lunes, 27 de julio de 2009

En su homilía, Mons. Oscar Sarlinga llama a «Caritas in Veritate» la encíclica de «La multiplicación de los panes y los peces»

El domingo 26 de julio, el Obispo diocesano Mons. Oscar Sarlinga celebró la misa en la iglesia catedral de Santa Florentina, de la ciudad de Campana. Al momento de la explicación del Evangelio (Jn 6, 1-15), se refirió al sentido del «signo» en el Evangelio de Juan, y en particular el gran signo que se menciona en él: “Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron”. Mons. Sarlinga dijo que esos grandes «signos» los realizó Jesús, por la fe de sus discípulos, y a la vez para fortalecer dicha fe. Felipe, Andrés, tenían fe en Él, en su poder salvador, y el Apóstol Andrés quizá recordó (como lo afirma el Padre de la Iglesia, San Juan Crisóstomo), el episodio significativo obrado por Eliseo, quien alimentó a cien personas con veinte panes[1], siendo como una prefigura del signo de Jesucristo y su poder divino.

Dijo luego el Obispo que al realizarse ese milagro la gente decía: “Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.” Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle Rey, huyó de nuevo al monte Él solo”, pero que Jesús no quería ser hecho un Rey meramente humano y social, sino que mediante su poder, alimentó al pueblo y a la vez iluminó la fe de los discípulos al llevarlos pedagógicamente hacia lo que sería la institución de la Eucaristía[2].
Mencionó a continuación Mons. Sarlinga que tal vez hoy no necesitamos esos «grandes signos visibles», porque los tenemos por la fe, aunque la nuestra tiene que ser fortalecida siempre por el Señor. “Necesitamos sí, de signos concretos de realización de lo que creemos por la fe, de lo que esperamos por la esperanza, de un Amor concreto y de una «nueva imaginación de la caridad», como nos pidió Juan Pablo II en «Novo Millenio ineunte», y esa nueva imaginación pasará, creo por un nuevo modo de compartir, por una economía de comunión, por un humanismo teo-céntrico, trascendente, cristiano, como nos lo ha expresado Benedicto XVI, por un verdadero desarrollo integral, en especial de aquellos que tienen potencialidades pero que, tal vez, por falta de posibilidades, o por el egoísmo enquistado como pecado estructural, no pueden desplegarlas en bien de la comunidad”. La realización de estos ideales, reflexionó, “también constituye como una reviviscencia de la multiplicación de los panes y de los peces”.
Luego de estas reflexiones, dijo el Obispo que la encíclica «Caritas in veritate» del Papa Benedicto XVI –de la cual ya había ofrecido una primera semblanza, que fuera publicada en el infodiócesis de Zárate-Campana, en Aica y en otros medios, merecía ser llamada «la encíclica de la multiplicación de los panes y de los peces», y dijo que ofrecía a los medios locales una gacetilla con una semblanza más breve que la publicada anteriormente, con una referencia especial al «humanismo cristiano vivificado por la caridad y guiado por la verdad» del que habla el Papa, y que todos nosotros tenemos que ponernos a construir, o a proseguir su construcción, c0m0 instrumento de la civilización del Amor y de la Paz (término usado por primera vez por S.S. Pablo VI en 1975).
A continuación, Mons. Sarlinga dijo que el 4 de agosto será celebrada la misa en honor del Santo Cura de Ars, con el tríptico de Aparecida junto al altar de la catedral (en la versión pictórica de la Prelatura de Humahuaca), para recordar que la misión esencial de la Iglesia es evangelizar, y dentro de esta misión se encuentra y encuadra la promoción humana integral, una urgencia para nuestro tiempo. Recordó también que la diócesis se encuentra desde hace tres años «en estado de misión» en las distintas parroquias, pero que el lanzamiento que se hizo con oportunidad de las Fiestas Patronales (el 9 de mayo ppdo.) tiene que entroncarnos, dentro de la comunión de la Iglesia, en la Misión Continental a la que fuimos llamados en Aparecida.
A continuación ofreció la gacetilla de prensa con una visión de la «Caritas in veritate» desde el humanismo cristiano y desde el compartir
“La publicación de la esperada encíclica social de S.S. Benedicto XVI, «Caritas in Veritate» representa un acontecimiento, y diría más, un hito en la reflexión ético-moral, antropológica y social, para los católicos, pero también para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que guardan en su corazón la esperanza de una vida mejor para la humanidad. La encíclica es particularmente bienvenida en la situación actual, con sus luces y sombras, con su problemática, sus ansias y sus esperanzas, y en especial en el estado de crisis en los distintos niveles por los que el mundo está atravesando.
El papa Benedicto XVI inicia su encíclica diciendo: “La Caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del autentico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. Tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta. La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia, ella da verdadera sustancia a la relación con Dios y con el prójimo. No sólo es el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como son las relaciones sociales económicas y políticas”. Desde el comienzo traza, pues, las líneas de aquél que llama «auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad».
La mayor parte de las veces el tema que resume y constituye como la clave de bóveda de la interpretación del texto se halla en la conclusión. El papa Benedicto XVI afirma como conclusión de su encíclica, «Caritas in veritate»: “(…) la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es el humanismo cristiano que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios”. Con esta frase, el Papa sintetiza y resume toda su encíclica de un gran contenido teológico, social, económico, político, laboral, iluminando al desarrollo y progreso humano actual, mediante reflexiones y respuestas a situaciones concretas. El humanismo al que se refiere, profundamente teo-céntrico, pero al mismo tiempo, en y desde Dios, centrado también en el ser humano, en tanto que éste necesita de la verdad y de la caridad, ambas dos fuerzas, o virtudes, divinas, y consideradas «mayores» al servicio del desarrollo. Por eso, afirma el Papa, el humanismo auténtico no puede excluir a Dios, porque se transformaría en un humanismo «inhumano», una contradicción en sus propios términos.
Partiendo de esta idea, el mismo concepto de humanismo cristiano que va adelante durante el desarrollo de la encíclica resume los grandes temas de la providencia de Dios Padre, la salvación del mundo por medio de su Hijo unigénito, Jesucristo, y la caridad en la verdad, es decir, el amor fraterno o fraternidad humana, como ley fundamental del Cristianismo, para el progreso y desarrollo integral del ser humano y de la humanidad. A partir de estas realidades, encuentra el Papa en la doctrina social de la Iglesia las respuestas a los temas del hambre, miseria, pobreza, guerras, violencia, injusticia, desigualdad, analfabetismo y enfermedades endémicas que padece y sufre.
La relación estrecha, estrechísima, con toda la doctrina social católica, y especialmente con la Populorum Progressio (1969) de S.S. Pablo VI (junto con enseñanzas de Juan XXIII y Juan Pablo II, principalmente), se centra en el concepto clave de «desarrollo humano integral», de justicia distributiva y de justicia social, desembocando en la solución, a través de la virtud de la solidaridad, de los desequilibrios entre países ricos y países en vías de desarrollo.
Muy importante en la encíclica es la valorización de la experiencia del «don», es decir, de lo donado, del sentido de la «gratuidad», que eleva al ser humano a su dimensión integral, incluida también su dimensión económico-social. De esa dimensión trascendente parte el Papa para realizar su análisis acerca de una visión de la economía de mercado que garantice la prioridad de la persona y del trabajador, y que pueda ser enriquecida por los decisivos aportes de una «economía de comunión». En este contexto, analiza las aportaciones positivas del ámbito cooperativo, del «non profit», de la finanza ética, la superación de la tecnocracia (que no significa, por supuesto, menosprecio de los avances tecnológicos) todos los cuales apuntan a ir más allá de la mera lógica del provecho o ganancia por sí mismos, o de un concepto de progreso sin consideración de lo ético, o, más aún, de lo ético-moral.
Al mismo tiempo, esa visión de la economía y de la sociedad permite superar la contraposición «Estado-Mercado», considerada anacrónica, así como lleva a asegurar para aquélla la guía indispensable de la ética cristiana, para la cual, la centralidad de la cuestión antropológica (con el derecho a la vida como pilar). Dígase lo mismo de la cuestión de la globalización vista como necesitada también de guía y de reglas, para lo cual augura el Papa una revitalización de las organizaciones internacionales, las cuales deben estar en condiciones de hacer frente a las emergencias humanitarias. No menor es la relevancia que en la encíclica tienen las temáticas ambientales y energéticas, que deben también ser asumidas y enfrentadas con estilos nuevos de vida, en el que entren la sobriedad y el saber compartir


[1] 1ª Lectura del domingo XVII (2 Rs 4, 42-44).
[2] Cf SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologica, II-II, q. 177, a.1.

sábado, 25 de julio de 2009

AÑO SANTO SACERDOTAL CON DIMENSIÓN EVANGELIZADORA Y MISIONERA

MONS. OSCAR SARLINGA CELEBRARÁ LA FESTIVIDAD DEL SANTO CURA DE ARS, TENIENDO JUNTO AL ALTAR EL "TRÍPTICO DE APARECIDA"

Nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga celebrará la misa en la iglesia catedral el día 4 de agosto, de particular importancia por tratarse de la festividad del santo Cura de Ars, a quien el Papa Benedicto XVI ha puesto como modelo de todos los sacerdotes, con motivo de este Año Sacerdotal, que fuera inaugurado el día 19 de junio, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

En la diócesis de Zárate-Campana, como lo hiciera el Santo Padre en Roma, fue inaugurado el Año Sacerdotal, como hemos dicho, el 19 de junio. Con oportunidad del día del "Cura de Ars", patrono de los curas párrocos (y al cual Benedicto XVI proclamará durante este año patrono de todos los sacerdotes) el Obispo ha querido manifestar la dimensión evangelizadora y misionera del ministerio sacerdotal, en la línea de la Misión Continental que ha pedido la Vta. Conferencia de Obispos Latinoamericanos y del Caribe, que tuvo lugar en Aparecida (Brasil), con el lema: "Discípulos y misioneros para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida".

lunes, 20 de julio de 2009

MONS. OSCAR SARLINGA CONVOCA AL 10mo. ENCUENTRO CATEQUÍSTICO DIOCESANO



Xmo. ENCUENTRO DIOCESANO DE CATEQUESIS

El Padre Fernando Crevatín, Delegado diocesano, nos envía algunos nuevos datos sobre el Xmo. Encuentro diocesano de Catequesis, el cual se iniciará a las 9,15 con Adoración al Santísimo Sacramento. Tanto en el «infodiócesis» semanal como en los envíos a los sacerdotes de la diócesis y al consejo diocesano de pastoral, ya han estado dándose las informaciones e indicaciones pertinentes, a las que estas que siguen sirven como complemento:

La exposición del Sr. Obispo Mons. Oscar Sarlinga tendrá lugar a las 9,45 y a continuación se dará lugar a los trabajos en grupo de los catequistas presentes, a partir de los “ecos” de la disertación del Obispo.

Al mediodía la “Comunità Cenacolo” realizará una representación teatralizada acerca del tema de las adicciones, tan preocupante en nuestro mundo de hoy y también en nuestros medios, que están a nuestro cuidado pastoral.

A partir de las 13,30 se realizarán los «talleres simultáneos» y a las 16 concluiremos el Xmo. Encuentro de Catequistas de nuestra diócesis con la Eucaristía, presidida por el Sr. Obispo.

Este horario puede experimentar algunas modificaciones, pero lo presentamos para que la comunidad de lectores del Sitio web del Obispado tenga una primera idea aproximativa del desarrollo de ese día.

Al mismo tiempo, se contará con un momento especial para celebrar los 10 años de la «Junta diocesana de catequesis» y otro momento para compartir el caminar del ISCA (INSTITUTO SUPERIOR DE CATEQUESIS ARGENTINO) en nuestra diócesis, a lo largo de estos años. A tales fines, se hará presente el P. José Luis Quijano.

A propuesta del Delegado diocesano, Pbro. Fernando Crevatín, el Sr. Obispo hará una carta de invitación a todos los catequistas de la diócesis.

Continuaremos el envío de información sobre este encuentro tan importante para la vida de la diócesis, para lo cual recordamos algunos párrafos de nuestro PLAN DIOCESANO DE PASTORAL

(promulgado el 3 de junio ppdo., luego de tres años de reflexión compartida, consulta a los más vastos sectores de la diócesis y un caminar juntos en la evangelización y misión).

EXTRACTO DEL “PLAN PASTORAL DIOCESANO” DEL CAPÍTULO CONCERNIENTE A LA CATEQUESIS

V

MOMENTO SEÑALADO DE LA EVANGELIZACIÓN: LA CATEQUESIS

1. La catequesis, ese momento tan señalado de la evangelización
Una referencia especial, aunque específica a algunos puntos sobre los que se han obtenido consensos profundos, y no a la catequesis en general, quiere efectuar este Plan Pastoral acerca de ese «momento tan señalado de la evangelización» (como lo llamó Juan Pablo II en Catechesi tradendae). Siguiendo las líneas de NAVEGA MAR ADENTRO, los consensos eclesiales profundizados y obtenidos y los aportes de los distintos organismos y decanatos, podemos afirmar:
La revisión y renovación de la catequesis inicial es una convicción general que surge tanto de la renovada eclesiología propuesta a partir del Concilio Vaticano II como de la necesidad de una consecuente pastoral orgánica, junto a la realidad social y cultural actual, profundamente desafiante. Precisamente, el CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA resalta este proceso en el cual, por medio de los sacramentos de la iniciación se incorpora al sujeto al misterio de Cristo:
Mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda la vida cristiana. La participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y así, por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad.

2. La iniciación cristiana
La iniciación cristiana, como acción pastoral de la Iglesia, debe ubicarse en un proyecto y en un marco eclesial determinado. Particularmente la catequesis, como ministerio que acompaña al hombre creyente en su incorporación al misterio de Cristo y de la Iglesia, responde a una convicción eclesiológica y por lo mismo no puede quedar aislada del contexto pastoral y comunitario, dado que es un momento primordial de la tarea evangelizadora.
La centralidad del misterio eucarístico nos ayudará en estos próximos años a centrar aún más la catequesis en sus objetivos prioritarios como son conducir a la comunión con Jesucristo y hacer posible que la comunidad creyente proclame que Jesús, el Hijo de Dios, el Cristo, vive y es Salvador. Para esta misión la catequesis continuará configurándose como catequesis al servicio de la iniciación cristiana procurando una enseñanza y un aprendizaje convenientemente prolongado, de toda la vida cristiana.
Con esta orientación la catequesis asumirá la preocupación constante por promover y mantener el primer anuncio como forma de una transmisión que no da por supuesta la fe sino que trata siempre de suscitarla. Junto a ello, y a la luz de la institución catecumenal, la catequesis conecta con toda la acción sacramental y litúrgica de la Iglesia, pues la catequesis y la liturgia son las dos acciones eclesiales a través de las cuales se genera la nueva vida en Cristo.
Por ello la catequesis deberá adecuarse progresivamente a la participación sacramental en la vida de la Iglesia, mostrando siempre con claridad el carácter culminante de la Eucaristía, la centralidad del domingo y la celebración de la eucaristía dominical, lo cual ha de ser central en todo itinerario catequético.
Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical, ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe.
La iniciación cristiana, que incluye el kerygma, es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado. Nos da también la oportunidad de fortalecer la unidad de los tres sacramentos de la iniciación y profundizar en su rico sentido. La iniciación cristiana, propiamente dicha, se refiere a la primera iniciación en los misterios de la fe, sea en la forma de catecumenado bautismal para los no bautizados, sea en la forma de catecumenado postbautisnmal para los bautizados no suficientemente catequizados. Este catecumenado está íntimamente unido a los tres sacramentos de la iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía, celebrados solemnemente en la Vigilia Pascual(43).

3. Acciones que destaca este Plan Pastoral
La catequesis al servicio de la iniciación cristiana pone de relieve algunas urgencias de acción:
a. Opción preferencial en la diócesis (ni exclusiva ni excluyente) por la modalidad de la CATEQUESIS FAMILIAR (entendida ésta en su dimensión metodológica) o por lo menos por una fuerte DIMENSIÓN FAMILIAR de la catequesis. El hecho de ser preferencial sin ser excluyente significa que cada párroco no puede obviar la catequesis familiar en su parroquia, pero debe dar también otras opciones, jamás abandonando la importancia de la dimensión familiar. La misión de la familia es insubstituible en la catequesis.
b. Primer anuncio e institución catecumenal. Centralidad del domingo en el itinerario catequético. Una catequesis más vinculada a la acción litúrgica, a los sacramentos de la iniciación, al testimonio de la caridad, en definitiva, al conjunto de la memoria viva de la comunidad cristiana.
c. Catequesis vinculada a la vida de la Comunidad cristiana, también con una catequesis remota respecto del matrimonio y la familia.
d. La implicación de quienes desempeñan alguna responsabilidad pastoral, entre los que sobresale el Obispo y su presbiterio, con la aportación original de religiosos y laicos. El ejercicio de esta responsabilidad debe llevar a intensificar la formación de catequistas.
f. Una catequesis que ayude a los cristianos a fortalecer su identidad. Una fe que no pueda formularse en un lenguaje para ser compartido hace imposible la unidad de la fe. El Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio nos ayudarán en esta tarea. En los próximos años trabajaremos para que estos instrumentos produzcan frutos en la identidad de fe de todo el pueblo cristiano.
g. Estudio del Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio
h. Una catequesis que, por ser iniciación, tiene en la comunidad cristiana la referencia más visible de la experiencia de la fe, y que, de forma muy especial alienta a la familia cristiana a cumplir su misión insustituible en el despertar a la fe y en su transmisión a las nuevas generaciones.
i. Con este fin, se reafirma el cometido de la DELEGACIÓN DIOCESANA DE CATEQUESIS, de la JUNTA DIOCESANA y se le asigna la tarea de presentar un programa más concreto, conforme a las indicaciones de la Conferencia Episcopal, del ISCA y del propio Obispado, también para el catecumenado de adultos y formas especiales de catequesis.
4. La dimensión familiar de la catequesis
Conforme a lo que se ha dicho en las urgencias para un trazado de proyecto de catequesis, asumimos la catequesis familiar en el sentido en que se menciona a continuación:
“En un sentido amplio, se puede llamar de este modo a toda la catequesis que se orienta hacia la familia o cuyo contenido sea la familia.
Más estrictamente utilizaremos la expresión Catequesis Familiar en relación a un determinado método evangelizador, que comienza cuando la familia manifiesta el deseo de que los niños se preparen para recibir la Primera Comunión y/o la Confirmación. Es el momento en el que se la invita a hacer un proceso de Iniciación Cristiana, enriqueciendo su fe, cuestionando sus respuestas actuales, proyectando su dimensión misionera y la de cada uno de sus miembros.
El método supone que los padres, o adultos a cargo de los niños, tengan encuentros periódicos y celebraciones en los que reflexionen sobre la Palabra de Dios para iluminar sus vidas y así poder acompañarlos en su Iniciación. Los encuentros se realizan en un contexto eclesial, siguen un orden temático y deben contar con la guía de catequistas capacitados”.
(Extraído del Documento base para el Encuentro Nacional de Catequesis familiar realizado en abril de 2008 en Córdoba, convocado por la Junta Nacional de catequesis)

5. Algunas orientaciones importantes
a. Recepción del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica y aplicación a los diversos proyectos catequéticos para la iniciación cristiana. Organismos responsables: Delegación diocesana de Catequesis y Junta catequística diocesana. Idem acerca de la Recepción Compendio y de las Líneas y Orientaciones de la Conferencia Episcopal Argentina.
b. Publicación de un documento sobre la identidad de la Escuela Católica y su proyecto educativo hoy, como servicio a la educación. Organismo responsable: Vicaría general con encargo para la Educación católica, Junta Regional de Educación Católica y Delegación diocesana para la Catequesis.
c. Realización de un estudio sobre la asistencia a la Eucaristía dominical de los miembros de nuestras comunidades (número de feligreses, motivaciones y dificultades), así como preparación de una catequesis sobre la Santa Misa. Organismos responsables: Delegación de Liturgia y Delegación de Catequesis. Finalidad: impulso de la asistencia a la misa dominical
d. Reflexión y sugerencias para la promoción del catecumenado de adultos y de niños en edad escolar en las diversas parroquias y comunidades eclesiales. Comisiones diocesanas de Catequesis, Liturgia.
f. Promoción de iniciativas que favorezcan el acercamiento a Cristo Eucarístico de la infancia y juventud, tales como las escuelas de monaguillos y la adoración al Santísimo (vigilias, adoración nocturna), hora santa y oración por las vocaciones. Organismos responsables: Delegación de Pastoral de Juventud, Delegación de Catequesis, Delegación de Liturgia y Delegación de Misión (por la I.A.M., Infancia Misionera).
g. En cuanto a la edad para los sacramentos de la iniciación cristiana, conforme a las indicaciones de la Conferencia Episcopal y a las consultas diocesanas, no convendría prolongarla más de los 14 años. El itinerario de formación para la catequesis debería ser de dos años, como ideal.

sábado, 11 de julio de 2009

CON ALEGRÍA RECIBIMOS LA ENCÍCLICA SOCIAL DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI «CARITAS IN VERITATE»


El Santo Padre nos recuerda algo que como diócesis hemos reflexionado en distintos momentos, y que también hemos consignado con nuestro «Plan Pastoral»: “(…) hay también una urgente necesidad moral de una renovada solidaridad”.[1]

Conforme a cómo podamos implementar su estudio en los Decanatos, la Delegación de Catequesis, la Delegación de Pastoral Social, el Grupo de Justicia y Paz, las Escuelas, Colegios, Universidades, y en las distintas asociaciones intermedias, es recomendable que pongamos todo nuestra imaginación y esfuerzo para que este mensaje, que marca un hito en la reflexión humana, social, antropológica y espiritual, llegue a la mayor cantidad posible de personas, y que se procure poner en práctica su enseñaza con todos los medios posibles, incluso los medios de comunicación, razón para lo cual comenzaremos con su presentación en las radios del Obispado y en distintos canales de TV que se encuentran en la jurisdicción de la diócesis y que han ofrecido un espacio para comentarla.

LA ENCÍCLICA

La encíclica Caritas in veritate fechada el día 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, está en continuidad con todo el cuerpo de la doctrina social anterior, especialmente del Papa Pablo VI y de Juan Pablo II. De ahí que recuerde los grandes principios del bien común, de la solidaridad, de la subsidiariedad y del desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres. Pero, a la vez, supone un avance al bordar cuestiones nuevas en la situación actual, en especial a la luz de un pensamiento que expresa en la conclusión: Benedicto XVI reclama la necesidad de Dios en la vida pública, porque “sin Dios el hombre no sabe dónde ir ni tampoco logra entender quién es”. “El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano”. Sobre la idea recogida en el título del documento, ‘Caritas in veritate’, el Santo Padre explica que “se puede reconocer a la caridad como expresión auténtica de humanidad y como elemento de importancia fundamental en las relaciones humanas, también las de carácter público. Sólo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad”.

TRAZOS FUNDAMENTALES

De hecho y de derecho, sólo con la caridad, iluminada por la luz de la razón y de la fe, es posible conseguir objetivos de desarrollo con un carácter más humano y humanizador[2]. Benedicto XVI concluye recordando que la clave de un verdadero progreso está en el humanismo cristiano: “Por tanto, la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano, que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo”.

La encíclica social, tan esperada, tiene una extensión de 64 páginas en su versión española y está distribuida en seis capítulos: ‘El mensaje de la Populorum progressio’, ’El desarrollo humano en nuestro tiempo’, ’Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil’, ’Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente’, ’La colaboración de la familia humana’, y ‘El desarrollo de los pueblos y la técnica’.

En ella, nuestro Papa analiza con claridad y rigor los nuevos problemas de nuestro mundo, especialmente la crisis económica y el tema de la globalización.

En el capítulo dedicado al desarrollo humano en nuestro tiempo, el Papa invoca una nueva del humanismo cristiano frente a algunas distorsiones: una actitud financiera en buena parte especulativa; el fenómeno de las migraciones frecuentemente provocado y no gestionado adecuadamente; la explotación sin reglas de los recursos de la tierra. Trata la cuestión compleja de la globalización o interdependencia planetaria, que no es sólo un tema económico, sino también cultural, en el que los hombres deben ser protagonistas y no víctimas. En la globalización debemos actuar con criterios de caridad y verdad para construir la civilización del amor, orientada por la relacionalidad, comunión y participación.

Con aguda lógica y ágil pluma son tratados temáticamente la relación entre fraternidad, Estado y sociedad civil. Los derechos y deberes humanos: gobiernos y organismos internacionales no pueden olvidar “la objetividad e indisponibilidad de los derechos”. La economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento. La importancia de la educación, la bioética y la paz de los pueblos. Frente al laicismo y al fundamentalismo, dos patologías de nuestro tiempo, el Papa defiende el valor de la religión y la contribución de los cristianos desde su fe al bien común.

La Encíclica, continuó, "profundiza la reflexión eclesial sobre cuestiones sociales de gran interés para la humanidad de nuestro siglo, teniendo en cuenta, de modo especial, lo que escribió Pablo VI en 1967 en la "Populorum progressio". la memoria del gran Pontífice Pablo VI, retomando sus enseñanzas sobre el desarrollo humano integral y siguiendo la ruta que han trazado, para actualizarlas en nuestros días. Este proceso de actualización comenzó con la Encíclica Sollicitudo rei socialis, con la que el Siervo de Dios Juan Pablo II quiso conmemorar la publicación de la Populorum progressio con ocasión de su vigésimo aniversario. Hasta entonces, una conmemoración similar fue dedicada sólo a la Rerum novarum. Pasados otros veinte años más, manifiesto mi convicción de que la Populorum progressio merece ser considerada como «la Rerum novarum de la época contemporánea», que ilumina el camino de la humanidad en vías de unificación.[3]

ANTE LA CRISIS GLOBAL

El Papa manifiesta su preocupación por “la complejidad y gravedad de la situación económica actual”, pero considera que “hemos de asumir con realismo, confianza y esperanza las nuevas responsabilidades que nos reclama la situación de un mundo que necesita una profunda renovación cultural y el redescubrimiento de valores de fondo sobre los cuales construir un futuro mejor”. El desarrollo, el bienestar social, y la solución adecuada de los graves problemas socioeconómicos que afligen a la humanidad, necesitan de la verdad: “Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales”, explica el Papa.

Sobre la aportación de la Iglesia ante estos momentos difíciles, apunta que ésta “no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados”. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación.Santo Padre explicó que el documento pone de relieve que "la caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de la persona y de la humanidad. (...) Solo con la caridad, iluminada por la razón y por la fe, es posible alcanzar objetivos de desarrollo dotados de valor humano". El amor en la verdad —caritas in veritate— es un gran desafío para la Iglesia en un mundo en progresiva y expansiva globalización. El riesgo de nuestro tiempo es que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponda con la interacción ética de la conciencia y el intelecto, de la que pueda resultar un desarrollo realmente humano.

Benedicto XVI subrayó que "Caritas in veritate" "no desea ofrecer soluciones técnicas a los grandes problemas sociales del mundo actual (...), pero recuerda los grandes principios indispensables para construir el desarrollo humano en los próximos años, entre los que destaca, en primer lugar, la atención a la vida del hombre, núcleo de todo progreso auténtico; el respeto del derecho a la libertad religiosa; (...) el rechazo de una visión prometeica del ser humano, que lo considere artífice absoluto del propio destino". La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo[4].

"Son necesarios -continuó- hombres rectos tanto en la política como en la economía, que estén sinceramente atentos al bien común". Refiriéndose en concreto a "las emergencias mundiales", el Papa dijo que "es urgente llamar la atención de la opinión pública sobre el drama del hambre y de la seguridad alimenticia", que "hay que afrontar con decisión, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres".

El Santo Padre señaló que "la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; de recuperar la contribución importante del principio de gratuidad y de la "lógica del don" en la economía de mercado, donde la regla no puede ser solo el provecho. Pero esto es posible únicamente gracias al compromiso de todos, economistas y políticos, productores y consumidores y presupone una formación de las conciencias que refuerce los criterios morales en la elaboración de los proyectos políticos y económicos". "Es necesario -añadió- un estilo de vida distinto por parte de toda la humanidad, en el que los deberes de cada uno con respecto al ambiente se entrelacen con los de la persona considerada en sí misma y en relación con los demás". Frente a "los problemas enormes y profundos del mundo actual -dijo- es necesaria una autoridad política mundial regulada por el derecho, que respete los principios de subsidiariedad y solidaridad y se oriente firmemente a la realización del bien común, respetando las grandes tradiciones morales y religiosas de la humanidad".

El Papa pidió a los fieles que rezaran para que "esta Encíclica ayude a la humanidad a sentirse una única familia comprometida en realizar un mundo de justicia y de paz". Asimismo invitó a rezar "por los jefes de Estado y de Gobierno del G-8, que se encuentran en estos días en L'Aquila, para que en esta importante cumbre mundial se tomen decisiones y salgan orientaciones útiles al verdadero progreso de todos los pueblos, especialmente de los más pobres".

LA ACTIVIDAD ECONÓMICA Y EL DESARROLLO

Sobre las relaciones laborales el Papa subraya la importancia del buen funcionamiento de los sindicatos y recuerda que “la falta de respeto de los derechos humanos de los trabajadores es provocada a veces por grandes empresas multinacionales y también por grupos de producción local”. Subraya que la obtención de beneficios no debe ser el fin último de la empresa: “La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza”. “La gestión de la empresa no puede tener en cuenta únicamente el interés de sus propietarios, sino también el de todos los otros sujetos que contribuyen a la vida de la empresa: trabajadores, clientes, proveedores de los diversos elementos de producción, la comunidad de referencia”, explica.

La Iglesia sostiene siempre que la actividad económica no debe considerarse antisocial. Por eso -recuerda el Papa-, el mercado no es ni debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil. En efecto, la economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por sí buenos en perniciosos”, afirma. Y explica que la doctrina social de la Iglesia sostiene sin embargo que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o “después” de ella.

Hace referencia también a la necesidad de reducir las profundas desigualdades: “En las zonas más pobres, algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora”. “Hay también una urgente necesidad moral de una renovada solidaridad, especialmente en las relaciones entre países en vías de desarrollo y países altamente industrializados”. El Papa hace una llamada a que los países tecnológicamente más avanzados reduzcan su gasto energético para que se dé “una redistribución planetaria de los recursos energéticos, de manera que también los países que no tienen recursos energéticos puedan acceder a ellos”. Recuerda que “no podemos dejar la creación empobrecida en sus recursos a las nuevas generaciones”.

Pero recuerda que el desarrollo debe tener un alcance mucho más amplio que el meramente económico: “No basta progresar sólo desde el punto de vista económico y tecnológico. El desarrollo necesita ser ante todo auténtico e integral. El salir del atraso económico, algo en sí mismo positivo, no soluciona la problemática compleja de la promoción del hombre, ni en los países protagonistas de estos adelantos, ni en los países económicamente ya desarrollados, ni en los que todavía son pobres”.

EL RESPETO A LA VIDA, BASE DEL AUTÉNTICO DESARROLLO

Benedicto XVI recuerda que la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo, ya que “la acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca”. “Uno de los aspectos más destacados del desarrollo actual es la importancia del tema del respeto a la vida, que en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos”.
Los países más desarrollados están difundiendo “una mentalidad antinatalista, que muchas veces se trata de transmitir también a otros estados como si fuera un progreso cultural”. Sin embargo, el Santo Padre desmonta el mito de la superpoblación como obstáculo para el progreso y recuerda a apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica, ya que grandes naciones han podido salir de la miseria gracias también al gran número y a la capacidad de sus habitantes: “No es correcto considerar el aumento de población como la primera causa del subdesarrollo, incluso desde el punto de vista económico: baste pensar, por un lado, en la notable disminución de la mortalidad infantil y al aumento de la edad media que se produce en los países económicamente desarrollados y, por otra, en los signos de crisis que se perciben en la sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la natalidad”.

LA LIBERTAD RELIGIOSA

También apunta el Papa a “la negación del derecho a la libertad religiosa”, como obstáculo al desarrollo. “La violencia frena el desarrollo auténtico e impide la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar socioeconómico y espiritual”, argumenta.

LA COLABORACIÓN DE LA FAMILIA HUMANA

En el capítulo sobre ‘La colaboración de la familia humana’, para una verdadera solidaridad internacional, el Papa llama a fomentar un mayor acceso a la educación, “no sólo a la instrucción o a la formación para el trabajo, que son dos causas importantes para el desarrollo, sino a la formación completa de la persona”.

Al abordar ‘El desarrollo de los pueblos y la técnica’, recuerda que ésta “se inserta en el mandato de cultivar y custodiar la tierra”. “Cuando predomina la absolutización de la técnica se produce una confusión entre los fines y los medios, el empresario considera como único criterio de acción el máximo beneficio en la producción; el político, la consolidación del poder; el científico, el resultado de sus descubrimientos. Así, bajo esa red de relaciones económicas, financieras y políticas persisten frecuentemente incomprensiones, malestar e injusticia; los flujos de conocimientos técnicos aumentan, pero en beneficio de sus propietarios“, y no de la población. El principio de subsidiaridad debe mantenerse íntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa, porque así como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, también es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado.[5]

[1] BENEDICTO XVI, Enc. Caritas in veritate, 49.

[2] Cf BENEDICTO XVI, Enc. Caritas in veritate, 9.

[3]BENEDICTO XVI, Enc. Caritas in veritate, 8.

[4]BENEDICTO XVI, Enc. Caritas in veritate, 28.

[5]BENEDICTO XVI, Enc. Caritas in veritate, 58.

lunes, 6 de julio de 2009

XXmo. ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA PARROQUIA DE «SAN VICENTE DE PAUL» EN ARIEL DEL PLATA (PARTIDO DE CAMPANA)

El día jueves 2 de julio se celebró el XXmo. Aniversario de la creación de la parroquia de San Vicente de Paúl, de Ariel del Plata, por parte de Mons. Espósito Castro, habiendo sido su primer cura párroco el P. Darío Martino, claretiano.
La parroquia, cuyo pastor actual es el Pbro. Ariel Guzmán, cuenta con cerca de 20.000 habitantes y abarca distintos barrios del Gran Campana.
Mons. Oscar Sarlinga, nuestro Obispo diocesano, visitó la parroquia con motivo del aniversario y celebró misa por la tarde, acompañado por el P. Guzmán.
Dentro de las instituciones parroquiales hay grupos de catequesis (iniciación y de adultos), de Liturgia (acólitos, lectores, guías). En el día del aniversario el Obispo dio la bendición a numerosos nuevos lectores que se incorporaron al equipo de Liturgia.
La parroquia cuenta también con Caritas en estado de afianzamiento, pastoral familiar y grupo de jóvenes.
Dentro de la jurisdicción parroquial existen diversas capillas y centros, tales como la Sagrada Familia (del barrio “La Josefa”), San José Obrero (del barrio Otamendi), el Inmaculado Corazón de María (de Las Praderas), San Ignacio de Antioquía (El Bosque), y el centro misional San Antonio María Claret (del barrio “Siderca”).
En la parroquia tuvo lugar la misión en los barrios de parte del Grupo Misionero de la parroquia de la Inmaculada Concepción (de Maquinista Savio) en agosto del 2007, el cual dejó frutos de evangelización y semilla de formación de grupos misioneros propios, al punto que está preparándose ya el grupo misionero parroquial.
Los distintos grupos parroquiales han estado estudiando el PLAN PASTORAL DIOCESANO y están viendo el modo de implementarlo y ponerlo en práctica en la pastoral ordinaria.


El cuerpo de San Vicente de Paúl está actualmente expuesto a la veneración pública en la Capilla que lleva su nombre, en la Calle de Sèvres, Métro Vaneau, en París.

SAN VICENTE DE PAÚL

San Vicente de Paúl (Pouy, Landas, 24 de abril de 1581 – París, 27 de septiembre de 1660) fue un sacerdote francés.
Es una de las figuras más representativas del renacimiento católico en la Francia del siglo XVII. Fue fundador de la Congregación de la Misión, también llamada de Misioneros Paúles, Lazaristas o Vicentinos (1625) y, junto a Luisa de Marillac, de las Hijas de la Caridad (1633). Fue nombrado Limosnero Real por Luis XIII, función en la cual abogó por mejoras en las condiciones de los campesinos y aldeanos.
Realizó una gran labor caritativa, sobre todo tras la guerra de la Fronda, una de cuyas consecuencias fue el incremento de menesterosos en su país.
Una de sus frases más representativas es “los pobres son nuestros amos y señores”.
Su festividad se celebra el 27 de septiembre. Es patron de todas las asociaciones de caridad.
Vicente de Paúl nació en una pequeña casa rural en las afueras de la aldea de Pouy (que, desde el siglo XIX, se llama Saint Vincent de Paul en honor de su muy ilustre hijo), a unos cinco kilómetros de la ciudad de Dax, en el departamento de Las Landas, situado al suroeste de Francia. En el lugar de su nacimiento, conocido hoy como el Berceau de Saint Vincent de Paul, se levanta una modesta construcción de ladrillo y vigas de madera muy parecida a la casa en que nació Vicente en abril de 1580 ó 1581 (el año exacto no es seguro). Era el tercero de seis hermanos. La modesta condición de la familia hizo que muy pronto el niño Vicente tuviera que contribuir con su trabajo de pastor de ovejas y de cerdos a la economía familiar. Pronto también dio muestras de una inteligencia despierta, lo que llevó a su padre a pensar que este hijo podía muy bien desenvolverse en la vida. Cursó estudios primarios y secundarios en Dax, y posteriormente, en camino al sacerdocio, la filosofía y teología en Toulouse durante siete años. Hizo también algunos estudios en Zaragoza. Fue ordenado sacerdote a los veinte años, con la intención de ser párroco de inmediato.
Una serie de peripecias no muy bien conocidas dio con él a los treinta años en París, donde encontró inicialmente algunas pequeñas ocupaciones sacerdotales hasta que por recomendación de un prestigioso amigo sacerdote, Pedro de Berulle, posteriormente cardenal, entró en 1613 en la importante casa de los señores de Gondi como preceptor de los niños y posteriormente director espiritual de la señora.
Los viajes por las tierras de los Gondi llevaron a Vicente a un conocimiento de primera mano de las lastimosas condiciones de vida materiales y espirituales de la población campesina, y también del clero parroquial que les atendía con serias deficiencias. Esta experiencia y su propia evolución espiritual, cuyos perfiles exactos nos son poco conocidos, le llevaron a un decisión irrevocable de dedicar su vida sacerdotal, no a la promoción social de su familia o a la suya propia, cual había sido el caso hasta entonces, sino a la evangelización y redención de la población campesina y a la formación de sus sacerdotes.
A partir de esa decisión la vida de Vicente mantiene hasta su muerte a los ochenta años, en 1660, una línea constante, nunca quebrada ni desviada por otras visiones ni otros intereses, de dedicación a la redención espiritual y material de los pobres.
Su visión, limitada en sus comienzos a la población campesina, se fue ensanchando progresivamente hasta incluir condenados a galeras, enfermos pobres, niños abandonados, soldados heridos, esclavos, ancianos desamparados, mendigos, refugiados de guerra, nativos paganos de Madagascar…Para ello movilizó a sacerdotes (Congregación de la Misión, Conferencias de los Martes, hombres y mujeres de la nobleza, de la burguesía y del pueblo llano (cofradías parroquiales de caridad y Damas de la Caridad), jóvenes campesinas (Hijas de la Caridad), a los que intentó contagiar con su propia visión del evangelio y su experiencia cristiana, basada en las palabras mismas de Jesucristo en el evangelio de san Lucas 4,18:
“El Señor me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos”
Murió en la paz del Señor antes de amanecer el 27 de septiembre de l660. Fue canonizado en 1737.
Obras:
Pocos santos ha habido tan activos como Vicente de Paúl. Sólo destacando sus principales realizaciones, la lista de éstas es impresionante.
En 1617, sintiendo la necesidad de organizar obras prácticas de caridad en Châtillon, fundó “las Caridades” (más tarde conocidas como las Damas de la Caridad y ahora llamadas AIC Asociación Internacional de Caridades). Éstas se extendieron rápidamente por toda Francia y luego por el mundo, llegando a contar hoy con más de 260.000 miembros. Durante su vida redactó los estatutos para numerosas “Caridades” que surgieron en toda Francia.
En 1625, fundó la Congregación de la Misión. En el momento de su muerte, la Congregación había llegado a Polonia, Italia, Argelia, Madagascar, Irlanda, Escocia, las Hébridas y las Orkneys. Durante su vida, la casa de San Lázaro ella sola dio más de mil misiones. Ejerció como Superior General de la Congregación hasta su muerte, celebrando reuniones regulares del consejo, escribiendo sus reglas, dirigiendo las asambleas generales y resolviendo cantidad de problemas fundacionales como conseguir la aprobación de la Congregación por la Santa Sede, decidir si se debían hacer votos, determinar cuáles debían pronunciarse y cuál debía ser su contenido.
En 1633, junto con Luisa de Marillac, fundó la Compañía de las Hijas de la Caridad. Con Luisa a su lado, actuó como Superior General, presidiendo los frecuentes consejos, redactando una regla y resolviendo la base jurídica un tanto revolucionaria que haría de la Compañía una fuerza apostólica tan poderosa en los años venideros. Durante su vida, se erigieron más de 60 casas entre Francia y Polonia. Luego, la Compañía llegó a ser una de las más grandes congregaciones que ha visto la Iglesia.
En el proceso de guiar a los grupos que fundó, Vicente mantuvo una enorme correspondencia, con más de 30.000 cartas, de las que solamente se conserva un diez por ciento. Dio frecuentes conferencias a la Congregación de la Misión y a las Hermanas. Únicamente se conserva un pequeño número de ellas y éstas son simplemente referencias de los copistas sobre lo que él decía. También dio conferencias a las religiosas de la Visitación, confiadas a su cuidado por Francisco de Sales en 1622.
De 1628 en adelante se fue comprometiendo más y más en la reforma del clero, organizando ejercicios para ordenandos, las Conferencias de los Martes y retiros para sacerdotes. Abelly nos dice que más de 12.000 ordenandos hicieron los ejercicios en San Lázaro. En los últimos 25 años de su vida se encargó de la fundación de seminarios para el clero diocesano, obra que describió como “casi igual” y en otras ocasiones como “igual” a la de las misiones. ¡Y llegó a fundar veinte!
En 1638, se encargó de la obra de los niños expósitos. Más de 300 eran abandonados anualmente en las calles de París. Según los casos, asignaba un número de Hijas de la Caridad a la obra y tuvo 13 casas para recibirlos. Cuando, en 1647, esta obra estuvo en peligro, la salvó dirigiendo una elocuente llamada a las Damas de la Caridad para que vieran a los expósitos como a sus hijos.
A partir de 1639, Vicente comenzó a organizar campañas para socorrer a los que sufrían por la guerra, las plagas y el hambre. Uno de los ayudantes de Vicente, el Hermano Mateo Regnard, hizo 53 viajes, atravesando las filas del enemigo disfrazado, llevando dinero de Vicente para auxilio de los que se encontraban en zonas de guerra.
De 1643 a 1652 sirvió en el Consejo de Conciencia, cuerpo administrativo selecto que aconsejaba al rey en lo referente a la elección de obispos. Al mismo tiempo fue amigo y, a menudo, consejero de muchos de los grandes guías espirituales de su tiempo. En 1652, cuando la pobreza rodeaba París, Vicente, a los 72 años, organizó ingentes programas de socorro que repartían sopa dos veces al día a miles de pobres en San Lázaro y alimentaban a miles más en las casas de las Hijas de la Caridad.

lunes, 29 de junio de 2009

ENCENDIMIENTO DE LA LLAMA VOTIVA DE LA FE JUNTO A LA IMAGEN DEL APÓSTOL SAN PABLO EN LA CLAUSURA DEL AÑO PAULINO.


Como había sido anunciado por el secretariado de comunicación institucional del Obispado y asimismo en la última edición de AICA, el Año Paulino Jubilar fue clausurado solemnemente el sábado 27 de junio, en horas vespertinas, en la iglesia de San José, llamada «de los peregrinos» en el predio del Movimiento de Schoenstatt, del partido de Escobar. Dicho acontecimiento, que en el inicio formaba parte de un díptico junto con la iglesia catedral de Santa Florentina, se convirtió en acto de cierre del mencionado Año, debido a que el encuentro diocesano en Campana, en el atrio y plaza, debió ser suspendido a causa del acto eleccionario nacional del día 29, razón por lo cual el Obispo solicitó a los curas párrocos que hicieran solemne acto de clausura en sus respectivas parroquias. En la iglesia catedral de Santa Florentina la solemne clausura la realizó el cura párroco, Pbro. Hugo Lovatto, en el templo.

La iglesia de San José, la tercera más amplia en la diócesis, se encontró repleta de fieles laicos. En una tarde fría, la calidez de compartir ese momento de fe y amor llenó los corazones. La procesión comenzó junto al "Santuario" de la Mater ter admirabilis, adonde concurrió la multitud de fieles y los concelebrantes, todos los cuales, luego, vinieron junto con el Obispo hasta el frente de la nueva Iglesia (consagrada el 29 de junio del pasado año) donde Mons. Oscar Sarlinga procedió a bendecir las dos nuevas estatuas de los Apóstoles Pedro y Pablo que ornan el frente del templo. La misa fue concelebrada por Mons. Edgardo Galuppo, Mons. Santiago Herrera, el P. el Obispo procedió a bendecir las dos nuevas estatuas de los Apóstoles Pedro y Pablo que ornan el frente de la Iglesia (que fue consagrada por el Obispo el 29 de junio del pasado año). La misa fue concelebrada por Mons. Edgardo Galuppo, Mons. Santiago Herrera, el P. (superior), el P. Benjamín Pereyra, se encontraban tambien Mons. Marcelo Monteagudo, el P. Claudio Carusso, el P. Superior, Juan Pablo Catoggio, el Asesor diocesano del Movimiento, Pbro. Benjamín Pereira, y los sacerdotes Nicolas Guidi, Claudio Caruso, Pablo Iriarte y Mauricio Aracena. Del movimiento de Schoenstatt se encontraban la Superiora Regional del Instituto Nuestra Señora de Schoenstatt: María Augusta Landgraf, y miembros del Instituto de las Hermanas de María. Asistió a la eucaristía el Seminario diocesano "San Pedro y San Pablo".

Antes de concluir la misa, el Obispo dejó encendida una llama votiva junto a la imagen de San Pablo, que es aquélla que fue hecha pintar al inicio del Año Paulino Jubilar, y que ha ido recorriendo los distintos eventos y celebraciones diocesanas, tales como celebraciones patronales, conferencias, actos ecuménicos, encuentros de diálogo interreligioso, así como las celebraciones de clausura de las misiones juveniles que se realizaron en las parroquias.
Luego de la celebración eucarística se tuvo un ágape fraterno y a continuación todos los concurrentes fueron invitados a escuchar un concierto del eximio pianista chileno eximio pianista chileno Felipe Browne.

En su homilía Mons. Sarlinga expresó que “el Año Paulino dejaba un entusiasmo espiritual a seguir caminando con Cristo, el Señor, con el mismo San Pablo, el Apóstol de las gentes, esto es, a caminar en el Espíritu y a mantener encendida la llama de la fe transformadora de los corazones y centro irradiador de la evangelización”.

Recordó también que, en la Apertura del Año Paulino, el Papa Benedicto XVI había subrayado “(…) cómo en la expresión paulina «todos ustedes son uno en Jesucristo» reside la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, la revolución más profunda de la historia humana, que se experimenta en torno a la Eucaristía”

Mencionó también que uno de los frutos de este Año Jubilar debía ser la profundización de la «conversión pastoral» de la que habla el Documento de Aparecida, y que esta conversión espiritual “(…) comporta, por tanto, dejar de buscarse exclusivamente o principalmente a sí mismo, sino, en el decir del Apóstol, «revestirse de Cristo» y entregarse a Él, caminando en una «vida nueva» (Cf Rm 6, 3s)”. Acerca de la vida nueva, dijo que San Pablo, en Rm. 12,2 habla de «renovación», como en Ef. 4,23. Se refiere a un progreso interior, espiritual, típico de la dinámica bautismal.

Dijo también que, más allá de las cualidades de sus miembros, “la Iglesia es santa: «una, santa, católica y apostólica», siendo ésta una verdad primera de nuestra fe; y la Iglesia es santa porque, también en el decir de San Pablo, «Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla, purificándola con el baño del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, santa e inmaculada» (Ef 5,25-27)”.

El Obispo hizo alusión también a la reciente carta del Santo Padre (Carta de Su Santidad del 10 de marzo de 2009), en la que aludía al pasaje de la carta a los Gálatas (5,13-15), que el Papa relacionó con el momento actual, acerca de la visión cristiana de la libertad, de la plenitud de la ley y de la necesidad de la concordia: "No una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: Amarás al prójimo como a ti mismo. Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente". Dijo también que el Santo Padre se había preguntado, en dicha carta: “¿Sorprende acaso que tampoco nosotros seamos mejores que los Gálatas? Que ¿quizás estemos amenazados por las mismas tentaciones? ¿Que debamos aprender nuevamente el justo uso de la libertad? ¿Y que una y otra vez debamos aprender la prioridad suprema: el amor?”, a partir de lo cual exhortó “a vivir en la concordia y en la responsabilidad, para trabajar juntos en la construcción de fundamentos morales y espirituales, porque Jesús nos trajo Vida, y Vida en abundancia”. “San Pablo, continuó, y con él, todo cristiano, contempla al Hijo de Dios como Aquel que murió por amor nuestro y también como Aquel que se hace efectivamente en su vida, tanto como en la nuestra: «vivo, pero ya no vivo yo, sino que «Cristo vive en mí» (Gal 2, 20)”.

domingo, 21 de junio de 2009

MENSAJE DEL OBISPO CON MOTIVO DEL INICIO DEL AÑO SACERDOTAL CONVOCADO POR EL SANTO PADRE

Queridos sacerdotes

Queridos hermanos y hermanas todos de esta diócesis de Zárate-CampanaEl lema señalado por el Papa para motivar a una vivencia profunda del sacerdote a lo largo de este tiempo es: “FIDELIDAD DE CRISTO, FIDELIDAD DEL SACERDOTE”. El día 19 de junio, celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Un servidor lo hará en la iglesia catedral de Santa Florentina, en Campana, junto con los sacerdotes de la misma catedral y del Obispado. Cada uno de los sacerdotes lo hará en sus respectivas parroquias, o en las iglesias adscriptas a sus respectivos movimientos o asociaciones de fieles. El Santo Cura de Ars, puesto como modelo de sacerdote por el Santo Padre, intercederá en todo momento por nosotros.

Para nuestra diócesis, a la que hemos consagrado solemnemente al Sagrado Corazón de Jesús el 9 de mayo próximo pasado, esta fiesta adquiere una relevancia especial, pues nos convoca como Iglesia particular, en unión con la Iglesia universal a vivir el infinito amor del Corazón del Hijo de Dios, que nos da a conocer plenamente al Padre, porque “Él (Jesucristo) con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa Resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio divino”(1). Es la ocasión propicia para pedir a Dios, con gran confianza, con amor filial: «SEÑOR SANTO Y FIEL, DANOS LA GRACIA DE LA FIDELIDAD», porque todo lo bueno y santo lo tenemos de su gracia y de nuestra aceptación, a la manera como San Pablo nos dice: “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Cor. 15,10). Casi al término del Año Paulino Jubilar, con multitud de gracias recibidas, pedimos particularmente el don de vivir nuestro sacerdocio con alegría, renovada esperanza y espíritu evangelizador, siendo lo que somos, sacerdotes de Jesucristo.

I

EL SACERDOTE VIVE DEL CORAZÓN DE CRISTO

El Corazón de Cristo es signo del gran amor que Dios tiene por todos nosotros. Es fuente de conversión. Recibir «juntos» ese don, requiere de conversión porque la unidad no se da sin conversión de los corazones. Rogamos que, contemplando el Rostro de Cristo, sea para nosotros fuente de conversión pastoral, porque “(…) el corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron”(2).

Sin Corazón de Cristo no hay dinamismo evangelizador. El dinamismo de la evangelización se alimenta de la acogida del Evangelio como Palabra que salva, de la Presencia vivificadora de Jesucristo, en el Espíritu, de la Presencia y acción de su Cuerpo, que es la Iglesia. Aunque sea algo que ya sabemos, dejemos entrar en el corazón nuestro, todavía más que en nuestra mente, lo que significa: «Eucaristía, Fuente y Culmen». En nuestro Plan Pastoral así lo hemos asumido: “De todo ello, la EUCARISTÍA es la plenitud. El mismo Señor dijo: "Yo soy el pan de la Vida" (Jn 6, 35). Y Eucaristía dice relación estrecha con caridad, vida cristiana efectivamente vivida, en lo personal y como Iglesia. Nuestro Papa Benedicto XVI, en «Sacramentum caritatis», hizo esa relación fundamental (…) con (…) Deus caritas est". Por esto, la «Sacramentum caritatis», iluminadora para nosotros y nuestro Plan pastoral, posee (…) una visión en la cual "la celebración eucarística aparece aquí con toda su fuerza como fuente y culmen de la existencia eclesial"”(3).

No ignoramos el obrar de males y obscuridades en nuestro derredor (los cuales, quizá, algunas veces hagan triste acto de presencia también dentro de nosotros). Pero Dios que se hizo Hombre ha vencido todo mal, no hay obstáculo que se contraponga a su gracia, si somos dóciles a Él, que es el Señor. El Santo Padre nos lo afirma también: “A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: "En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33). La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro”(4).

La esperanza y la confianza no defraudan. Lejos de una mirada rutinaria que puede nublar nuestros ojos, lejos también de cierta desconsideración, que puede obnubilar, será la virtud de la humildad la que nos ayudará a ensanchar el corazón y la mente y nos moverá a hacer un «espacio profundo» dentro de nosotros mismos, a los fines de «recibir en la escucha» lo que el Espíritu nos dice, a través de quienes hacen sus veces, en la convocación de este providencial Año Sacerdotal. El Señor es fiel; si somos dóciles a Él, nada nos quitará la fuerza para mirar con confianza la realidad de nuestro ministerio y la sed de Dios de nuestro pueblo. El sacerdote vive del Corazón de Cristo. Se trata de purificar nuestro espíritu, en absoluto desde el miedo, sino desde el «temor de Dios», que es Don del Espíritu Santo, y desde el Don de la «piedad» en su sentido más pleno.

Temor de Dios, y piedad, ¡tan relacionados con la virtud teologal de la esperanza!.

II
SACERDOTE DE CRISTO PARA LA EUCARISTÍA EN UNA NUEVA PRIMAVERA

El Año Sacerdotal está llamado entonces a contribuir a la intensificación de la verdadera identidad sacerdotal y de los medios que la alimentan. Como lo hemos dicho, en la verdad y desde la humildad: “Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado” (Lc. 18, 14). El sacerdocio es un Don que hemos recibido, para darle gloria al Señor, por el bien de su Pueblo que es la Iglesia. San Pablo nos dice: “Qué tienes que no hayas recibido?” (2 Cor. 4,7).

En la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo queremos renovar el carisma recibido, el Don que Jesús nos entregó en el momento de su muerte: su Cuerpo y su Sangre, don entregado como pan de vida bajado del cielo: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn. 6, 51).

La Iglesia hace la Eucaristía. La Eucaristía hace la Iglesia. Renovar y dar nuevas fuerzas a nuestro sentido eclesial será también una gracia. Más que «autorreferencia» se trata de profundizar en identidad y misión. La Eucaristía es el sacramento de la comunión cristiana; es el sacramento de la comunión, que realiza la unidad de cada uno de nosotros con Jesucristo, y, por tanto, obra el misterio de unidad entre nosotros, como comunidad participante del único Pan: “Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan”, nos dice San Pablo (1 Cor. 10,17). Como diócesis, venimos trabajando el valor de la comunión y de la misionariedad como ejes de nuestro caminar como Iglesia. Precisamente, qué don precioso sería comprender también vivencialmente que la Eucaristía es el sacramento de la comunión y de la misión, una Eucaristía celebrada y vivida, una Eucaristía que hace que nuestra vida sea transformada, en la justicia, paz y gozo en el Espíritu.


Hay situaciones muy difíciles, es cierto. E incluso, a veces, casi abrumadoras. Veamos esperanza. Si lo pedimos con confianza, el Señor nos dará una nueva primavera de la misión sacerdotal, y una nueva primavera pastoral. Como el amor es difusivo de sí mismo, será éste un Año para redescubrir la belleza y la importancia del sacerdocio y de cada sacerdote, y para rezar y trabajar sin descanso por el aumento, perseverancia y santificación de las vocaciones sacerdotales, como lo pide el Señor en el Evangelio: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt. 9, 37-38). Ya hemos visto un resurgir de las vocaciones sacerdotales.

El Papa Benedicto XVI ha querido “(…) invitar particularmente a los sacerdotes, en este Año dedicado a ellos, a percibir la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los Movimientos eclesiales y las nuevas Comunidades han contribuido positivamente”(5).

III

TESTIMONIO EVANGÉLICO EN LA VIDA SACERDOTAL, UN SIGNO DE LOS TIEMPOS

En la actualidad, diría, cual signo de los tiempos, necesitamos que los sacerdotes, con su vida y obras, manifiesten ante el mundo un auténtico testimonio evangélico, como nos refiere el Papa, recordando las palabras de un predecesor suyo: “Pablo VI ha observado oportunamente: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio"”(6). El llamado lo recibieron los Doce de parte de Jesús para que estuvieran con Él (cf. Mc 3, 14), aprendieran de Él, bebieran de sus palabras y vieran sus obras y su testimonio. Fue después de ello cuando los mandó a predicar. La carta del Papa llama también a los sacerdotes en nuestros días a asimilar el "nuevo estilo de vida" que el Señor Jesús inauguró y que los Apóstoles hicieron suyo”(7). Es el centro irradiador del testimonio.

De dicho centro irradiador proviene la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea, en su misión en el culto divino, como evangelizador y dinamizador de la vida eclesial. Cual prolongación y «sacramento» de Jesucristo, el Buen Pastor, el sacerdote ha de vivir su misión desde su espiritualidad sacerdotal, basada ésta en la vida interior y del ejercicio de las virtudes sacerdotales, del sentir con la Iglesia y de la corresponsabilidad asumida en la caridad pastoral. Desde este centro de nuestra misión veremos con renovada luz el valor inmenso del celibato sacerdotal, como lo decimos también en nuestro Plan: “Reafirmamos en nuestro Proyecto pastoral nuestra convicción en el motivo central del celibato como la entrega a Cristo y con él a la Iglesia, y constituyendo al mismo tiempo una forma de caridad pastoral que se hace consagración total y testimonio escatológico ante los hombres, bases muy sólidas para vivirlo gozosamente en la plenitud, como valor positivo del amor” .

Fidelidad de Cristo. Fidelidad a Cristo. Fidelidad a la Iglesia. En la Biblia, fidelidad, amor y verdad se identifican.

Este Año sacerdotal es Año de bendición. Que sea verdaderamente nuestro asumido programa de vida. Con la ayuda de la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre de la Iglesia. Y la intercesión piadosa del Santo Cura de Ars.

+Oscar D. Sarlinga


18 de junio de 2009

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1.CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Dei Verbum, Nº 4.
2.CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, Nº 1432.
3.OBISPADO DE ZÁRATE-CAMPANA, «Plan Pastoral diocesano», en www.obzaratecampana.com.ar
4.BENEDICTO XVI, Carta del Papa Benedicto los sacerdotes, en http://www.aica.org/index2.php?pag=2009aniosacerdotal). En adelante, «Carta del Papa…»
5.BENEDICTO XVI, «Carta del Papa».
6.BENEDICTO XVI, «Carta del Papa».
7.Cf BENEDICTO XVI, «Carta del Papa…»
8.OBISPADO DE ZÁRATE-CAMPANA, «Plan Pastoral Diocesano», en www.obzaratecampana.com.ar

lunes, 15 de junio de 2009

CORPUS CHRISTI en la diócesis de ZÁRATE-CAMPANA


La Fiesta del Corpus Christi fue celebrada en la diócesis en distintas parroquias, y de modo interparroquial en las ciudades de Campana, Zárate y Belén de Escobar.
En la ciudad de Campana, la celebración tuvo lugar el domingo 14, a las 10.30. Mons. Oscar D. Sarlinga estuvo presente, junto con el cura párroco de la Catedral, Pbro. Hugo Lovatto, el Rvdo P. Wilson Gomes párroco de la parroquia Ntra. Sra. del Carme, el P. Joaquin DJ, párroco de la parroquia Ntra. Sra. de Luján y de los Santos Apostoles Pedro y Pablo, y el Pbro. Nestor Villa y los vicarios de la catedral, los Pbros. Mauricio Aracena y Lucas Martínez.
Una gran cantidad de fieles laicos asistió a la celebración, en especial un grupo muy numeroso, entre ellos niños de la catequesis, venidos de la capilla San Martín de Porres. Luego de la Misa se realizo la procesión en las calles adyacentes al templo catedral de Santa Florentina.
En su homilía, Mons. Oscar Sarlinga dijo que si creemos, en el sentido más puro de la palabra, encontramos salvación, y el poder transformador de la fe, el poder de la Eucaristía será capaz de renovar verdaderamente el mundo y la Iglesia, a partir de la renovación de los corazones: el rencor, la acedia y el odio se desvanecerán, la violencia se transformará en energías de amor, y por lo tanto, la muerte en vida. La muerte ya ya sido vencida por la Resurrección gloriosa de Jesucristo –dijo-. Queda en nosotros los cristianos el recibir con fe y devoción los efectos inconmensurables de ese Amor; el odio, la envidia, la dispersión y el desinterés por el bien de los demás no pueden tener ya la última palabra. En cada acto del cristiano está presente la Resurrección. Este poder transformador, para retomar una expresión del Santo Padre Benedicto XVI, es como una «fisión nuclear llevada en lo más íntimo del ser», se trata de la victoria del amor sobre el odio, la victoria del amor sobre la muerte. Solamente esta íntima explosión del bien que vence al mal puede suscitar después la cadena de transformaciones que poco a poco cambiarán el mundo.
odos los demás cambios, al lado de esa fisión, son superficiales y carecen en sí de poder salvador. Por esto estamos aquí, por eso hablamos de «redención» y no simplemente de «energías espirituales», puesto que hemos recibido en lo más íntimo de nuestro ser la fuerza transformadora de la Redención de Cristo y podemos entrar en este magnífico dinamismo en y desde la fe, en y desde la aceptación de la Cruz Pascual. Jesús puede distribuir su Cuerpo, porqué se entrega realmente a sí mismo. Esta primera transformación fundamental de la violencia en amor, de la muerte en vida lleva consigo las demás transformaciones. Pan y vino se convierten en su Cuerpo y su Sangre. Llegados a este punto la transformación no puede detenerse, antes bien, es aquí donde debe comenzar plenamente. El Cuerpo y la Sangre de Cristo se nos dan para que a su vez nosotros mismos seamos transformados; este es el significado de la Fiesta del Corpus Christi. Nosotros mismos debemos llegar a ser Cuerpo de Cristo, sus consaguíneos. Todos comemos el único pan, y esto significa que entre nosotros llegamos a ser una sola cosa. La adoración, hemos dicho, llega a ser, de este modo, unión. Dios no solamente está frente a nosotros, como el Totalmente otro. Está dentro de nosotros, y nosotros estamos en Él. Su dinámica nos penetra y desde nosotros quiere propagarse a los demás y extenderse a todo el mundo, para que su amor sea realmente la medida dominante del mundo. Yo encuentro una alusión muy bella a este nuevo paso que la Última Cena nos indica con la diferente acepción de la palabra «adoración» en griego y en latín. La palabra griega es "proskynesis".
Significa el gesto de sumisión, el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, cuya norma aceptamos seguir. Significa que la libertad no quiere decir gozar de la vida, considerarse absolutamente autónomo, sino orientarse según la medida de la verdad y del bien, para llegar a ser, de esta manera, nosotros mismos, verdaderos y buenos. Este gesto es necesario, aun cuando nuestra ansia de libertad se resiste, en un primer momento, a esta perspectiva. Hacerla completamente nuestra será posible solamente en el segundo paso que nos presenta la Última Cena. La palabra latina adoración es ad-oratio, que etimológicamente significa contacto boca a boca, abrazo y, por tanto, en resumen, "amor" en el sentido más puro. La sumisión se hace unión, porque aquel al cual nos sometemos es Amor. Así la sumisión adquiere sentido, porque no nos impone cosas extrañas, sino que nos libera desde lo más íntimo de nuestro ser.
En la ciudad de Zárate el Corpus Christi tuvo mucha partipación de fieles y fue celebrado con dignidad y devoción, habiendo sido presididas las celebraciones por Mons. Ariel Pérez, cura párroco de Nuestra Señora del Carmen. En Belén de Escobar, como es tradicional, se realizó la procesión del Corpus alrededor de la plaza frente a la iglesia co-catedral y fue presidida por el Pbro. Atilio Rosatte, cura párroco de la parroquia de la Natividad.

viernes, 12 de junio de 2009

FIESTAS PATRONALES DE SAN ANTONIO DE ARECO, EN LA FESTIVIDAD DE SAN ANTONIO DE PADUA


FIESTAS PATRONALES DE SAN ANTONIO DE ARECO, EN LA FESTIVIDAD DE SAN ANTONIO DE PADUA

(sábado 13 de junio)

-El día domingo 14 se celebrarán las patronales del pueblo de Duggan-

La tradicional ciudad de San Antonio de Areco, perteneciente a nuestra diócesis de Zárate-Campana celebra una vez más sus Fiestas Patronales. El sábado 13 de junio el Sr. Obispo Mons. Oscar Sarlinga asiste a las fiestas patronales de San Antonio de Areco, en honor del santo patrono, San Antonio de Padua.

La iglesia matriz, de espléndido estilo neo-clásico y monumento nacional, pertenece al Obispado de Zárate-Campana y la parroquia está confiada a los Padres Palotinos (Sociedad del Apostolado Católico), por acuerdo de 6 años. El actual cura párroco (quien ejerce su misión desde 2003) es el P. Santiago Whelan, S.A.C.

Dentro de los festejos patronales destaca, por la tarde, un importante «encuentro coral», a saber: * Coro St. Gregory´s College (de Vicente López, cuyo Director es Diego Sarquis), el * Coro de Madres del Río de la Plata (de Buenos Aires, cuya Directora es Vicky Paz), el * Coro de la Catedral de San Isidro y el Coro del Club Náutico de San Isidro (cuyo Director es Gustavo Felice). Estos 2 últimos coros de la ciudad de San Isidro, se unirán para interpretar la Misa Criolla (de Ariel Ramírez) en versión completa, con músicos y solistas vocales invitados.


EL SANTO PATRONO

San Antonio nació en Lisboa (Portugal) en 1195. A los 27 años se hizo franciscano y tomó el nombre de Antonio, en recuerdo de San Antonio Abad. Fue a evangelizar al Africa pero el clima y el trabajo lo enfermaron. Se embarcó para España pero una tempestad lo llevó a Italia. Allí y en Francia predicó previniendo a la gente para que no se dejara engañar por los herejes albigenses.

Fijó su residencia en Padua, ciudad universitaria. Allí consiguió los mejores frutos de sus sermones y adquirió una fama inmensa. León XIII lo llamó "el santo de todo el mundo", porque su imagen y su devoción se encuentran por todas partes.

Fue un evangelizador incansable. Repetía que el gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer pero no vivir de acuerdo con lo que se cree. Los favores que consigue son inmensos. Es más amado e invocado por el pueblo humilde que ve en él un protector de los pobres y necesitados.

Murió el 13 de junio de 1231, a los 35 años.

La ciudad de Padua ha conservado sus restos con enorme devoción durante más de siete siglos, construyéndole una bellísima basílica. Dios quiso glorificar su sepulcro obrando allí infinidad de milagros. El Papa Gregorio XI lo declaró santo al año de muerto. Pío XII lo declaró "Doctor Evangélico".

PROGRAMACIÓN DE LAS FIESTAS PATRONALES (Iglesia Católica) Y FIESTA DE LA CIUDAD (organizada por el Municipio)

P r o g r a m a c i ó n Plaza Ruiz de Arellano
9:30 – Izamiento de la Bandera Nacional –
Homenaje y ofrenda floral en la placa a los primeros vecinos.

10:00 - Procesión con la imagen de San Antonio de Padua, presidida por el Sr. Obispo con la participación de los sacerdotes de la ciudad.

Iglesia de San Antonio 10:30 - Misa en Acción de Gracias a San Antonio de Padua, presidida por el Sr. Obispo, concelebrada por el cura párroco, P. Santiago Whelan y sacerdotes de la ciudad, contando con la asistencia del Coral San Antonio.

Plaza Ruiz de Arellano 11:30 - Inauguración Festejos Patronales, recorrida a la plaza, inauguración de la kermessey presentación de la exposición de artesanos.

12:00 - Apertura de las cantinas de las escuelas Nº 1, Nº 4, Nº 5 y Jardín de Infantes El Duende Azul.

12:40 - Presentación de danzas tradicionales con la Escuela Municipal de Danzas “R. Güiraldes”.

13:30 - Música en la rotonda de la plaza 14:15 - Simultánea de Ajedrez en el atrio de la Iglesia. - Exposición plástica por la Escuela de Bellas Artes y Taller municipal de artes plásticas en la plaza.

15:00 - Presentación de Usos y costumbres. - Encuentro literario con la Asociación de Escritores de San Antonio de Areco.

15:30 - Búsqueda del Tesoro. 15:45 – Músicos. Encuentro coral –tres agrupaciones-
17:30 - Música en la rotonda de la plaza
18:15 - Banda musical. 19:00 - Fuegos Artificiales

Domingo 14 - desde las 9:30 hs.

Ruta Nac. Nº 8, ramal Pilar, Km. 129, San Antonio de Areco 10ª Fiesta Patronal de Duggan Declarada de Interés Turístico Provincial. Duggan, “Pueblo de labradores” se prepara para recibir a los participantes con una gran celebración en homenaje a su Santo Patrono, y fiestas camperas.

martes, 9 de junio de 2009

EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN LA DIÓCESIS DESDE LA SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS HASTA LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

En la solemnidad de Pentecostés la diócesis tuvo el gozo de la celebración del sacramento de la confirmación en la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias (Pilar) y en la Comunidad del Cenáculo (Parque Sakura, partido de Exaltación de la Cruz). Ambas dos celebraciones, presididas por el Sr. Obispo, contaron con la presencia de gran cantidad de fieles, y en el caso de la parroquia de las Gracias, con la presencia y animación de su cura párroco, Pbro. Fernando Crevatin, y de los laicos y laicas que están preparándose para la conformación del consejo pastoral (con los cuales el Sr. Obispo mantuvo un diálogo muy animado al terminar la celebración, junto con el P. Crevatin). En el Cenáculo hubo fiesta (es como "la fiesta patronal" de la comunidad), con una serie de actividades durante el día, que culminaron con la misa presidida por Mons. Sarlinga, con participación de numerosos sacerdotes, de cerca de 400 fieles laicos, durante la cual se administró el sacramento de la confirmación.

Hubo celebración de confirmaciones asimismo en San Antonio de Areco el día Domingo 31 de Mayo por la tarde, presididas por Mons. Santiago Herrera, pro-vicario general, y en Capilla del Señor una semana después, el Sábado 6 de Junio también por la tarde, presididas por Mons. Edgaro Galuppo, vicario general.
El sábado en las vísperas de la solemnidad de la Santísima Trinidad, el Sr. Obispo fue a la parroquia de la Beata Teresa de Calcutta, donde el cura párroco, Pbro. Eduardo Carrozo, las catequistas y laicos comprometidos habían preparado una estupenda ceremonia, en la cual fueron confirmados 30 jóvenes de la comunidad parroquial. La celebración estuvo precedida por un encuentro fraterno durante la tarde, fue festiva y manifestó el intenso trabajo pastoral de la comunidad parroquial, guiada por su pastor.

Han sido acontecimientos de gracia en nuestra diócesis. En Pentecostés viene el Espíritu Santo y nace la Iglesia. La Iglesia es la comunidad de los que han «nacido de lo alto», "de agua y Espíritu", como dice el evangelio de san Juan (cf. Jn 3, 3. 5). La comunidad cristiana no es, ante todo, el resultado de la libre decisión de los creyentes; en su origen está primariamente la iniciativa gratuita del amor de Dios, que otorga el don del Espíritu Santo. La adhesión de la fe a este don de amor es «respuesta» a la gracia, y la misma adhesión es suscitada por la gracia. Así pues, entre el Espíritu Santo y la Iglesia existe un vínculo profundo e insoluble. A este respecto, dice san Ireneo: «Donde está la Iglesia, ahí está también el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu del Señor, ahí está la Iglesia y toda gracia» (Adv. haer., III, 24, 1). Se comprende, entonces, la atrevida expresión de san Agustín: «Poseemos el Espíritu Santo, si amamos a la Iglesia» (In Io., 32, 8).

El relato del acontecimiento de Pentecostés subraya que la Iglesia nace universal: éste es el sentido de la lista de los pueblos —partos, medos, elamitas... (cf. Hch 2, 9-11)— que escuchan el primer anuncio hecho por Pedro. El Espíritu Santo es donado a todos los hombres, de cualquier raza y nación, y realiza en ellos la nueva unidad del Cuerpo místico de Cristo. San Juan Crisóstomo pone de relieve la comunión llevada a cabo por el Espíritu Santo, con este ejemplo concreto: «Quien vive en Roma sabe que los habitantes de la India son sus miembros» (In Io., 65, 1: PG 59, 361).

Del hecho de que el Espíritu Santo es «la nueva alianza» deriva que la obra de la tercera Persona de la santísima Trinidad consiste en hacer presente al Señor resucitado y con él a Dios Padre. En efecto, el Espíritu realiza su acción salvífica haciendo inmediata la presencia de Dios. En esto consiste la alianza nueva y eterna: Dios ya se ha puesto al alcance de cada uno de nosotros. En cierto sentido, cada uno, «del más chico al más grande» (Jr 31, 34), goza del conocimiento directo del Señor, como leemos en la primera carta de san Juan: «en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas —y es verdadera y no mentirosa— según os enseñó, permaneced en él» (1 Jn 2, 27). Así se cumple la promesa que hizo Jesús a sus discípulos durante la última cena: «El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn 14, 26).