que nos dio a su propio Hijo (cf. Jn 3, 16). También acerca del recibimiento tierno que Dios prodiga a sus hijos descarriados (cf. Lc 15, 11-24), aun sabiendo perfectamente acerca de nuestras limitaciones, flaquezas, astucias y «agachadas» (cf. Salmo 103, 14).
La depresión y la angustia, en lo espiritual, constituyen una dura prueba. El papel de los que cuidan de la persona deprimida, y no tienen una tarea terapéutica específica (por ejemplo quienes atienden a nivel pastoral a quienes más sufren), consiste sobre todo en ayudarle a recuperar la estima de sí misma, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro y el deseo de vivir(18). Por eso, es importante tender la mano a todos los enfermos, ayudarles a percibir el Amor y la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida donde puedan sentirse acogidos, comprendidos, sostenidos, en una palabra, dignos de amar y de ser amados. Para ellos, como para cualquier otro, contemplar a Cristo y dejarse "mirar" por él es una experiencia que los abre a la esperanza y los impulsa a abrirse a la vida en abundancia (cf. Dt 30, 19).
Algo muy importante en la búsqueda de sentido, para un creyente, es asumir el sufrimiento (y por ende la depresión y la angustia), sin quedantismo ni –ciertamente- como forma de trágico masoquismo sino como forma de «participación en la pasión y en la cruz de Cristo» y como una realidad dolorosa que nos habilita, en el decir de San Pablo, para “(…) completar lo que falta a la pasión de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia” (Col 1, 24).
Esto es causa de esperanza y de apertura de una gran ventana de luz, que da a la comprensión del destino de bienaventuranza de la persona humana, al punto que se haga prácticamente manifiesto cómo el camino hacia la vida eterna puede tener que atravesar por una prueba, casi como, en cierto sentido, un propio aniquilamiento y sentimiento de abandono, a imitación de Cristo(19). La oración (¡qué maravilloso es abrirnos a orar!), la participación fructuosa en los sacramentos de la Iglesia serán entonces de inmensa ayuda, en especial la Eucaristía, la Penitencia y la Unción de los enfermos.
Una recuperación espiritual será de invalorable ayuda para quien sufre angustia, depresión y estados de urgente necesidad, porque lo ayudará a amarse más, a valorarse más, y a recobrar el sentido de la justa lucha, de la esperanza y de la salida a la oscuridad de la desesperación. Entonces la gracia y la paz se podrán derramarse como una fuente de bendición, porque siempre podemos salir para ayudar a otros que sufren, y esto trae bendición, porque lo dijo Jesús: “Cuanto ustedes hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicieron” (Mt. 25,40-45).
Así es para con los enfermos, los más pobres, los que sufren, los abandonados, angustiados y deprimidos.
IV
CONCLUSIÓN
La alegría pascual refulge siempre magnífica en la Iglesia y para la humanidad, pues el gozo es el don de Dios del cual, aquélla, la Iglesia, es portadora, en tanto portadora del Evangelio. «La alegría – escribía el converso Paul Claudel, convertido por intercesión de la Virgen durante el cántico del Magníficat en la catedral de Notre Dame – es la primera y la última palabra del Evangelio»(20).
Tanto el anticuerpo como el antídoto para la enfermedad de la oscuridad del corazón es la Fe en Aquél que nos dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Entonces nuestra vida se transforma en una Eucaristía vivida, aun con sufrimiento y dolor (de los cuales, cuanto más aborrecimiento tengamos, más expuestos al sufrimiento estaremos). La alegría cristiana, en cambio, proviene de la esperanza que no defrauda, ese «ya pero todavía no» que es anticipación de la Gloria del Cielo. El Nuevo Testamento está todo penetrado de la Vida que Jesús nos transmite y comunica, y Vida en abundancia (cf Mt 25,21-23; Lc 1,14; 2,10). Nos la comunica a todos sus discípulos; por ello el Evangelio de Juan afirma que la alegría de Jesús vive en el discípulo (Cf Jn 17,13; 1 Jn 1,4; 2 Jn 12), podemos decir, es una «alegría discipular», la cual no cesa incluso coexistiendo con el sufrimiento (Cf Jn 16,20-24; 14,28). El gran Obispo y Doctor de la Iglesia, San Agustín, tiene unas estupendas meditaciones sobre la alegría del discípulo(21), que tantas veces los cristianos tendríamos que poner más en práctica, también los pastores del Pueblo de Dios; y me incluyo el primero.
Porque esa realidad de Fe y de Esperanza en nuestra vida hace irradiar de luz a todo nuestro ser, y se transforma en fuente de bendición y alegría para los demás, alentando el espíritu y el rostro feliz de cuantos entren en contacto con nosotros, como dice el Libro de los Proverbios sobre el «corazón» (en sentido bíblico: «Lev»): “Corazón contento, cara feliz, corazón abatido, desalienta el espíritu” (Prov. 15, 13).
Pedimos al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, en su advocación de «Nuestra Señora del Pozo», que saque a nuestros hermanos caídos en el pozo de oscuridad y angustia y nos haga ver su Luz –también a través de las causas segundas de la ciencia-, un Camino de Luz, para pasar «haciendo el bien».
En la Fiesta de Nuestra Señora de la Merced, la Libertadora de los cautivos, 24 de septiembre de 2007

+Oscar D. Sarlinga

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1 La homilía completa de quien suscribe con ocasión de la entronización de la «Madonna del Pozzo», con el significado bíblico y existencial del «pozo», puede encontrarse, entre otros sitios de la web, en:
o bien en la página web del Obispado (obzaratecampana.com.ar) o bien en Camineo.info:
2 La Virgen tuvo durante su vida terrena (y esto está constatado en la Sagrada Escritura) muchos momentos de dolor espiritual, aunque no pudiéramos hablar propiamente de depresión psicológica: la profecía de la espada de dolor que atravesaría su alma (cf. Lc 2, 35); la huida y el exilio en Egipto (cf. Mt 2, 13-15); la pérdida del Niño Jesús, al que encontró luego enseñando en el Templo (cf. Lc 2, 41-50) y su angustiosa presencia al pie de la Cruz (cf. Jn 19, 25-27). Esa experiencia de dolor le brindó, sin embargo, una capacidad especial para compadecer a los miembros de su Hijo sumidos en la aflicción y para interceder por ellos, pidiendo el don del consuelo, la alegría y la fortaleza.
3 BENEDICTO XVI, Discurso a los enfermos, a los médicos y al personal del Hospital Policlínico San Mateo, de Pavía, en la Visita pastoral a Vigévano y Pavía, Domingo 22 de abril de 2007.
4 E. CASSELL, "Recognizing Suffering", Hasings Center Report 21 (1991): 24-31, p. 25.
5 La vida humana no se realiza sino en las diversas y concretas modalidades de la actividad humana, que configura el «existir». Esta última constituye una realidad compleja, la de ser, a la vez, «homo faber» y «homo amicus», «homo politicus» e «homo sapiens», sin olvidar el ser «homo religiosus». (Cf PONTIFICIO CONSEJO PARA LA CULTURA, Per una pastorale della cultura, Pentecoste 1999, n. 2).
6 Tales como la tristeza, pérdida de interés, apatía, falta del sentido de esperanza.
7 Como la capacidad de concentración disminuida, indecisión, pesimismo, deseo de muerte.
8 Manifestada, por ejemplo, a través de la inhibición, lentitud, falta de comunicación o inquietud, impaciencia e hiperactividad.
9 Es decir, corporales, tales como el insomnio, alteraciones no provocadas por otras causas del apetito y peso, disminución del deseo, pérdida de energía.
10 Muchos estudiosos de la psicología y de la psiquiatría diferencian entre tres grandes grupos o tipos de depresión: las depresiones «endógenas» (en su origen etimológico: «generadas desde dentro»), que son aquellas no ocasionadas –al menos según lo que se ve clínicamente- por cosa alguna externa, esto es, factor alguno de sufrimiento psicológico. Aquí puede incidir de modo importante la matriz genética. Una segunda especie la constituyen las depresiones llamadas «distímicas», relacionadas con «trastornos» (en el lenguaje moderno, puesto que ya casi no se habla de neurosis) de la personalidad. La frustración, el descontento y la desafección de sí mismas y de lo que las rodean, caracterizan a estas personalidades. Revisten la clásica «amargura» y «frustración» y generalmente hacen episodios depresivos, de mayor o menor intensidad, con carácter crónico. Por último, el tercer grupo, llamado de las «depresiones reactivas», o también conocidas como «trastornos adaptativos depresivos», configura un cuadro depresivo que aparece, precisamente, por motivos «reactivos», o «de reacción a» acontecimientos disparadores, tales como separaciones matrimoniales, problemas familiares, pérdida de un ser querido, dificultades de autoestima, enfermedades físicas, problemas de relación. Son frecuentes en adolescentes y jóvenes, e incluso, con distinta sintomatología e intensidad, en niños.
11 JUAN PABLO II, Discurso a los participantes en la XVIII Conferencia Internacional sobre «La depresión», promovida por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, Ciudad el Vaticano, 14 noviembre 2003, n. 2.
12 En cuanto a la historia antigua, la primera manifestación acerca de lo que hoy llamaríamos depresión que conocemos, se halla en Hipócrates, quien en su obra «Las epidemias de la bilis negra», hace referencia a ella, y pone como su síntoma más importante la tristeza. Más adelante se refirieron a la actualmente denominada depresión el gran Celso (del siglo I) y posteriormente Galeno, en el siglo II, quien describe tres modalidades de la llamada «melancolía».
13 C. LÉVI-STRAUSS, L’homme nu, Plon, 1971.
14 V. FRANKL, Le dieu inconscient, Coll. Religion et sciences de l’homme, Edition du Centurion, 1975, p. 92-93.
15 “Es importante ser conscientes de las repercusiones que tienen los mensajes transmitidos por los medios de comunicación sobre las personas, al exaltar el consumismo, la satisfacción inmediata de los deseos, la carrera a un bienestar material cada vez mayor. Es necesario proponer nuevos caminos para que cada uno pueda construir la propia personalidad, cultivando la vida espiritual, fundamento de una existencia madura” (Juan Pablo II, Discurso a los participantes en la XVIII Conferencia Internacional sobre «La depresión», promovida por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, Ciudad el Vaticano, 14 noviembre 2003, n. 2).
16 Es decir, no es la realidad fáctica lo que le interesa sino cómo la ve desde su psico-estructura, por ejemplo, con sospecha.
17 En «El hombre doliente», Herder, Barcelona, 1987.
18 “El papel de quienes atienden a una persona deprimida sin una función específicamente terapéutica consiste sobre todo en ayudarla a recuperar la propia estima, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro, las ganas de vivir. Por eso, es importante tender la mano a los enfermos, hacerles percibir la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida en la que se sientan acogidos, comprendidos, sostenidos, en una palabra, dignos de amar y de ser amados. Para ellos, al igual que para cualquier otra persona, contemplar a Cristo y dejarse «guiar» por Él es la experiencia que les abre a la esperanza y les lleva a optar por la vida” (Juan Pablo II, Discurso a los participantes en la XVIII Conferencia Internacional sobre «La depresión», promovida por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, Ciudad el Vaticano, 14 noviembre 2003, n. 2).
19 Cuya angustia se tradujo en copioso sudor de sangre (cf. Lc 22, 44), y especialmente, cuando Él en la cruz pronunció el grito desgarrador de “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” (Mt 27, 46; Mc 15, 34). Creer en el poder de la gracia es la condición necesaria para rechazar la tentación de la desesperación, y tiene su base en creer en la «kenosis», el anonadamiento de Cristo (cf. Flp 2, 6-9).
20 Cf. P. POUPARD (Card.), Le christianisme à l’aube du IIIème millénaire, III, L’avenir est à l’espérance, Plon-Mame, 1999, p. 248.
21 San Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia, profundo conocedor del alma (y de la «psykhé») humana, comenta, respecto a lo que hemos llamado la «alegría discipular»: “Dado que Jesús mismo es la alegría de sus discípulos, esta afirmación del Señor se halla en perfecta armonía con lo que dice San Pablo: «Una vez resucitado de entre los muertos, Cristo no muere más, y la muerte ya no tiene poder sobre él»” (SAN AGUSTÍN, In Joannem, 101,3). El desafío, sin embargo, radica en entrar cada día más en contacto existencial con Jesús Resucitado, a través de la vida del discípulo, la oración, los sacramentos y la práctica de la virtud teologal de la caridad.
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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Celebración de la Exaltación de la Cruz en la diócesis de Zárate-Campana

El día 14 fueron celebradas con toda solemnidad las fiestas patronales de la Exaltación de la Santa Cruz, en Capilla del Señor. Los actos cívicos tuvieron lugar desde temprano, con participación de instituciones y de distintas representaciones de la vida de la comunidad en ese partido, que comprende diversos "cuarteles", entre los cuales Capilla del Señor, Los Cardales y Parada Robles, entre otros.
   
La celebración de la misa tuvo lugar a las 10, presidida por Mons. Oscar Sarlinga, Obispo diocesano y concelebrada por 15 sacerdotes, entre los cuales el vicario general, Mons. Edgardo Galuppo, el cura párroco, Pbro. Walberto Morales y el decano de Pilar, Pbro. Oscar Iglesias, entre otros miembros del clero, y además dos diáconos permanentes. Mons. Sarlinga se refirió en la homilía a "la impaciencia" que afectó al pueblo que había sido liberado de la esclavitud del faraón, y de cómo esa impaciencia tenía que ver con "la desesperanza". Asimismo manifestó la gravedad que conllevó no sólo el invocar vanamente el Nombre sagrado de parte de algunos, sino de hablar mal de Él y del guía que les había puesto, Moisés, razón por la cual Dios mandó las "serpientes abrasadoras", de modo que al hacer unas figuras de bronce quedara de resalto ante todos que la rebeldía y la desesperanza no podían salvar, mientras que la Promesa del Señor sí portaba salvación. Luego dijo como San Pablo refiere esa "exaltación" o "puesta en alto" al Hijo del Hombre, y cómo Jesucristo, más que "elevado" en un sentido de triunfo, es levantado sobre todos en la Cruz, que es salvadora y que siempre tiene un sentido pascual, "la cruz pascual" porque en la Pascua encontramos cumplida plenamente la Promesa de Dios, hecha desde el Protoevangelio. Participaron de la celebración el Sr. Intendente, el senador local, autoridades de la policía departamental, autoridades educativas, los grupos scouts y gran cantidad de fieles. El coro municipal y la banda engalanaron las celebraciones.
Al término de la Santa Misa el Obispo, el clero y los fieles salieron en procesión para la tradicional procesión con la reliquia de la Vera Cruz, habiendo impartido Mons. Sarlinga con dicha reliquia la bendición hacia los cuatro puntos cardinales en cada esquina. Muchos jóvenes se hicieron presentes en la procesión alrededor de la plaza. Al término de la procesión todos se congregaron junto al atrio de la iglesia donde el obispo dio la bendición final, luego de lo cual la feligresía pudo saludarlo, y también al clero presente.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Fiestas patronales en Villa Rosa (Pilar), en “Beata Teresa de Calcuta” (Zárate) y en Manuel Alberti (Pilar) en la diócesis de Zárate-Campana

Fiestas Patronales 2011 en la Parroquia de Santa Rosa de Lima de Villa Rosa.
El sábado 3 de septiembre la parroquia de Santa Rosa de Lima de Villa Rosa se vio engalanada por la multitudinaria participación de los festejos patronales, de miles de personas, que incluyeron un momento cívico, en el cual fueron inauguradas distintas obras en beneficio de la comunidad, y luego desde la plaza fue iniciada la procesión hacia el gran escenario puesto frente al templo parroquial, con la imagen de Santa Rosa de Lima, encabezada aquélla por el cura párroco, Pbro. Pablo Castelnovo, las autoridades municipales y muy numeroso pueblo. Mons. Oscar Sarlinga esperó en el templo la llegada de la procesión y dio luego comienzo la celebración de la misa, que tuvo lugar en el gran palco puesto a disposición por el municipio. El Obispo destacó la figura de Santa Rosa de Lima, su entrega por entero a Dios y a los hermanos, en especial a los necesitados, y habló también del desarrollo integral, la integración entre el legítimo progreso y el desarrollo espiritual, el auge de la catequesis en la parroquia, y asimismo también el sentido existencial y religioso del “peregrinar” en nuestra vida, del valor de la familia y de la importancia de impregnar los valores cívicos con un contenido religioso que, para nosotros, tienen su fuente en el cristianismo, y en una visión católica que nos anima a la esperanza y a no bajar nunca los brazos sino a perseverar con la gracia de Cristo. Destacó también la importancia de las economías zonales y regionales, en una festividad que se ha transformado también  en un incentivo a la cultura del trabajo en las familias de la región. Participaron de la Santa Misa el Sr. Intendente municipal, Dr. Humberto Zuccaro, el delegado municipal, concejales y diversas fuerzas vivas de Villa Rosa.

Fiestas Patronales 2011 en la Parroquia de la Beata Teresa de Calcuta.
El pasado domingo 4 de septiembre se llevaron a cabo los festejos referidos a las fiestas patronales de la Parroquia Beata Teresa de Calcuta de la Ciudad de Zárate.
Pasadas las 09.00 de la mañana, con un clima que amenazaba la llamada “tormenta de Santa Rosa”, pero en medio de un clima de alegría, devoción y piedad, comenzaron los Festejos  Patronales de la Parroquia Beata Teresa de Calcuta con la Hora Santa, de Adoración eucarística. Tras la reserva del Santísimo Sacramento, dio inicio la Santa Misa, con multitudinaria participación, la cual fue presidida por nuestro Obispo S.E.R Monseñor Oscar Sarlinga y concelebrada por el Pbro. Alfredo Meoniz, párroco de la comunidad y delegado diocesano para la Pastoral de Emigrantes e Itinerantes.
Como fuerzas vivas de la comunidad, estuvieron presentes en la celebración de la Santa Misa el Capitán de Navío Rubén José López Franco, Comandante del área naval fluvial y jefe de la base naval de Zarate; autoridades civiles y diversas instituciones; y las Hermanas Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta; las Hermanas  pasionistas y el grupo scout “San Maximiliano Kolbe”, que cuenta con unos 50 miembros. Era claro que no faltaron las numerosas Catequistas y niños de la catequesis de todos los centros, como así también laicos de las capillas que forman parte de las comunidades parroquiales, Santa  Teresita, San Vicente de Paul, Ntra. Sra. de Itati, así como fielesde la nueva comunidad del centro misional “Los Ceibos”.
A su vez, se hicieron presentes en la ceremonia fieles de toda la Ciudad de Zárate y de la Comunidad Parroquial Inmaculada Concepción de Maquinista Savio, entre los cuales el Sr. Oscar Cabrera, guía del equipo de monaguillos y próximo diácono permanente. 
En el transcurso de la Misa el Obispo confirmó a  28 personas entre niños, adolescentes y adultos. En su homilía Monseñor Oscar mencionó el festejo patronal, iluminó a los confirmandos y habló de la delegación de emigrantes, recordando el día Mundial de los Migrantes (5 de septiembre según el calendario civil). A su vez, el prelado regaló a la comunidad, por motivos de los festejos, un cuadro del Beato Juan Pablo II.
Al culminar la celebración de la Santa Misa se compartió un momento comunitario, que incluyó una torta artesanal con la representación del rostro de la Beata Teresa de Calcuta y un chocolate caliente para todos.


El marco preparatorio de las Fiestas Patronales en Beata Teresa de Calcuta.
Desde un mes antes de los Festejos Patronales, la comunidad parroquial comenzó a preparar sus patronales con diferentes actividades.
La comunidad rezó  considerando el marco del plan pastoral diocesano asumiendo el camino recorrido, iluminados por el acontecimiento de Emaús y sintiéndose llamados a:  Fortalecer la adhesión a Jesucristo y su compromiso en el anuncio del Evangelio, arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. Tomando como base esto sus líneas de acción fueron:
- Crecer en el conocimiento de Jesucristo.
- Fomentar la oración, el espíritu de comunión, la misionariedad fruto de la comunión y la participación consciente y provechosa en los sacramentos.
- Testimoniar nuestra fe por la palabra y la acción.
La principal y más importante de todas las actividades fueron las horas de adoración al Santísimo que se llevaron a cabo antes del domingo 4 de septiembre. Durante el transcurso del mes de Agosto se llevaban a cabo 3 horas de adoración eucarística por fin de semana antes y después de las misas.
A su vez se llevó  a cabo una series de catequesis, entre las que se destacaron una exposición sobre la Virgen de Guadalupe y otra acerca de la Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia de Juan Pablo II llevada adelante por el Padre Atilio Rosatte.
Los festejos del Día del Niño, también se llevaron a cabo en marco a los festejos patronales. El mismo estuvo animado por el  Grupo scout Maximiliano Kolbe. Durante el transcurso del día se llevaron a cabo dos obras de teatro (animadas por el club de Leones). El evento contó con la participación  mago Julián, exhibición de tortas y proyección de un video. La celebración concluyo con la Celebración de la Santa Misa presidida por un sacerdote capuchino Fray Carmelo. Al culminar la misma se realizó entregas de juguetes y golosinas.  
Después de lo vivido, la comunidad parroquial ha tomado  iniciando en el mes de septiembre una maratón bíblica para acercarse, conocer y meditar la Palabra de Dios.

En Manuel Alberti
El mismo domingo 4 tuvieron lugar las festividades de Santa Rosa de Lima en Manuel Alberti, en celebración frente a la iglesia y mirando a la plaza. Por pedido del Padre Tomás Llorente, cura párroco, presidió la eucaristía Mons. Santiago Herrera, pro-vicario general y rector del Seminario. Concelebró el Padre Alexandre, del Sodalicio de vida cristiana. Algunos miles de fieles, gran parte alumnos del colegio “María Madre Nuestra”  y numerosos padres de familia participaron de la celebración, en la que también estuvieron presentes el Intendente municipal, concejales y autoridades zonales.

lunes, 5 de septiembre de 2011

La Diócesis de Zárate-Campana participó del 1º Seminario de Formación para Equipos Diocesanos de Comunicación Social

Se llevó a cabo durante el 26,27 y 28 de Agosto en Retiro Betania, La Falda (Córdoba)

Bajo el lema “Construyamos redes para comunicar la vida”, se realizó en La Falda – Córdoba el I Seminario de Formación para Equipos Diocesanos de Comunicación Social. Este encuentro fue Organizado por la Comisión Episcopal de Comunicación Social y en esta oportunidad el objetivo principal fue “la construcción de una sólida red de comunicadores que permita diseñar e instrumentar una pastoral de las comunicaciones y una estrategia de comunicación entre la Iglesia y la sociedad”.
En representación de nuestra diócesis de Zárate-Campana (Comprendida por los partidos de Pilar, Escobar, Exaltación de a Cruz, San Antonio de Areco y Baradero) el Obispo Mons. Oscar Sarlinga designó al Periodista Pilarense José Cuello como representante exclusivo para tal misión. En ese sentido Cuello compartió la actualidad y proyectos de nuestra Diócesis, junto a colegas de la Región Platense a la que Zárate-Campana pertenece. Así mismo dicha la región Platense interactuó con sus pares del NOA, NEA, Centro, y Patagonia.
Más de 70 delegados de comunicación y responsables de las oficinas de prensa de 39 Diócesis del país participaron durante los días 26, 27 y 28 de agosto en la casa de retiros Betania, de la localidad cordobesa de La Falda.
En el primer día del seminario se trabajó tomando como referencia y punto de partida el Manual de Procedimientos para Equipos Diocesanos y se analizaron  criterios teniendo en cuenta las Líneas Pastorales enriquecidas con el Documento de Aparecida. Los resultados del trabajo fueron expuestos y considerados por los participantes en un plenario. Al día siguiente se dialogó con el director del Centro RIIAL Guadalupe, sobre “Comunicación, las redes eclesiales y nuevas tecnologías”, compartiendo con los presentes el camino realizado por la Red de Informática de la Iglesia en América Latina desde su creación. La última jornada concluyó con el aporte del presbítero Jorge Oesterheld, que compartió el proceso de trabajo de la Comisión Episcopal de Comunicación, de la que es secretario ejecutivo.
(Foto: Mons. Agustín Radrizzani de la arquidiócesis Luján-Mercedes, María Jimena Ciuró y el Pbro. Marcelo Panebianco de Mar Del Plata, Claudio Andiarena de Tandíl-Azul y José Cuello de Zárate-Campana)

martes, 30 de agosto de 2011

Una multitud participó de la inauguración de la restaurada iglesia co-catedral de Escobar, en ceremonia presidida por el Nuncio Apostólico

ésta noticia puede leerse también en:

CONSAGRACIÓN DEL ALTAR, BENDICIÓN DE LA CÁTEDRA EPISCOPAL E INAUGURACIÓN DE LA IGLESIA CO-CATEDRAL DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Incluyó, al final, la bendición de la estatua del beato Juan Pablo II, que será destinada a una nueva iglesia en Campana, en un barrio de trabajadores

Una multitud de fieles de la diócesis de Zárate-Campana participó de la ceremonia de consagración del altar, bendición de la sede episcopal e inauguración luego del fin de la restauración de la iglesia co-catedral de la diócesis de Zárate-Campana, en Belén de Escobar. La iglesia fue declarada co-catedral por el Papa Benedicto XVI en el año 2008, y el proceso de restauración, que tuvo tres etapas, comenzó en 2009, habiendo culminado en agosto de este año, razón por la cual el sábado 27 de agosto se tuvo la celebración solemne, presidida por el Nuncio Apostólico de Su Santidad, Mons. Adriano Bernardini, y concelebrada por el Obispo diocesano, Mons. Oscar Sarlinga, y por Mons. Héctor Aguer, quien como metropolita de la Provincia eclesiástica de La Plata -de la cual Zárate-Campana forma parte- se hizo presente en el evento. Concelebraron 50 sacerdotes, asistieron numerosos diáconos, gran parte del Seminario "San Pedro y San Pablo" y sobre todo, como se ha dicho, muy numerosos fieles laicos, con religiosos, religiosas, en especial provenientes del mismo Belén de Escobar, de Ing. Maschwitz, de Campana, de Zárate, de Baradero y de Pilar. Autoridades nacionales, provinciales y municipales se hicieron presentes, tales como el Secretario de culto de la Nación, Emb. Guillermo Olivieri, los intendentes de Escobar, Pilar y Zárate, funcionarios de ministerios y del poder ejecutivo, legislativo y judicial de distintas regiones de la diócesis, y representantes de fundaciones que han colaborado con las obras de restauración, tanto de la provincia de Buenos Aires, como de las fundaciónes Sapientia, Argentino-Polaca y Pérez Companc. El obispo Mons. Sarlinga agradeció mucho la colaboración de todos, y en especial de aquellos que dieron incluso de lo que les hacía falta ("como la ofrenda de la viuda, del Evangelio, dijo") y también de quienes siguieron colaborando con las obras sociales del Obispado, de las cuales siempre se quiso que prosiguieran y se acrecentaran y fueran de par con la provisión de templos, casas parroquiales, salones pastorales y sedes de Caritas, así como obras educativas promocionales,  en toda la diócesis. El Sr. Nuncio tuvo una brillante homilía centrada en el Evangelio, "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", y destacó la misión del Papa como sucesor de Pedro, y cómo las puertas del mal no prevalecerían contra la Iglesia, pese a las persecuciones que, de un modo u otro, ha sufrido y sufre a lo largo de la historia humana.

Al término de la oración post-comunión, el Obispo diocesano Mons. Oscar Sarlinga tomó la palabra.
Luego de saludar a las autoridades presentes y a los miembros representantivos de instituciones y colectividades (tales como el Emb. Guillermo Olivieri, Secretario de Culto de la Nación, los Sres. Intendentes de Escobar, Pilar y Zárate, el representante de la Sra. Intendente de Campana, el subsecretario de educación de la Provincia de Buenos Aires, el director general de enseñanza privada, el representante del ministro de Agricultura, Pesca y Ganadería de la nación, el director de Aica, Sr. Miguel Woites y familia, los miembros de la asociación Sapientia, el presidente de la fundación Casa Argentina en Israel-Tierra Santa, miembros de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de los distintos partidos civiles y distritos, miembros de las fuerzas de seguridad, el presidente de la fiesta nacional de la flor, autoridades educativas, de bomberos voluntarios, y de las colectividades italiana, portuguesa, boliviana) y a los muy numerosos sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos, religiosas, el Obispo diocesano Mons. Oscar Sarlinga tuvo estas palabras:

Queridos amigos, hermanos, y hermanas, dirijo un afectuoso saludo a todos ustedes, y en especial al Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini (a quien a continuación me referiré) y a nuestro hermano Mons. Héctor Aguer, quien en tanto arzobispo metropolita de esta Provincia eclesiástica de La Plata, de la que forma parte nuestra diócesis de Zárate-Campana, ha querido estar presente en esta celebración, y a quien agradecemos su pastoral gentileza y solicitud.

Todos sabemos que el rango de iglesia cocatedral (o concatedral, como también se dice en nuestra lengua castellana) fue concedido por el Santo Padre Benedicto XVI en el año 2008 (año, por lo demás, en que el templo cumplía 100 años), y que enseguida comenzaron las necesarias obras de restauración, que han finalizado con una entera reestructuración, que ha incluido también toda el área presbiteral. Sabemos también que el título de parte del Vaticano dispone que “(…) el mencionado templo de la Natividad del Señor en Belén de Escobar, sea honrado con el título y excelencia de iglesia concatedral, con todos los derechos, honores, privilegios y asimismo las cargas y obligaciones que son propios de este tipo de iglesias”. Como hemos expresado en la reciente “Carta pastoral”, más que una declaración jurídica (que también lo es), una iglesia con rango de catedral (que comparte con Santa Florentina, en Campana, la catedral primigenia y primera) ha de “hacer brillar la luz de Cristo” principalmente en la liturgia y en la caridad. 

I. Catedral en la fe y en la liturgia


Juntamente con el Obispo y con el Papa, anuncian y profesan la fe en el Hijo de Dios, y sobre esta fe basan ustedes toda su vida personal, familiar y profesional. De este modo, participan en el Reino de Dios. En efecto, Cristo dijo a Pedro: “A ti te daré las llaves del Reino de los cielos, y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (mt 16,19)1.

PALABRAS FINALES DE MONS. OSCAR SARLINGA EL DÍA DE LA CONSAGRACIÓN DE LA IGLESIA CO-CATEDRAL DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Luego de saludar a las autoridades presentes y a los miembros representantivos de instituciones y colectividades (tales como el Emb. Guillermo Olivieri, Secretario de Culto de la Nación, los Sres. Intendentes de Escobar, Pilar y Zárate, el representante de la Sra. Intendente de Campana, el subsecretario de educación de la Provincia de Buenos Aires, el director general de enseñanza privada, el representante del ministro de Agricultura, Pesca y Ganadería de la nación, el director de Aica, Sr. Miguel Woites y familia, los miembros de la asociación Sapientia, el presidente de la fundación Casa Argentina en Israel-Tierra Santa, miembros de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de los distintos partidos civiles y distritos, miembros de las fuerzas de seguridad, el presidente de la fiesta nacional de la flor, autoridades educativas, de bomberos voluntarios, y de las colectividades italiana, portuguesa, boliviana) y a los muy numerosos sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos, religiosas, el Obispo diocesano Mons. Oscar Sarlinga tuvo estas palabras:

Queridos amigos, hermanos, y hermanas, dirijo un afectuoso saludo a todos ustedes, y en especial al Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini (a quien a continuación me referiré) y a nuestro hermano Mons. Héctor Aguer, quien en tanto arzobispo metropolita de esta Provincia eclesiástica de La Plata, de la que forma parte nuestra diócesis de Zárate-Campana, ha querido estar presente en esta celebración, y a quien agradecemos su pastoral gentileza y solicitud.

Todos sabemos que el rango de iglesia cocatedral (o concatedral, como también se dice en nuestra lengua castellana) fue concedido por el Santo Padre Benedicto XVI en el año 2008 (año, por lo demás, en que el templo cumplía 100 años), y que enseguida comenzaron las necesarias obras de restauración, que han finalizado con una entera reestructuración, que ha incluido también toda el área presbiteral. Sabemos también que el título de parte del Vaticano dispone que “(…) el mencionado templo de la Natividad del Señor en Belén de Escobar, sea honrado con el título y excelencia de iglesia concatedral, con todos los derechos, honores, privilegios y asimismo las cargas y obligaciones que son propios de este tipo de iglesias”. Como hemos expresado en la reciente “Carta pastoral”, más que una declaración jurídica (que también lo es), una iglesia con rango de catedral (que comparte con Santa Florentina, en Campana, la catedral primigenia y primera) ha de “hacer brillar la luz de Cristo” principalmente en la liturgia y en la caridad. 

I. Catedral en la fe y en la liturgia

Juntamente con el Obispo y con el Papa, anuncian y profesan la fe en el Hijo de Dios, y sobre esta fe basan ustedes toda su vida personal, familiar y profesional. De este modo, participan en el Reino de Dios. En efecto, Cristo dijo a Pedro: “A ti te daré las llaves del Reino de los cielos, y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (mt 16,19)1.

Es la ocasión de dar gracias, gracias porque aquí, en esta iglesia concatedral el Corazón de Jesús recibió nuestra consagración como diócesis, gracias por el camino recorrido desde su creación por parte del Papa Pablo VI, hoy, en su trigésimo aniversario. Como toda realidad en su dimensión humana, hay luces y sombras, pero hemos visto la obra poderosa del brazo del Señor, en la fe, la esperanza y la caridad que se han manifestado, en la comunión eclesial orgánica, en el estado permanente de misión, en las misiones de jóvenes, en la Liturgia, la catequesis, la Caritas, la atención a los más necesitados, en la acción de Justicia y Paz, en la educación católica, y en las vocaciones específicas de la vida cristiana, sin dejar de mencionar, con inmensa alegría y cual signo de la bendición de Dios, el aumento y perseverancia de las vocaciones sacerdotales, que ha llevado a la reapertura del Seminario “San Pedro y San Pablo”. De todo ello ha de ser un signo elocuente una iglesia con el rango de “catedral”.

II. Catedral en la “nueva imaginación de la caridad”, en un nuevo estilo de vida, en una vida renovada con el fermento del cristianismo misionero

La catedral, precisamente por ser sede del obispo, “que preside en la caridad”, y por consiguiente “es el primer servidor”, ha de ser un foco de amor, de caridad ardiente, que se manifieste en vida, y vida en abundancia, pues la comunión eclesial es comunión de vida, de caridad y de verdad2. Esto ha de establecer un nuevo modo de relación entre los seres humanos, que se hermanan, en tanto ello manifiesta la naturaleza sacramental de la Iglesia. Sin esa “perenne novedad” del Espíritu, los seres humanos arriesgamos el convertirnos en “infelices creaturas”, en lugar de “renovadas creaturas” con la gracia del Espíritu, y de tal modo la comunidad eclesial dejaría de brillar como “casa y escuela de comunión”, que es lo que quiso para nosotros el beato Papa Juan Pablo II como herencia del Jubileo del Año 20003. La catedral ha de ser también un centro de misión, para lo cual todos los fieles han de colaborar, como nos refiere el Concilio Vaticano II respecto de los Obispos, pues ellos “(…) deben, pues, con todas sus fuerzas proveer a las misiones no sólo de operarios para la mies, sino también de socorros espirituales y materiales, ya sea directamente por sí, ya sea promoviendo la ardiente cooperación de los fieles”4. Cooperación, por otra parte, que es valorada en tanto hecha “con el corazón” (en sentido bíblico) con todo el corazón; eso es dar “todo”, más que lo que sobra o lo superfluo, y eso es dar “mucho”, más que en un sentido cuántico, en sentido totalizante espiritual, como nos lo enseñó una vez el obispo San Agustín, así lo hemos de interpretar: “Quien da todo, da mucho, aunque sea poco, quien no da todo, da poco, aunque sea mucho”. Es la ocasión, pues, de agradecer, tanto a quien dio mucho, como lo que pudo, y especialísimamente a quien dio con el espíritu “de la ofrenda de la pobre viuda” de la que nos habla el Evangelio.

III. El Nuncio Apostólico

Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini, su presencia como representante del Santo Padre Benedicto XVI nos reafirma en la nota de la apostolicidad de la Iglesia y nos moviliza a querer que el Evangelio se conserve siempre íntegro, con dinamismo misionero. Queremos reafirmar nuestra adhesión al Papa, “cum Petro y sub Pedro” (Cf. Lumen gentium, 23), esto es, con el Sucesor del Apóstol Pedro y bajo su dulce autoridad, que es servicio de comunión para toda la Iglesia.

IV. La reliquia de San Cayetano y la cruz que donamos a esta iglesia concatedral y la insigne cruz de la que hacemos don.


Dotamos también a esta iglesia con una reliquia insigne de San Cayetano, sí, el popular santo tan venerado en nuestro país, como patrono “del pan y del trabajo”. Él era sacerdote, y ya antes, como abogado, actuó en la Roma papal de los tiempos de Julio II. El discernimiento de su vocación más profunda tiene mucho que ver con la Natividad o Navidad. En efecto, ordenado sacerdote el 30 de septiembre , celebró su primera misa en la fiesta de la Epifanía, el 6 de enero de 1517, en el altar del Pesebre, de la Basílica de Santa María la Mayor, donde la Madre de Dios, en la Navidad siguiente, le presentó a su Hijo Divino entre los brazos5. Desde el misterio de la Natividad (que es el título de esta iglesia) San Cayetano recibió la iluminación de su vocación específica, de su misión, que su reliquia sea un haz de luz para nosotros.

El patrono del pan y del trabajo, y de la providencia, nos remite a la oración profunda y a la importancia, desde allí, del trabajar, e incluso del “cinchar”. Este término probablemente no haya sido siquiera escuchado por los más jóvenes. Proviene de “cincha”, o “cincho” (y éste, a la vez, del latín “cingulum”). La cincha es la faja con la que se ata una carga a un animal de tiro, para que a la vez que cargue, avance, cargado, pues ése es el trabajo que se le asigna: “cinchar”. Cinchar lo hemos hecho desde los inicios; cinchar es valioso, cuando la fuerza viene del Espíritu, cuando se da con alegría, con renovado regocijo por hacerlo en y desde la voluntad del Señor. Esto lo redescubriremos cada día en la oración, y, aunque nos acechen las tentaciones del desánimo o del cansancio exhausto, lo redescubriremos en profundizar en cuánta verdad en las palabras de Cristo: “Aprendan de mí” nos dice, Él, el manso y el humilde, pues “mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt 11,30). Asumir su yugo, gastarnos y desgastarnos por su Reino es también un perenne y renovado “sí” al Señor en este hito de la consagración de la cocatedral, aunque nos cueste, aunque tengamos que morir a nosotros mismos. Es cargar la Cruz y seguirlo, hasta su Resurrección.

Hoy también hacemos un don a esta iglesia, esta preciosa cruz, argéntea, del siglo XIX. Coincide, en su época, con los inicios de Escobar como pueblo y luego como ciudad. Ubicada en el altar mayor, nos recordará siempre que somos hijos de la Cruz y la Resurección del Señor, a la vez que, con su particular belleza, nos atraerá a quien es la Belleza en sí, y al Rostro de Cristo, a quien queremos contemplar.

V. Bendición de la estatua del Beato Juan Pablo II

La carta Apostólica “Novo Millenio ineunte” es el documento conclusivo del Año Jubilar. Interpreta la exigencia de una Iglesia que, tras la experiencia espiritual del ingreso al tercer milenio, se siente llamada a “ir mar adentro” según la orden que Jesús dio a Pedro (cf Lc 5,4) afrontando los desafíos pastorales en este mundo que experimenta un cambio epocal. Fue en ese documento donde el Papa Juan Pablo nos llamó a “la nueva imaginación de la caridad”6. Lo queremos hacer con una puesta en práctica de las enseñanzas del Papa Benedicto XVI en su encíclica social “Caritas in veritate”.

También, desde nuestra identidad católica, y abiertos en el amor y el diálogo con otras confesiones cristianas y con otras religiones, con el sentido de “las semillas del Verbo”, queremos también reafirmar como nueva imaginación de la caridad este llamado. La fundación Casa Argentina en Israel-Tierra Santa, cuyo presidente está hoy presente, colabora con nosotros en dicho diálogo interreligioso e intercultural, y pueden ser de ello testigos cualificados pues sus orígenes se remontan a la puesta en la Basílica de Nazareth, en Tierra Santa, del insigne mural de Raúl Soldi, que representa “el hallazgo de la Virgen de Luján”, represenando así, a la vez, el milagro del Luján (que tanto tiene que ver con estas tierras nuestras) y a la Argentina.
VI. La Santísima Virgen, en el misterio de la Natividad, y en su advocación de Nuestra Señora del Buen Ayre

En esta iglesia co-catedral tenemos la gracia de venerar en su capilla lateral, la imagen de Nuestra Señora del Buen Ayre, Patrona de los navegantes, que hemos extendido a los migrantes e itinerantes, en esta ciudad de Escobar, una de las cuales, por excelencia, es ciudad de inmigración, de colectividades. Centenares y centenares de personas vienen a rezar a su camarín, diariamente; los escobarenses que frecuentan el templo pueden ser testigos de ello. No es para menos: María “es causa de salvación para todo el género humano”7; Ella es también Madre de los migrantes, de los que luchan, de los que trabajan, de los que cinchan, de aquellos para los cuales el yugo de Jesús es llevadero y su carga liviana, de los “anawim”, los pobres de Yahweh, para los cuales toda su riqueza es Dios, aquellos para los cuales “sólo Dios” basta, a los que nada los turba, y que claman en el corazón “Mi Dios y mi todo”.

Gracias por todo. Gracias a todos.  

jueves, 25 de agosto de 2011

Encuentro del obispo Mons. Oscar Sarlinga con los diáconos permanentes de la Diócesis

ésta nota puede leerse también en: Padrenuestro.net

En la localidad de Los Cardales (partido de Exaltación de la Cruz)  tuvo lugar el 20 de agosto la primera reunión general en el año del Obispo Mons. Oscar Sarlinga con el conjunto de los diáconos permanentes de la diócesis, que son 10, de los cuales 8 ordenados por Mons. Sarlinga (provenientes de Maquinista Savio, de Garín, de Pilar centro, de Zárate y de Los Cardales), uno por Mons. Rafael Rey, quien presta su servicio en Exaltación de la Cruz  y otro proveniente del Paraguay, el cual desde años que ejerce su apostolado en Ing. Maschwitz.
El Obispo, quien fue acompañado por Mons. Edgardo Galuppo, Mons. Santiago Herrera y Mons. Daniel Ferrari, expuso la especificidad de la vocación al diaconado permanente, y valoró que el crecimiento y profundización en dicha vocación se da, en la diócesis, en plena armonía con la mayor toma de conciencia y el crecimiento de la vocación sacerdotal, y que incluso los diáconos permanentes colaboran activamente con una pastoral vocacional específicamente sacerdotal, con buen fruto y armonía. La escuela de ministerios en la diócesis, que fue renovada en 2006, funciona activamente, a cargo de Mons. Santiago Herrera, quien es también Rector del Seminario (y pro-vicario general). Numerosos sacerdotes de la diócesis colaboran con dicha escuela, tales como el Pbro. Lic. Hugo Acuña, Mons. Marcelo Monteagudo, el Pbro. Lic. Fernando Crevatín, el Pbro. Fernando Fusari y el Pbro. Mauricio Aracena. La próxima reunión del Obispo con los diáconos tendrá lugar con sus esposas y familias, en el mes de noviembre. Se destacó también en dicha reunión la referencia que el Plan diocesano de Pastoral realiza acerca de esta vocación específica, ya en las líneas fundamentales que traza en la Introducción, a saber: "Introducción", n. 3; Líneas fundamentales y generales a tener en cuenta para vivir efectivamente en la caridad pastoral de la Iglesia, punto "k": La promoción auténtica y responsable del diaconado permanente, sigue teniendo vigencia, a partir de la consideración del Plan para la formación de la Santa Sede, lo cual significa un perfil pastoral de dichos diáconos, y luego, más precisamente aún, en el capítulo III, n. 11, cuando trata de "Algunas orientaciones para el diaconado permanente", cuando afirma:
"En la diócesis, la escuela de formación de ministerios y de candidatos al diaconado permanente tiene a su cargo la formación de los candidatos, los cuales para integrarla han de haber sido presentados por un cura párroco, el de la jurisdicción, o el del ámbito de su tarea pastoral", con orientaciones concretas, que son las que siguen:
a. Factor indispensable en la formación del futuro diácono será el recíproco aporte entre éste y la comunidad. Es decir, que el candidato madure su formación actuando en la comunidad y ésta también contribuya a formarlo. Además, los métodos de formación habrán de tener en cuenta la psicología del adulto, excluyendo todo tipo de formación masiva y utilizando los métodos activos.
b. La primera preocupación de los responsables en la formación de los futuros diáconos, ha de ser la de capacitarlos para crear nuevas comunidades cristianas o alentar las existentes, a fin de que el Misterio de la Iglesia pueda realizarse en ellas con mayor plenitud, y esto en el ámbito de la Liturgia, la difusión de la Palabra (con Catequesis incluida) y la Caridad institucionalizada.
c. En vista de lo anterior, es necesario suscitar en los candidatos una espiritualidad diaconal propia, que en los casados se debe conjugar con una auténtica espiritualidad conyugal.
d. Dada la diversidad de tareas en que habrá de ejercerse el ministerio diaconal será necesario que la formación intelectual sea a la vez adecuada a las funciones que han de cumplir y al nivel cultural del ambiente.
e. De acuerdo con las condiciones de la Iglesia en la formación del diácono se cuidará también de capacitarlo en orden a una acción efectiva en los campos de la evangelización y del desarrollo integral.
Ya días antes, el sábado 13 de agosto, Mons. Oscar Sarlinga había tenido la mañana entera junto con los miembros de la escuela de ministerios, entre los cuales los candidatos al diaconado permanente, con diversos temas de la "ratio" de la Santa Sede, así como la explicación teológica y pastoral de la identidad propia del diácono permanente a la luz de los "tria munera" del sacerdocio de Cristo, desde la perspectiva del sacerdocio común de los fieles, la precisión acerca del carácter ordenado, de la incardinación, de la adscripción a parroquia, sector pastoral o asociación de fieles o incluso movimiento, en las condiciones en que lo acepta la Iglesia, y también distintos temas canónicos sobre la Iglesia particular y el apostolado diaconal, en particular el de la Palabra, la Liturgia en general, la caridad institucionalizada y diversos órdenes de "la consagración del mundo". Explicó también Mons. Sarlinga las últimas enseñanzas del Papa Benedicto XVI con relación a los diáconos permanentes.

viernes, 19 de agosto de 2011

Carta pastoral de Mons. Oscar Sarlinga con motivo del XXXV aniversario de creación de la diócesis de Zárate-Campana

 Sábado 6 de agosto, en la Transfiguración del Señor

Queridos hermanos y hermanas
Les pido hoy que escuchemos lo que nos dice el Padre a través del Espíritu, como en la Transfiguración, una vez que la nube los cubrió con su sombra, cuando en presencia del Señor transfigurado, en presencia de Moisés y de Elías, los apóstoles oyeron la voz del Padre que dijo “este es mi Hijo muy querido, escúchenlo” (Cf Mt 17,5). En nuestro caminar en la fe, queremos escuchar lo que el Espíritu dice a la Iglesia, también a nuestra Iglesia particular, nuestra Iglesia diocesana. Les pido también, paciencia y misericordia, aplicadas a la lectura de ésta.
En este XXXV aniversario se hace más y más necesario el fortalecer la comunión orgánica en nuestra Iglesia particular a fines de recibir un impulso nuevo, capaz de crear tiempos nuevos de evangelización, en una Iglesia que quiere arraigarse todavía más en la fuerza profética y poder perennes de Pentecostés, procurando ser cada día más como «un solo corazón y una sola alma» (Hech. 4, 32), pues tenemos por delante la apasionante tarea de hacer renacer el celo evangelizador, en el horizonte exigente y comprometido de la pastoral ordinaria.  De esta misión religiosa“brotan tareas, luz y fuerzas que pueden contribuir a construir y consolidar la comunidad de los hombres según la Ley divina”[1]

I
La Iglesia-comunión en la actual diócesis de Zárate-Campana, que comenzó en el siglo XVII
Nuestra diócesis de Zárate-Campana cumple en este 2011 sus XXXV años desde su creación, el 21 de Abril de 1976, por parte de Su Santidad Pablo VI, con territorio desmembrado de la entonces diócesis de San Isidro y de la diócesis de San Nicolás. Como diócesis, como circunscripción eclesiástica, es “joven”, en cambio, presencia y como corriente de evangelización y misión, e incluso de organización civil, data de siglos;  una de sus parroquias, Santiago del Baradero, es la más antigua de la provincia de Buenos Aires (de 1615, “curato de indios”, en el lenguaje de la época, curato del pueblo originario que allí poblaba, y donde se hablaba guaraní, lengua defendida y sistematizada por Fray Luis Bolaños, cura de Baradero) y otra de ellas, San Antonio de Areco (de 1730, es de las primeras erigidas como curato en la actual provincia civil, y no menor lo es Nuestra Señora del Pilar, en el actual Pilar, y Exaltación de la Cruz).
Nuestra Patrona, otorgada por el mismo Papa Pablo VI, es la Virgen de Luján, de la cual éstas son sus tierras. Es la misma Virgen María, en la advocación en la cual es Patrona de la Argentina, la Virgen Madre de la Iglesia, porque “Madre de Cristo y de todos los miembros de Él”[2], como enseñó San Agustín, y Madre de todos nosotros, de los cuales el Señor Jesús se dignó ser “padre y hermano”[3]. La Virgen de Luján nos ha sanado, nos ha  hermanado desde el inicio de nuestra diócesis, y de ello es testigo la extraordinaria e ininterrumpida peregrinación del Pueblo de Dios a su Santuario en Luján, que corre como un río de vida fluyente y sanante a lo largo de nuestra diócesis, en el mes de noviembre, y esto desde su creación hasta ahora.
Con la erección de la diócesis, el 21 de abril, al mismo tiempo nombró el primer Obispo, Mons. Alfredo Mario Espósito Castro, quien fuera consagrado poco después, el 4 de julio de 1976; Pastor dedicado, querido por su pueblo.  Como épocas, como tiempos, fueron difíciles para nuestro país, se produjo mucho dolor y desolación; desconcierto, desgarro. La esperanza, “el realismo de la esperanza” (regado por el sufrimiento de muchos) abrió también sendas que permitieron caminar, avanzar, en medio de las pruebas.
Hoy, en 2011, un aniversario, cualquier “aniversario” no deja de ser una fecha convencional (tanto más un aniversario “35” que no simboliza ni “bodas de plata” ni “bodas de oro”), pero no por ello menos significativa, y tanto más significativa será si la miramos a través del Rostro de Jesús, de su mirada de Amor. Esta mirada, que es de fe, nos ayudará a ver con ojos de justicia (“que mira desde el Cielo; cfPs. 85) y de misericordia (la que triunfa sobre el juicio).
En las palabras inaugurales el día de la toma de posesión de la diócesis, el 18 de febrero de 2006, quien habla expresó que "(…) todo plan de vida cristiana y también todo proyecto pastoral y evangelizador han de partir de la contemplación del Rostro de Jesús y de la conversión del corazón, para así obrar una misión evangelizadora que llegue a todos sin excepción, preferencialmente a la ‘oveja perdida’ de la que habla el Evangelio", y me refería entonces, "a una acción evangelizadora que trasunte amor por la Verdad, inmenso afecto por todos los seres humanos, con apertura, respeto y convicción espiritual".[4]    Si me permiten un sinceramiento personal, siempre he creído muy profundamente en el misterio de la Iglesia como comunión, en sus imágenes y notas esenciales que la definen, y que revelan que en su dimensión más íntima, ella, la Iglesia, es ese “misterio de comunión”, sobre todo con la Trinidad[5]. Y esa comunión, que es “jerárquica” lo es en sentido teológico y no sociológico, porque, como enseña el Concilio Vaticano II, “los fieles, unidos al Obispo, tienen acceso a Dios Padre por medio del Hijo, Verbo encarnado, muerto y glorificado, en la efusión del Espíritu Santo, y entran en comunión con la Santísima Trinidad”[6]. La comunión,  en efecto, expresa también la realidad de la Iglesia particular.
En el recuerdo este año de la  creación de la diócesis y de la ordenación del primer Obispo, hacemos también un acto de fe en la Palabra de Dios, que nos afirma en el libro del Apocalipsis que los muros de la nueva Jerusalén “se asientan sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero” (Ap 21, 14), y en la enseñanza de la Iglesia, que en la Constitución Dogmática Lumen Gentiummanifiesta que “los Obispos han sucedido, por institución divina, a los Apóstoles como Pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia, desprecia a Cristo y a quien le envió”[7].

II
La iglesia catedral; Liturgia y caridad: La iglesia concatedral de la Natividad del Señor y su consagración el 27 de agosto
La caridad de la Iglesia es manifestación del amor trinitario[8], es como su alma (pues su Alma, es el mismo Espíritu Santo) razón por la cual las características que el Señor Jesús quiso para su Iglesia han sido que fuera “pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”[9]. Los invito, a la luz del misterio de Cristo, Pastor y Obispo de las almas (cf. 1 P 2, 25), a la luz de su Transfiguración, a que nos pongamos a disposición en nuestra vida concreta a realizar ese Amor trinitario y misional. No dejemos la misión, los “gestos de misión”, el “estado permanente de misión” y “la dimensión misionera de toda la pastoral” (¡No olvidemos el tríptico de Aparecida, que llevamos a todas las misiones de los jóvenes!). A esto nos han llamado los Obispos de América Latina y el Caribe, guiados por el Papa Benedicto XVI, en la “Misión continental”.
La Misión continental tuvo inicio en nuestra diócesis el 9 de mayo de 2009, día en que hemos celebrado las fiestas patronales diocesanas (sábado posterior a la festividad de la Virgen de Luján) y, como acontecimiento profundamente marcante, la consagración de la diócesis al Sagrado Corazón de Jesús, irradiante de Amor y de Misión.
Nos encontramos muy contentos de la asunción convencida y profunda del espíritu de la misión en los corazones de los sacerdotes, diáconos permanentes, religiosos, religiosas, seminaristas, y laicado. De todo ello, en la Liturgia y en la caridad (también en su dimensión social, o solidaridad) es centro la iglesia catedral; más que una declaración “jurídica” (que también lo es), el declarar “catedral” a una iglesia, significa ser “centro irradiador” de lo anterior.
En ese contexto, este año 2011 la celebración conmemorativa del XXXV aniversario tendrá lugar con motivo de la consagración de la iglesia concatedral de la Natividad del Señor (declarada tal en 2008)y el término de las obras de restauración de dicho templo. Por esta razón, el sábado 27 de agosto, a las 18, presidirá la celebración eucarística el Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini.Su presencia como representante del Santo Padre Benedicto XVI nos reafirma en la nota de la apostolicidad de la Iglesia y nos moviliza a querer que el Evangelio se conserve siempre íntegro, para lo cual los Apóstoles dejaron como sucesores a los Obispos, confiándoles su propia tarea de enseñar[10], y de santificar y guiar al Pueblo de Dios cum Petro et sub Petro, continuando la labor desarrollada por sus predecesores, con dinamismo misionero[11].
Será la ocasión de dar gracias, gracias porque el Corazón de Jesús recibió nuestra consagración[12], acción de gracias por el camino recorrido desde la creación de la diócesis, lo cual, como toda dimensión humana, posee luces y sombras, pero en la cual la obra poderosa del brazo del Señor se ha manifestado, en la comunión eclesial, en el estado permanente de misión, en los gestos misionales (en especial de parte de la juventud misionera) y en la dimensión misional de toda la pastoral, en la Liturgia, en la catequesis (de la cual los encuentros y congresos catequísticos han sido signo), en la Caritas y la atención a los más necesitados, en Justicia y Paz, en la educación católica, en las vocaciones diversas y complementarias a la vida cristiana, sin dejar de mencionar, con inmensa alegría,el aumento y perseverancia de las vocaciones sacerdotales, que ha llevado a la reapertura del Seminario “San Pedro y San Pablo”.
Por supuesto que siempre hace falta “más”(en el decir de San Ignacio de Loyola), “más”, pero siempre dando gracias al Padre y Señor, por todos los beneficios concedidos, agradeciéndole, con la humildad de saber que nosotros, “todos”, somos simples instrumentos (“Protagonista” como tal, lo es el Espíritu Santo), y es Él, el Padre, quien “en Cristo” da origen, crecimiento, si somos fieles a su don de Amor. Creo que en este sentido de humildad (la cual, para manifestarse auténtica, tiene que ser probada en sufrimiento, en la Cruz madurado) y de acción de gracias, está la base del verdadero sentido de la “comunión orgánica”. Me parece ver en ello la dulce advertencia que nos hiciera el Beato Juan Pablo II cuando estábamos ingresando en el tercer Milenio: “No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento[13].

III
Peregrinar del Pueblo de Dios en nuestra diócesis; no nos cansemos de peregrinar a la Casa del Padre
No quisiera abundar en datos; una carta del Obispo no es un tratado de historia ni de teología pastoral. Recordemos, hagamos “memoria” (como el Pueblo de Israel) de los acontecimientos fundantes. Nuestro primer Obispo diocesano, el llorado Mons. Alfredo Mario Espósito Castro, claretiano, desarrolló su misión como sucesor de los Apóstoles, en razón de la consagración episcopal y mediante la comunión jerárquica, signado en particular por el sufrimiento y la enfermedad; así, unido a la Cruz, fue “principio visible y el garante de la unidad de su Iglesia particular”[14].  La fecha de su consagración episcopal (4 de julio) generó la costumbre que durante años se celebrara “el aniversario de la diócesis” más que el día de su creación por parte del Pontífice (el 21 de abril), en el día de la consagración del primer Obispo y su toma de posesión (por parte del entonces Nuncio Apostólico, Mons. Pío Laghi). Me parece bien, salvo mejor y autorizada opinión, continuar con esta costumbre del 4 de julio; sólo este año nos hemos tomado la licencia de hacerlo en agosto, por la consagración e inauguración de la segunda catedral de la diócesis.
Mons. Alfredo Esposito Castro fue fundador del Seminario “San Pedro y San Pablo”, y  dimitió en 1991 a la cura pastoral de la diócesis por razones serias de salud; luego de diversos destinos, fue acogido en la clínica San Camilo, donde fue cuidado y atendido amorosamente y allí falleció el 1ro. de enero de 2010, habiendo sido celebrada la misa de cuerpo presente en la iglesia catedral de Santa Florentina el día 2, y allí, en la renovada iglesia criptal de Santa Florentina y sus hermanos Obispos Padres de la Iglesia Hispana, en el área tumbal que se creara a tales efectos, espera la resurrección de los muertos, junto al altar del Sagrado Corazón de Jesús.  Su báculo, la mitra de su consagración y una fotografía se hallan en un cofre vidriado sobre su tumba, como perpetuo recuerdo para la piedad de los fieles.
Nuestro segundo Obispo fue Mons. Rafael Eleuterio Rey, quien siendo obispo auxiliar de Mendoza, fue trasladado por el Papa Juan Pablo II a la diócesis el 18 de abril de 1992, donde estuvo a cargo durante catorce años. En febrero de 2006 presento su renuncia a la diócesis por razones de salud. Al Padre de las luces, al Señor de la historia, le agradecemos también por los dones con que lo colmó en su episcopado, y por todo el bien que pudo transmitir al Pueblo de Dios que le fuera confiado.
En cuanto a quien habla, va de suyo que sería inconveniente e imprudente referirme a mi persona. Me permito sólo esto: agradezco al Señor algunos símbolos, como el día de mi nombramiento por parte del Papa Benedicto XVI (curiosamente, el 3 de febrero, el día de San Oscar, Obispo, mi patrono; a quien le pedí protección y ayuda), el acompañamiento de tantos Obispos (27) en la celebración y del Señor Nuncio, así como de tanto clero y sobre todo de tantos, tantos fieles laicos, el día de mi toma de posesión, en la memorablemente calurosa tarde del sábado 18 de febrero, en el curso de la ceremonia que tuvo lugar en la catedral Santa Florentina, tan desbordada que las gentes estuvieron paradas al rayo del sol en el atrio, en la calle y en la plaza (al cabo de estos años: ¡gracias por esa paciencia y ese espíritu de fe!). Recordaré sólo que quise mirar hacia adelante (“veamos esperanza”, les dije) porque las miradas sombrías siempre me parecieron no provenientes del Espíritu, y que pedí ser reafirmado, como nuevo Pastor, en "la continua ‘novedad’ del cristianismo", que radica en ser "acontecimiento de la salvación, que renueva interiormente en Cristo a la humanidad, transformando al ser humano desde su ‘ser interior’ más profundo: el ‘corazón’, entendido éste en sentido bíblico", para lo cual intenté precisar que “para ver esa salvación actuante, para ver al Cristo viviente, es preciso el don de la fe, los ‘ojos de la fe’".
El Señor hace nuevas todas las cosas. Él es el Señor de la historia. Él, y sólo Él, conduce el peregrinar del Pueblo de Dios en esta iglesia particular de Zárate-Campana, y en la Iglesia católica en el Universo. Levantemos el corazón a Él, al Señor de la historia, y veremos las maravillas que Él hace por nosotros.

IV
“Casa y escuela de comunión”: que lo sea de verdad
Nos hemos acostumbrado, quizá demasiado, a los acertados diagnósticos y a las palabras dignas y hermosas. No dejan de ser verdad, todo lo contrario, sólo que han de manifestarse en “vida” y vida en abundancia, pues la comunión eclesial es comunión de vida, de caridad y de verdad[15] y, en cuanto lazo del hombre con Dios, funda “una nueva relación” entre los hombres mismos y manifiesta la naturaleza sacramental de la Iglesia; sin esa “perenne novedad” del Espíritu la Iglesia podría verse menoscabada en su manifestación como  “la casa y la escuela de la comunión” que es, como la definiera Juan Pablo II[16].
El ser humano es proyectual. Nuestro proyecto ha de fundarse en la Eucaristía, sacramento de la comunión eclesial, donde “participando realmente del cuerpo del Señor, somos elevados a la comunión con Él y entre nosotros”[17]. Al mismo tiempo, la Eucaristía es la epifanía de la Iglesia, donde se manifiesta su carácter trinitario.
¿Queremos ahora afianzarnos en un proyecto, en un camino?.Que ese proyecto esté inspirado por el Espíritu y siga las huellas de Cristo. Nuestro Plan Pastoral diocesanohace referencia a un “caminar juntos en Cristo” y parte de la consideración de la  (por entonces) celebración del trigésimo aniversario de la diócesis, con oportunidad de la fiesta patronal del 8 de mayo de 2006: “(…) hemos iniciado un renovado caminar juntos, en pos de la nueva evangelización, nueva en su ardor, nueva en sus métodos y modos de expresión, como lo dijera el Papa Juan Pablo II.  Después del Gran Jubileo por el que entramos en el IIIer. Milenio, como Iglesia particular queremos afianzar su herencia, puesto nuestro corazón en Jesucristo, el que hace nuevas todas las cosas (…). En ese «sentir con la Iglesia» es comprendido este Plan Pastoral (…) Ahora nos toca recoger la herencia jubilar, tomar conciencia de que lo importante no es tanto hacer "programas nuevos", sino vivir la novedad permanente del evangelio.
Creo que es todo un programa; lo que no quita que lo concretemos, en la medida de las necesidades pastorales, más y más. A nosotros la tarea de hacerlo carne. Todo esto queremos hacerlo en fidelidad a la Iglesia, en comunión orgánica dentro de ella, con el Papa, Obispo de Roma y sucesor de San Pedro, el cual "(…) es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los Obispos como de la muchedumbre de los fieles"[18]. 

V
Conclusión: el Rostro de Cristo, su mirada profunda que cala en nuestro interior
Discúlpenme la insistencia, mi deseo no es cansarlos con “ideas de fuerza” de ningún tipo. Persevero en el pedido: contemplemos el Rostro del Señor, sobre todo su mirada, su dulzura, en el Rostro de esa Cabeza coronada de espinas. ¿Por qué contemplarla? (Recordarán, nos lo  preguntábamos en el mismo Plan pastoral). Porque la santidad es la perspectiva en la que debe situarse todo camino pastoral; la santidad de nuestras comunidadeses lo que ha de sostener, recrear y potenciar las actividades propias de la pastoral ordinaria. Es en el seno de la comunidad eclesial (y en la Iglesia particular se dan todas las notas de la Iglesia universal), donde el ser humano recorre su camino de conversión, de liberación del pecado y de crecimiento en la fe, hasta el encuentro con Jesucristo.  Por este motivo, si queremos contribuir en nuestra diócesis a una profunda renovación humana y cristiana, es preciso asumir que no hay “humanidad nueva” si no hay en primer lugar creaturas nuevas, hechas de nuevo (“déjame nacer de nuevo, Señor”, cantamos)con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio.
Y esto dicho, a comenzar desde el Obispo,que es en su diócesis Vicario[19], aunque indignamente de su parte, del “gran Pastor de las ovejas” (Hb 13, 20), y que, pidiendo por su propia conversión al Señor cada día, ha de manifestar la paternidad de Dios; la bondad, la solicitud, la misericordia, la dulzura y la autoridad moral de Cristo (…) en su índole trinitaria[20],  todos tenemos que poner alma, mente, corazón, sangre y brazos para dar la vida, cada uno según su vocación y elección,  para hacer de todos los seres humanos una sola familia, reconciliada en el amor del Padre; así recibiremos como don en la diócesis (y contribuiremos a la Iglesia universal) la perenne vitalidad del Espíritu Santo, que anima la Iglesia y la sostiene en la humana debilidad, debilidad que deviene fortaleza cuando hunde sus raíces en la misma vida de Cristo, que es toda trinitaria[21].
Convencidos de la fuente de la Gracia, invoquemos la ayuda del Cielo, invoquemos sobre nosotros la Paz, que es un bien tan grande que entre las cosas terrenas nada se desea con mayor ardor, nada se puede tener de más perfecto[22] e imploremos esa Gracia de aquél que es el «Príncipe de la paz»(Is 9,6).
No dejemos de recurrir a la intercesión de María Santísima, aun cuando humanamente se derrumbara toda esperanza (humana); la esperanza teologal abre horizontes infinitos; María “es causa de salvación para todo el género humano”[23], Ella es nuestra Señora, quien desde Luján nos dice: “ora, canta, camina, trabaja, ten esperanza, que mi luz sea tu luz”. La luz de María es la Luz del Rostro de Cristo, Resucitado de entre los muertos. Él hace nuevas todas las cosas.
Con mi afecto y bendición,

+Oscar, obispo de Zárate-Campana
6 de agosto de 2011



notas:
[1]Conc. Ecum. Vat. II, Constitución pastoralGaudium et Spes, n. 42.
[2]San Agustín, De saпct. Virg., 6: PL 40, 399.
[3]Cf San Anselmo, Or., 47: PL 158, 945.
[4]Véase el link en AICA:  http://www.aica.org/
[5]Cf Congregación para los Obispos, Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, “ApostolorumSuccessores”, aprobado por el Sumo Pontífice Juan Pablo II durante la audiencia concedida al suscrito Cardenal Prefecto el 24 de enero de 2004 y ordenada su publicación. Roma, desde la sede de la Congregación para los Obispos, el 22 de febrero de 2004, fiesta de la cátedra de San Pedro,n. 7. La Iglesia comunión y misión.
[6]Conc. Ecum. Vat. II, DecretoUnitatisRedintegratio, 15.
[7]Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 20; cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 860-862. Cf también las dos citas escriturísticas que el Directorio de los Obispos hace al respecto: “Yo soy el buen Pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí” (Jn10, 14). “La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras,  que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero” (Ap21, 14) (Congregación para los Obispos, Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, “ApostolorumSuccessores”, aprobado por el Sumo Pontífice Juan Pablo II durante la audiencia concedida al suscrito Cardenal Prefecto el 24 de enero de 2004 y ordenada su publicación. Roma, desde la sede de la Congregación para los Obispos, el 22 de febrero de 2004, fiesta de la cátedra de San Pedro, Capítulo I).
[8]Cf Benedicto XVI, Enc. Deus Caritas est, n. 19.
[9]Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, n. 4.
[10]Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Dei Verbum, n. 7; Catecismo de la Iglesia Católica, 77-79.
[11]Congregación para los Obispos, Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, “ApostolorumSuccessores”, aprobado por el Sumo Pontífice Juan Pablo II durante la audiencia concedida al suscrito Cardenal Prefecto el 24 de enero de 2004 y ordenada su publicación. Roma, desde la sede de la Congregación para los Obispos, el 22 de febrero de 2004, fiesta de la cátedra de San Pedro, Introducción.
[12]Véaseen: http://www.aica.org/
[13]Cf Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Millenioineunte, n. 43.
[14]Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, n. 23.
[15]Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, n. 9.
[16]Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Novo MillennioIneunte, n. 43.
[17]Conc. Ecum. Vat. II, Constitución SacrosanctumConcilium, n. 47; cf. Constitución dogmática Lumen Gentium, nn. 3; 7; 11; Decreto UnitatisRedintegratio, 2; Juan Pablo II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia.
[18]Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Lumen Gentium, n. 23
[19]Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, n. 27.
[20]Cf Congregación para los Obispos, Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, “ApostolorumSuccessores”, aprobado por el Sumo Pontífice Juan Pablo II durante la audiencia concedida al suscrito Cardenal Prefecto el 24 de enero de 2004 y ordenada su publicación. Roma, desde la sede de la Congregación para los Obispos, el 22 de febrero de 2004, fiesta de la cátedra de San Pedro, I. El Obispo en el Misterio de Cristo, 1. Identidad y misión del Obispo.
[21]Él es el Hijo eterno y unigénito del Padre, desde siempre en su seno (cf. Jn 1, 18), y el ungido con Espíritu Santo, enviado al mundo (cf. Mt 11, 27; Jn 15, 26; 16, 13-14).
[22]Cf San Agustín, De Civ. Dei, 19, 11: PL 41, 637.
[23]San Ireneo de Lyon,Adv. Haer., 3, 22: PG 7, 959.