lunes, 29 de junio de 2009

ENCENDIMIENTO DE LA LLAMA VOTIVA DE LA FE JUNTO A LA IMAGEN DEL APÓSTOL SAN PABLO EN LA CLAUSURA DEL AÑO PAULINO.


Como había sido anunciado por el secretariado de comunicación institucional del Obispado y asimismo en la última edición de AICA, el Año Paulino Jubilar fue clausurado solemnemente el sábado 27 de junio, en horas vespertinas, en la iglesia de San José, llamada «de los peregrinos» en el predio del Movimiento de Schoenstatt, del partido de Escobar. Dicho acontecimiento, que en el inicio formaba parte de un díptico junto con la iglesia catedral de Santa Florentina, se convirtió en acto de cierre del mencionado Año, debido a que el encuentro diocesano en Campana, en el atrio y plaza, debió ser suspendido a causa del acto eleccionario nacional del día 29, razón por lo cual el Obispo solicitó a los curas párrocos que hicieran solemne acto de clausura en sus respectivas parroquias. En la iglesia catedral de Santa Florentina la solemne clausura la realizó el cura párroco, Pbro. Hugo Lovatto, en el templo.

La iglesia de San José, la tercera más amplia en la diócesis, se encontró repleta de fieles laicos. En una tarde fría, la calidez de compartir ese momento de fe y amor llenó los corazones. La procesión comenzó junto al "Santuario" de la Mater ter admirabilis, adonde concurrió la multitud de fieles y los concelebrantes, todos los cuales, luego, vinieron junto con el Obispo hasta el frente de la nueva Iglesia (consagrada el 29 de junio del pasado año) donde Mons. Oscar Sarlinga procedió a bendecir las dos nuevas estatuas de los Apóstoles Pedro y Pablo que ornan el frente del templo. La misa fue concelebrada por Mons. Edgardo Galuppo, Mons. Santiago Herrera, el P. el Obispo procedió a bendecir las dos nuevas estatuas de los Apóstoles Pedro y Pablo que ornan el frente de la Iglesia (que fue consagrada por el Obispo el 29 de junio del pasado año). La misa fue concelebrada por Mons. Edgardo Galuppo, Mons. Santiago Herrera, el P. (superior), el P. Benjamín Pereyra, se encontraban tambien Mons. Marcelo Monteagudo, el P. Claudio Carusso, el P. Superior, Juan Pablo Catoggio, el Asesor diocesano del Movimiento, Pbro. Benjamín Pereira, y los sacerdotes Nicolas Guidi, Claudio Caruso, Pablo Iriarte y Mauricio Aracena. Del movimiento de Schoenstatt se encontraban la Superiora Regional del Instituto Nuestra Señora de Schoenstatt: María Augusta Landgraf, y miembros del Instituto de las Hermanas de María. Asistió a la eucaristía el Seminario diocesano "San Pedro y San Pablo".

Antes de concluir la misa, el Obispo dejó encendida una llama votiva junto a la imagen de San Pablo, que es aquélla que fue hecha pintar al inicio del Año Paulino Jubilar, y que ha ido recorriendo los distintos eventos y celebraciones diocesanas, tales como celebraciones patronales, conferencias, actos ecuménicos, encuentros de diálogo interreligioso, así como las celebraciones de clausura de las misiones juveniles que se realizaron en las parroquias.
Luego de la celebración eucarística se tuvo un ágape fraterno y a continuación todos los concurrentes fueron invitados a escuchar un concierto del eximio pianista chileno eximio pianista chileno Felipe Browne.

En su homilía Mons. Sarlinga expresó que “el Año Paulino dejaba un entusiasmo espiritual a seguir caminando con Cristo, el Señor, con el mismo San Pablo, el Apóstol de las gentes, esto es, a caminar en el Espíritu y a mantener encendida la llama de la fe transformadora de los corazones y centro irradiador de la evangelización”.

Recordó también que, en la Apertura del Año Paulino, el Papa Benedicto XVI había subrayado “(…) cómo en la expresión paulina «todos ustedes son uno en Jesucristo» reside la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, la revolución más profunda de la historia humana, que se experimenta en torno a la Eucaristía”

Mencionó también que uno de los frutos de este Año Jubilar debía ser la profundización de la «conversión pastoral» de la que habla el Documento de Aparecida, y que esta conversión espiritual “(…) comporta, por tanto, dejar de buscarse exclusivamente o principalmente a sí mismo, sino, en el decir del Apóstol, «revestirse de Cristo» y entregarse a Él, caminando en una «vida nueva» (Cf Rm 6, 3s)”. Acerca de la vida nueva, dijo que San Pablo, en Rm. 12,2 habla de «renovación», como en Ef. 4,23. Se refiere a un progreso interior, espiritual, típico de la dinámica bautismal.

Dijo también que, más allá de las cualidades de sus miembros, “la Iglesia es santa: «una, santa, católica y apostólica», siendo ésta una verdad primera de nuestra fe; y la Iglesia es santa porque, también en el decir de San Pablo, «Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla, purificándola con el baño del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, santa e inmaculada» (Ef 5,25-27)”.

El Obispo hizo alusión también a la reciente carta del Santo Padre (Carta de Su Santidad del 10 de marzo de 2009), en la que aludía al pasaje de la carta a los Gálatas (5,13-15), que el Papa relacionó con el momento actual, acerca de la visión cristiana de la libertad, de la plenitud de la ley y de la necesidad de la concordia: "No una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: Amarás al prójimo como a ti mismo. Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente". Dijo también que el Santo Padre se había preguntado, en dicha carta: “¿Sorprende acaso que tampoco nosotros seamos mejores que los Gálatas? Que ¿quizás estemos amenazados por las mismas tentaciones? ¿Que debamos aprender nuevamente el justo uso de la libertad? ¿Y que una y otra vez debamos aprender la prioridad suprema: el amor?”, a partir de lo cual exhortó “a vivir en la concordia y en la responsabilidad, para trabajar juntos en la construcción de fundamentos morales y espirituales, porque Jesús nos trajo Vida, y Vida en abundancia”. “San Pablo, continuó, y con él, todo cristiano, contempla al Hijo de Dios como Aquel que murió por amor nuestro y también como Aquel que se hace efectivamente en su vida, tanto como en la nuestra: «vivo, pero ya no vivo yo, sino que «Cristo vive en mí» (Gal 2, 20)”.

domingo, 21 de junio de 2009

MENSAJE DEL OBISPO CON MOTIVO DEL INICIO DEL AÑO SACERDOTAL CONVOCADO POR EL SANTO PADRE

Queridos sacerdotes

Queridos hermanos y hermanas todos de esta diócesis de Zárate-CampanaEl lema señalado por el Papa para motivar a una vivencia profunda del sacerdote a lo largo de este tiempo es: “FIDELIDAD DE CRISTO, FIDELIDAD DEL SACERDOTE”. El día 19 de junio, celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Un servidor lo hará en la iglesia catedral de Santa Florentina, en Campana, junto con los sacerdotes de la misma catedral y del Obispado. Cada uno de los sacerdotes lo hará en sus respectivas parroquias, o en las iglesias adscriptas a sus respectivos movimientos o asociaciones de fieles. El Santo Cura de Ars, puesto como modelo de sacerdote por el Santo Padre, intercederá en todo momento por nosotros.

Para nuestra diócesis, a la que hemos consagrado solemnemente al Sagrado Corazón de Jesús el 9 de mayo próximo pasado, esta fiesta adquiere una relevancia especial, pues nos convoca como Iglesia particular, en unión con la Iglesia universal a vivir el infinito amor del Corazón del Hijo de Dios, que nos da a conocer plenamente al Padre, porque “Él (Jesucristo) con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa Resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio divino”(1). Es la ocasión propicia para pedir a Dios, con gran confianza, con amor filial: «SEÑOR SANTO Y FIEL, DANOS LA GRACIA DE LA FIDELIDAD», porque todo lo bueno y santo lo tenemos de su gracia y de nuestra aceptación, a la manera como San Pablo nos dice: “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Cor. 15,10). Casi al término del Año Paulino Jubilar, con multitud de gracias recibidas, pedimos particularmente el don de vivir nuestro sacerdocio con alegría, renovada esperanza y espíritu evangelizador, siendo lo que somos, sacerdotes de Jesucristo.

I

EL SACERDOTE VIVE DEL CORAZÓN DE CRISTO

El Corazón de Cristo es signo del gran amor que Dios tiene por todos nosotros. Es fuente de conversión. Recibir «juntos» ese don, requiere de conversión porque la unidad no se da sin conversión de los corazones. Rogamos que, contemplando el Rostro de Cristo, sea para nosotros fuente de conversión pastoral, porque “(…) el corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron”(2).

Sin Corazón de Cristo no hay dinamismo evangelizador. El dinamismo de la evangelización se alimenta de la acogida del Evangelio como Palabra que salva, de la Presencia vivificadora de Jesucristo, en el Espíritu, de la Presencia y acción de su Cuerpo, que es la Iglesia. Aunque sea algo que ya sabemos, dejemos entrar en el corazón nuestro, todavía más que en nuestra mente, lo que significa: «Eucaristía, Fuente y Culmen». En nuestro Plan Pastoral así lo hemos asumido: “De todo ello, la EUCARISTÍA es la plenitud. El mismo Señor dijo: "Yo soy el pan de la Vida" (Jn 6, 35). Y Eucaristía dice relación estrecha con caridad, vida cristiana efectivamente vivida, en lo personal y como Iglesia. Nuestro Papa Benedicto XVI, en «Sacramentum caritatis», hizo esa relación fundamental (…) con (…) Deus caritas est". Por esto, la «Sacramentum caritatis», iluminadora para nosotros y nuestro Plan pastoral, posee (…) una visión en la cual "la celebración eucarística aparece aquí con toda su fuerza como fuente y culmen de la existencia eclesial"”(3).

No ignoramos el obrar de males y obscuridades en nuestro derredor (los cuales, quizá, algunas veces hagan triste acto de presencia también dentro de nosotros). Pero Dios que se hizo Hombre ha vencido todo mal, no hay obstáculo que se contraponga a su gracia, si somos dóciles a Él, que es el Señor. El Santo Padre nos lo afirma también: “A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: "En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33). La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro”(4).

La esperanza y la confianza no defraudan. Lejos de una mirada rutinaria que puede nublar nuestros ojos, lejos también de cierta desconsideración, que puede obnubilar, será la virtud de la humildad la que nos ayudará a ensanchar el corazón y la mente y nos moverá a hacer un «espacio profundo» dentro de nosotros mismos, a los fines de «recibir en la escucha» lo que el Espíritu nos dice, a través de quienes hacen sus veces, en la convocación de este providencial Año Sacerdotal. El Señor es fiel; si somos dóciles a Él, nada nos quitará la fuerza para mirar con confianza la realidad de nuestro ministerio y la sed de Dios de nuestro pueblo. El sacerdote vive del Corazón de Cristo. Se trata de purificar nuestro espíritu, en absoluto desde el miedo, sino desde el «temor de Dios», que es Don del Espíritu Santo, y desde el Don de la «piedad» en su sentido más pleno.

Temor de Dios, y piedad, ¡tan relacionados con la virtud teologal de la esperanza!.

II
SACERDOTE DE CRISTO PARA LA EUCARISTÍA EN UNA NUEVA PRIMAVERA

El Año Sacerdotal está llamado entonces a contribuir a la intensificación de la verdadera identidad sacerdotal y de los medios que la alimentan. Como lo hemos dicho, en la verdad y desde la humildad: “Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado” (Lc. 18, 14). El sacerdocio es un Don que hemos recibido, para darle gloria al Señor, por el bien de su Pueblo que es la Iglesia. San Pablo nos dice: “Qué tienes que no hayas recibido?” (2 Cor. 4,7).

En la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo queremos renovar el carisma recibido, el Don que Jesús nos entregó en el momento de su muerte: su Cuerpo y su Sangre, don entregado como pan de vida bajado del cielo: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn. 6, 51).

La Iglesia hace la Eucaristía. La Eucaristía hace la Iglesia. Renovar y dar nuevas fuerzas a nuestro sentido eclesial será también una gracia. Más que «autorreferencia» se trata de profundizar en identidad y misión. La Eucaristía es el sacramento de la comunión cristiana; es el sacramento de la comunión, que realiza la unidad de cada uno de nosotros con Jesucristo, y, por tanto, obra el misterio de unidad entre nosotros, como comunidad participante del único Pan: “Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan”, nos dice San Pablo (1 Cor. 10,17). Como diócesis, venimos trabajando el valor de la comunión y de la misionariedad como ejes de nuestro caminar como Iglesia. Precisamente, qué don precioso sería comprender también vivencialmente que la Eucaristía es el sacramento de la comunión y de la misión, una Eucaristía celebrada y vivida, una Eucaristía que hace que nuestra vida sea transformada, en la justicia, paz y gozo en el Espíritu.


Hay situaciones muy difíciles, es cierto. E incluso, a veces, casi abrumadoras. Veamos esperanza. Si lo pedimos con confianza, el Señor nos dará una nueva primavera de la misión sacerdotal, y una nueva primavera pastoral. Como el amor es difusivo de sí mismo, será éste un Año para redescubrir la belleza y la importancia del sacerdocio y de cada sacerdote, y para rezar y trabajar sin descanso por el aumento, perseverancia y santificación de las vocaciones sacerdotales, como lo pide el Señor en el Evangelio: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt. 9, 37-38). Ya hemos visto un resurgir de las vocaciones sacerdotales.

El Papa Benedicto XVI ha querido “(…) invitar particularmente a los sacerdotes, en este Año dedicado a ellos, a percibir la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los Movimientos eclesiales y las nuevas Comunidades han contribuido positivamente”(5).

III

TESTIMONIO EVANGÉLICO EN LA VIDA SACERDOTAL, UN SIGNO DE LOS TIEMPOS

En la actualidad, diría, cual signo de los tiempos, necesitamos que los sacerdotes, con su vida y obras, manifiesten ante el mundo un auténtico testimonio evangélico, como nos refiere el Papa, recordando las palabras de un predecesor suyo: “Pablo VI ha observado oportunamente: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio"”(6). El llamado lo recibieron los Doce de parte de Jesús para que estuvieran con Él (cf. Mc 3, 14), aprendieran de Él, bebieran de sus palabras y vieran sus obras y su testimonio. Fue después de ello cuando los mandó a predicar. La carta del Papa llama también a los sacerdotes en nuestros días a asimilar el "nuevo estilo de vida" que el Señor Jesús inauguró y que los Apóstoles hicieron suyo”(7). Es el centro irradiador del testimonio.

De dicho centro irradiador proviene la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea, en su misión en el culto divino, como evangelizador y dinamizador de la vida eclesial. Cual prolongación y «sacramento» de Jesucristo, el Buen Pastor, el sacerdote ha de vivir su misión desde su espiritualidad sacerdotal, basada ésta en la vida interior y del ejercicio de las virtudes sacerdotales, del sentir con la Iglesia y de la corresponsabilidad asumida en la caridad pastoral. Desde este centro de nuestra misión veremos con renovada luz el valor inmenso del celibato sacerdotal, como lo decimos también en nuestro Plan: “Reafirmamos en nuestro Proyecto pastoral nuestra convicción en el motivo central del celibato como la entrega a Cristo y con él a la Iglesia, y constituyendo al mismo tiempo una forma de caridad pastoral que se hace consagración total y testimonio escatológico ante los hombres, bases muy sólidas para vivirlo gozosamente en la plenitud, como valor positivo del amor” .

Fidelidad de Cristo. Fidelidad a Cristo. Fidelidad a la Iglesia. En la Biblia, fidelidad, amor y verdad se identifican.

Este Año sacerdotal es Año de bendición. Que sea verdaderamente nuestro asumido programa de vida. Con la ayuda de la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre de la Iglesia. Y la intercesión piadosa del Santo Cura de Ars.

+Oscar D. Sarlinga


18 de junio de 2009

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1.CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Dei Verbum, Nº 4.
2.CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, Nº 1432.
3.OBISPADO DE ZÁRATE-CAMPANA, «Plan Pastoral diocesano», en www.obzaratecampana.com.ar
4.BENEDICTO XVI, Carta del Papa Benedicto los sacerdotes, en http://www.aica.org/index2.php?pag=2009aniosacerdotal). En adelante, «Carta del Papa…»
5.BENEDICTO XVI, «Carta del Papa».
6.BENEDICTO XVI, «Carta del Papa».
7.Cf BENEDICTO XVI, «Carta del Papa…»
8.OBISPADO DE ZÁRATE-CAMPANA, «Plan Pastoral Diocesano», en www.obzaratecampana.com.ar

lunes, 15 de junio de 2009

CORPUS CHRISTI en la diócesis de ZÁRATE-CAMPANA


La Fiesta del Corpus Christi fue celebrada en la diócesis en distintas parroquias, y de modo interparroquial en las ciudades de Campana, Zárate y Belén de Escobar.
En la ciudad de Campana, la celebración tuvo lugar el domingo 14, a las 10.30. Mons. Oscar D. Sarlinga estuvo presente, junto con el cura párroco de la Catedral, Pbro. Hugo Lovatto, el Rvdo P. Wilson Gomes párroco de la parroquia Ntra. Sra. del Carme, el P. Joaquin DJ, párroco de la parroquia Ntra. Sra. de Luján y de los Santos Apostoles Pedro y Pablo, y el Pbro. Nestor Villa y los vicarios de la catedral, los Pbros. Mauricio Aracena y Lucas Martínez.
Una gran cantidad de fieles laicos asistió a la celebración, en especial un grupo muy numeroso, entre ellos niños de la catequesis, venidos de la capilla San Martín de Porres. Luego de la Misa se realizo la procesión en las calles adyacentes al templo catedral de Santa Florentina.
En su homilía, Mons. Oscar Sarlinga dijo que si creemos, en el sentido más puro de la palabra, encontramos salvación, y el poder transformador de la fe, el poder de la Eucaristía será capaz de renovar verdaderamente el mundo y la Iglesia, a partir de la renovación de los corazones: el rencor, la acedia y el odio se desvanecerán, la violencia se transformará en energías de amor, y por lo tanto, la muerte en vida. La muerte ya ya sido vencida por la Resurrección gloriosa de Jesucristo –dijo-. Queda en nosotros los cristianos el recibir con fe y devoción los efectos inconmensurables de ese Amor; el odio, la envidia, la dispersión y el desinterés por el bien de los demás no pueden tener ya la última palabra. En cada acto del cristiano está presente la Resurrección. Este poder transformador, para retomar una expresión del Santo Padre Benedicto XVI, es como una «fisión nuclear llevada en lo más íntimo del ser», se trata de la victoria del amor sobre el odio, la victoria del amor sobre la muerte. Solamente esta íntima explosión del bien que vence al mal puede suscitar después la cadena de transformaciones que poco a poco cambiarán el mundo.
odos los demás cambios, al lado de esa fisión, son superficiales y carecen en sí de poder salvador. Por esto estamos aquí, por eso hablamos de «redención» y no simplemente de «energías espirituales», puesto que hemos recibido en lo más íntimo de nuestro ser la fuerza transformadora de la Redención de Cristo y podemos entrar en este magnífico dinamismo en y desde la fe, en y desde la aceptación de la Cruz Pascual. Jesús puede distribuir su Cuerpo, porqué se entrega realmente a sí mismo. Esta primera transformación fundamental de la violencia en amor, de la muerte en vida lleva consigo las demás transformaciones. Pan y vino se convierten en su Cuerpo y su Sangre. Llegados a este punto la transformación no puede detenerse, antes bien, es aquí donde debe comenzar plenamente. El Cuerpo y la Sangre de Cristo se nos dan para que a su vez nosotros mismos seamos transformados; este es el significado de la Fiesta del Corpus Christi. Nosotros mismos debemos llegar a ser Cuerpo de Cristo, sus consaguíneos. Todos comemos el único pan, y esto significa que entre nosotros llegamos a ser una sola cosa. La adoración, hemos dicho, llega a ser, de este modo, unión. Dios no solamente está frente a nosotros, como el Totalmente otro. Está dentro de nosotros, y nosotros estamos en Él. Su dinámica nos penetra y desde nosotros quiere propagarse a los demás y extenderse a todo el mundo, para que su amor sea realmente la medida dominante del mundo. Yo encuentro una alusión muy bella a este nuevo paso que la Última Cena nos indica con la diferente acepción de la palabra «adoración» en griego y en latín. La palabra griega es "proskynesis".
Significa el gesto de sumisión, el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, cuya norma aceptamos seguir. Significa que la libertad no quiere decir gozar de la vida, considerarse absolutamente autónomo, sino orientarse según la medida de la verdad y del bien, para llegar a ser, de esta manera, nosotros mismos, verdaderos y buenos. Este gesto es necesario, aun cuando nuestra ansia de libertad se resiste, en un primer momento, a esta perspectiva. Hacerla completamente nuestra será posible solamente en el segundo paso que nos presenta la Última Cena. La palabra latina adoración es ad-oratio, que etimológicamente significa contacto boca a boca, abrazo y, por tanto, en resumen, "amor" en el sentido más puro. La sumisión se hace unión, porque aquel al cual nos sometemos es Amor. Así la sumisión adquiere sentido, porque no nos impone cosas extrañas, sino que nos libera desde lo más íntimo de nuestro ser.
En la ciudad de Zárate el Corpus Christi tuvo mucha partipación de fieles y fue celebrado con dignidad y devoción, habiendo sido presididas las celebraciones por Mons. Ariel Pérez, cura párroco de Nuestra Señora del Carmen. En Belén de Escobar, como es tradicional, se realizó la procesión del Corpus alrededor de la plaza frente a la iglesia co-catedral y fue presidida por el Pbro. Atilio Rosatte, cura párroco de la parroquia de la Natividad.

viernes, 12 de junio de 2009

FIESTAS PATRONALES DE SAN ANTONIO DE ARECO, EN LA FESTIVIDAD DE SAN ANTONIO DE PADUA


FIESTAS PATRONALES DE SAN ANTONIO DE ARECO, EN LA FESTIVIDAD DE SAN ANTONIO DE PADUA

(sábado 13 de junio)

-El día domingo 14 se celebrarán las patronales del pueblo de Duggan-

La tradicional ciudad de San Antonio de Areco, perteneciente a nuestra diócesis de Zárate-Campana celebra una vez más sus Fiestas Patronales. El sábado 13 de junio el Sr. Obispo Mons. Oscar Sarlinga asiste a las fiestas patronales de San Antonio de Areco, en honor del santo patrono, San Antonio de Padua.

La iglesia matriz, de espléndido estilo neo-clásico y monumento nacional, pertenece al Obispado de Zárate-Campana y la parroquia está confiada a los Padres Palotinos (Sociedad del Apostolado Católico), por acuerdo de 6 años. El actual cura párroco (quien ejerce su misión desde 2003) es el P. Santiago Whelan, S.A.C.

Dentro de los festejos patronales destaca, por la tarde, un importante «encuentro coral», a saber: * Coro St. Gregory´s College (de Vicente López, cuyo Director es Diego Sarquis), el * Coro de Madres del Río de la Plata (de Buenos Aires, cuya Directora es Vicky Paz), el * Coro de la Catedral de San Isidro y el Coro del Club Náutico de San Isidro (cuyo Director es Gustavo Felice). Estos 2 últimos coros de la ciudad de San Isidro, se unirán para interpretar la Misa Criolla (de Ariel Ramírez) en versión completa, con músicos y solistas vocales invitados.


EL SANTO PATRONO

San Antonio nació en Lisboa (Portugal) en 1195. A los 27 años se hizo franciscano y tomó el nombre de Antonio, en recuerdo de San Antonio Abad. Fue a evangelizar al Africa pero el clima y el trabajo lo enfermaron. Se embarcó para España pero una tempestad lo llevó a Italia. Allí y en Francia predicó previniendo a la gente para que no se dejara engañar por los herejes albigenses.

Fijó su residencia en Padua, ciudad universitaria. Allí consiguió los mejores frutos de sus sermones y adquirió una fama inmensa. León XIII lo llamó "el santo de todo el mundo", porque su imagen y su devoción se encuentran por todas partes.

Fue un evangelizador incansable. Repetía que el gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer pero no vivir de acuerdo con lo que se cree. Los favores que consigue son inmensos. Es más amado e invocado por el pueblo humilde que ve en él un protector de los pobres y necesitados.

Murió el 13 de junio de 1231, a los 35 años.

La ciudad de Padua ha conservado sus restos con enorme devoción durante más de siete siglos, construyéndole una bellísima basílica. Dios quiso glorificar su sepulcro obrando allí infinidad de milagros. El Papa Gregorio XI lo declaró santo al año de muerto. Pío XII lo declaró "Doctor Evangélico".

PROGRAMACIÓN DE LAS FIESTAS PATRONALES (Iglesia Católica) Y FIESTA DE LA CIUDAD (organizada por el Municipio)

P r o g r a m a c i ó n Plaza Ruiz de Arellano
9:30 – Izamiento de la Bandera Nacional –
Homenaje y ofrenda floral en la placa a los primeros vecinos.

10:00 - Procesión con la imagen de San Antonio de Padua, presidida por el Sr. Obispo con la participación de los sacerdotes de la ciudad.

Iglesia de San Antonio 10:30 - Misa en Acción de Gracias a San Antonio de Padua, presidida por el Sr. Obispo, concelebrada por el cura párroco, P. Santiago Whelan y sacerdotes de la ciudad, contando con la asistencia del Coral San Antonio.

Plaza Ruiz de Arellano 11:30 - Inauguración Festejos Patronales, recorrida a la plaza, inauguración de la kermessey presentación de la exposición de artesanos.

12:00 - Apertura de las cantinas de las escuelas Nº 1, Nº 4, Nº 5 y Jardín de Infantes El Duende Azul.

12:40 - Presentación de danzas tradicionales con la Escuela Municipal de Danzas “R. Güiraldes”.

13:30 - Música en la rotonda de la plaza 14:15 - Simultánea de Ajedrez en el atrio de la Iglesia. - Exposición plástica por la Escuela de Bellas Artes y Taller municipal de artes plásticas en la plaza.

15:00 - Presentación de Usos y costumbres. - Encuentro literario con la Asociación de Escritores de San Antonio de Areco.

15:30 - Búsqueda del Tesoro. 15:45 – Músicos. Encuentro coral –tres agrupaciones-
17:30 - Música en la rotonda de la plaza
18:15 - Banda musical. 19:00 - Fuegos Artificiales

Domingo 14 - desde las 9:30 hs.

Ruta Nac. Nº 8, ramal Pilar, Km. 129, San Antonio de Areco 10ª Fiesta Patronal de Duggan Declarada de Interés Turístico Provincial. Duggan, “Pueblo de labradores” se prepara para recibir a los participantes con una gran celebración en homenaje a su Santo Patrono, y fiestas camperas.

martes, 9 de junio de 2009

EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN LA DIÓCESIS DESDE LA SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS HASTA LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

En la solemnidad de Pentecostés la diócesis tuvo el gozo de la celebración del sacramento de la confirmación en la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias (Pilar) y en la Comunidad del Cenáculo (Parque Sakura, partido de Exaltación de la Cruz). Ambas dos celebraciones, presididas por el Sr. Obispo, contaron con la presencia de gran cantidad de fieles, y en el caso de la parroquia de las Gracias, con la presencia y animación de su cura párroco, Pbro. Fernando Crevatin, y de los laicos y laicas que están preparándose para la conformación del consejo pastoral (con los cuales el Sr. Obispo mantuvo un diálogo muy animado al terminar la celebración, junto con el P. Crevatin). En el Cenáculo hubo fiesta (es como "la fiesta patronal" de la comunidad), con una serie de actividades durante el día, que culminaron con la misa presidida por Mons. Sarlinga, con participación de numerosos sacerdotes, de cerca de 400 fieles laicos, durante la cual se administró el sacramento de la confirmación.

Hubo celebración de confirmaciones asimismo en San Antonio de Areco el día Domingo 31 de Mayo por la tarde, presididas por Mons. Santiago Herrera, pro-vicario general, y en Capilla del Señor una semana después, el Sábado 6 de Junio también por la tarde, presididas por Mons. Edgaro Galuppo, vicario general.
El sábado en las vísperas de la solemnidad de la Santísima Trinidad, el Sr. Obispo fue a la parroquia de la Beata Teresa de Calcutta, donde el cura párroco, Pbro. Eduardo Carrozo, las catequistas y laicos comprometidos habían preparado una estupenda ceremonia, en la cual fueron confirmados 30 jóvenes de la comunidad parroquial. La celebración estuvo precedida por un encuentro fraterno durante la tarde, fue festiva y manifestó el intenso trabajo pastoral de la comunidad parroquial, guiada por su pastor.

Han sido acontecimientos de gracia en nuestra diócesis. En Pentecostés viene el Espíritu Santo y nace la Iglesia. La Iglesia es la comunidad de los que han «nacido de lo alto», "de agua y Espíritu", como dice el evangelio de san Juan (cf. Jn 3, 3. 5). La comunidad cristiana no es, ante todo, el resultado de la libre decisión de los creyentes; en su origen está primariamente la iniciativa gratuita del amor de Dios, que otorga el don del Espíritu Santo. La adhesión de la fe a este don de amor es «respuesta» a la gracia, y la misma adhesión es suscitada por la gracia. Así pues, entre el Espíritu Santo y la Iglesia existe un vínculo profundo e insoluble. A este respecto, dice san Ireneo: «Donde está la Iglesia, ahí está también el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu del Señor, ahí está la Iglesia y toda gracia» (Adv. haer., III, 24, 1). Se comprende, entonces, la atrevida expresión de san Agustín: «Poseemos el Espíritu Santo, si amamos a la Iglesia» (In Io., 32, 8).

El relato del acontecimiento de Pentecostés subraya que la Iglesia nace universal: éste es el sentido de la lista de los pueblos —partos, medos, elamitas... (cf. Hch 2, 9-11)— que escuchan el primer anuncio hecho por Pedro. El Espíritu Santo es donado a todos los hombres, de cualquier raza y nación, y realiza en ellos la nueva unidad del Cuerpo místico de Cristo. San Juan Crisóstomo pone de relieve la comunión llevada a cabo por el Espíritu Santo, con este ejemplo concreto: «Quien vive en Roma sabe que los habitantes de la India son sus miembros» (In Io., 65, 1: PG 59, 361).

Del hecho de que el Espíritu Santo es «la nueva alianza» deriva que la obra de la tercera Persona de la santísima Trinidad consiste en hacer presente al Señor resucitado y con él a Dios Padre. En efecto, el Espíritu realiza su acción salvífica haciendo inmediata la presencia de Dios. En esto consiste la alianza nueva y eterna: Dios ya se ha puesto al alcance de cada uno de nosotros. En cierto sentido, cada uno, «del más chico al más grande» (Jr 31, 34), goza del conocimiento directo del Señor, como leemos en la primera carta de san Juan: «en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas —y es verdadera y no mentirosa— según os enseñó, permaneced en él» (1 Jn 2, 27). Así se cumple la promesa que hizo Jesús a sus discípulos durante la última cena: «El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn 14, 26).

miércoles, 27 de mayo de 2009

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS 2009

Mensaje pastoral del Obispo de Zárate-Campana

Nos hallamos muy próximos a la solemnidad de Pentecostés, la cual, como el pasado año nos refiriera nuestro Papa Benedicto XVI, rememora en su imagen la “(…) antigua fiesta judía en la que se recordaba la Alianza de Dios con su pueblo en el monte Sinaí (Cf. Éxodo 19)”(1) y que “(…) se convirtió también en fiesta cristiana precisamente por lo que sucedió en esa ocasión, 50 días después de la Pascua de Jesús”(2). Pentecostés constituyó aquel «bautismo en el Espíritu Santo», que había sido anunciado por Juan Bautista: «Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo... Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego» (Mateo 3, 11).
De tal manera, con el gran acontecimiento de Pentecostés, de inicio de la misión de la Iglesia en la unidad querida por Cristo, el Espíritu Santo irrumpe suavemente en la primera comunidad cristiana, con Pedro a la cabeza, y supera infinitamente la ruptura y dispersión iniciadas por Babel, causantes de la confusión de los corazones. Pentecostés se transforma, así, para la Iglesia ya fundada y naciente, en el signo de comunión y de Amor divino más fuerte que las divisiones provocadas por el pecado y todas las consecuencias del pecado, más fuerte que las estructuras de pecado o pecado estructural, que existe también en el mundo de hoy.

Pentecostés le da el Alma a la Iglesia, y la fuerza de su misión. Sin el efecto de un Pentecostés perdurable en la Iglesia, esta última no sería sino una organización meramente humana, una estructuración sin alma. Las celebraciones litúrgicas no serían sino «espectáculos de temática religiosa». Pero el Espíritu Santo es el Alma de la Iglesia, que le fue insuflada con el Viento y el Fuego en el Cenáculo, de tal modo que la misma Iglesia debe «convertirse» cada día, cada instante, en lo que ella misma ES, el Cuerpo de Cristo y el Pueblo de Dios que vive en la historia: la PRESENCIA AMOROSA de Jesucristo, Señor de la historia, que rompe las barreras y divisiones, abre las fronteras entre los pueblos y nos hace un solo Pueblo, para alabanza de su Gloria.

Leemos en los Hechos de los Apóstoles que luego del descenso con potencia del Espíritu como Viento y Fuego, los discípulos salieron a anunciar en muchas lenguas la buena noticia de la resurrección de Cristo (Cf. 2,1-4). Es decir, la Iglesia comenzó su misión y colaboración con el Espíritu, misión en la cual muestra 'la sacramentalidad' que le atribuye el Concilio Vaticano II (a la Iglesia) cuando enseña que ella “(…) es en Cristo como un sacramento, o sea, signo e instrumento de la unión intima con Dios y de la unidad de todo el género humano”(3). Todos nuestros carismas, la misión que cada uno ha recibido en la Iglesia, el sentido de aquello para lo cual hemos sido llamados, bebe en las fuentes de esta 'sacramentalidad', la que da a la Iglesia Una Santa Católica y Apostólica el vigor y los carismas para operar visiblemente en toda la familia humana. Tengámoslo muy presente en este Año Paulino Jubilar, que ha traído tantas y tan abundantes gracias de comunión y misión, y que nos hallamos próximos a clausurar, como diócesis, el 27 de junio de este año, en comunión con la solemne clausura que hará el Santo Padre en Roma.

Pentecostés es para nosotros ocasión de renovar el carisma recibido, la Gracia de nuestro Bautismo y de nuestro Llamado, sea el que fuere, en el concierto del Don de la vocación cristiana. Y es un llamado renovado a evangelizar, con un solo corazón y una sola alma, deponiendo todo muro de división, dar testimonio viviente de la Resurrección gloriosa del Señor, que triunfó sobre el mal y pisó la cabeza de la antigua serpiente, transformando de tal modo la historia humana para siempre: «No es superfluo recordarlo: evangelizar es, ante todo, dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo. Testimoniar que ha amado al mundo en su Verbo Encarnado, ha dado a todas las cosas el ser y ha llamado a los hombres a la vida eterna»(4)

La Virgen Madre, que con fe inquebrantable, mansedumbre y dulzura, esperó la venida del Espíritu en el Cenáculo, ayude a que nuestro corazón se abra a Aquél que es el Alma de la Iglesia, el Espíritu de Amor y de Consuelo.


+Oscar Sarlinga



27 de mayo de 2009


(1) BENEDICTO XI, Regina coeli, Ciudad del Vaticano, domingo, 11 mayo 2008

(2) Ibid.

(3) CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 1.

(4)PABLO VI, Exh. Evangelii nuntiandi, 26.

martes, 26 de mayo de 2009

VISITA PASTORAL AL PARTIDO DE BARADERO



El domingo 24, en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, el Sr. Obispo Mons. Oscar D. Sarlina realizó una nueva visita pastoral a la ciudad de Baradero, habiendo comenzado a las 9.30 en la parroquia de Nuestra Señora de Luján, de la cual es administrador parroquial el Pbro. Gastón Dedyn, y capellán externo, Mons. Roberto Amondaráin. Cabe destacar que el Pbro. Gastón Dedyn es Cura párroco de la parroquia de Santiago Apóstol, la más antigua de la ciudad (y de la Provincia de Buenos Aires).

El Obispo comenzó con la recepción y escucha de distintos miembros de la comunidad, pertenecientes a instituciones parroquiales, asociaciones y movimientos. A continuación celebró la eucaristía, a las 11, acompañado por el Pbro. Dedyn, celebración en la cual tuvo lugar el bautismo de un adulto, cuya madrina es su propia esposa y testigo su propia hija.
Por la tarde el Obispo retomó la atención de los fieles a las 14.15, hasta las 17.15, hora en que junto con el Pbro. Dedyn partieron a la localidad de Ireneo Portela (de 449 habitantes, según el INDEC, 2001), que cuenta con una hermosa capilla dedicada al Santísimo Nombre de Jesús (y que ha sido restaurada, así como la casa cural). El pueblo recibe su nombre en honor al Doctor Irineo Portela (15 de Julio de 1802) quien se destacara en la lucha contra la epidemia de escarlatina de 1836. Fue médico cirujano, profesor y legislador. En la localidad, en previsión de la visita del Obispo, el cura párroco había previsto una misión especial a cargo de las señoras de la Legión de María (de la parroquia de Ntra. Sra. de Luján). También allí el Obispo celebró la misa, con el templo colmado, y notable presencia de catequistas, niños de preparación a la primera comunión y algunos que se preparan para la confirmación.

A continuación Mons. Sarlinga y el Pbro. Gastón Dedyn se dirigieron a Baradero (centro) donde tuvo lugar la tercera celebración de la misa, vespertina, de 19, en el templo de Santiago Apóstol, también colmado de fieles.

sábado, 23 de mayo de 2009

Mensaje pastoral de Monseñor Oscar Sarlinga para la Jornada de las Comunicaciones Sociales.

MENSAJE PASTORAL DEL OBISPO PARA LA JORNADA DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
«COMUNICAR, ACTO DE JUSTICIA Y DE AMOR QUE MANIFIESTA LA BELLEZA DE LA VERDAD»

Queridos hermanos y fieles cristianos de la diócesis:

I

ASCENSIÓN Y COMUNICACIÓN

EL SEÑOR JESÚS, HIJO DEL DIOS BENDITO, ASCENDIÓ A LOS CIELOS Y ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE, DE DONDE VENDRÁ A JUZGAR A LOS VIVOS Y A LOS MUERTOS.

Esta Jornada Mundial, en el Domingo de la Ascensión del Señor al Cielo, nos recuerda el derecho y el deber de todo cristiano de «comunicar» la Buena Nueva de la Salvación, tomando parte viviente, así, del ser mismo de la Iglesia, que llama a todos y a cada uno a ser testigos del Evangelio, a atestiguar a Jesucristo con la palabra y las obras. El Santo Padre nos ha dirigido un hermoso Mensaje, basado sobre el respeto, el diálogo y la amistad(1). De tal manera, el «testigo de Jesús», sea sacerdote, religioso, religiosa, consagrado o laico o laica (consagrados por el bautismo) comunica y transmite la fe cristiana, la vida divina, precisamente por las palabras y las obras.

II
COMUNICACIÓN Y MISIÓN RECIBIDA

De entre los seres creados para vivir en esta tierra, sólo el ser humano comunica en plenitud. En la Iglesia, el «comunicar» nos hace partícipes de una «misión común, de conjunto, en comunión orgánica», como nos lo sugiere la misma etimología del término en su raíz latina: «com» (junto con) y «municare», que proviene de «munus», que es misión, encargo, tarea, cometido, oficio por cumplir.

Estoy dirigiéndome a los fieles de esta diócesis. La comunicación a través de los medios «masivos» no tiene por qué darse, pues, en los grandes medios mundiales, ni siquiera continentales, nacionales o regionales. Al mismo tiempo, a veces tenemos pruritos al momento de utilizar dichos medios. Se podría confundir «estar dispuesto para la utilización de los medios de comunicación» con cierto afán de estrellato, aún en los niveles locales. Al contrario, más se es humilde, más y mejor se comunica. Tampoco tenemos que tener miedo, o retroceder porque pensamos que no tenemos carismas para ello. El Señor da la Gracia, si ponemos nuestra colaboración razonable. A cada uno de nosotros se nos pedirá cuenta por aquello de lo que de verdad disponemos para cumplir nuestra misión. Es evidente que nosotros no disponemos de los grandes medios. Es evidente que no tenemos un poder humano para acceder a ellos. Pero, aunque menos evidente, lo más grande es lo que se hace llevados por el Espíritu y con un corazón movido por él. Con nuestros medios modestos, nuestras radios, nuestros canales de TV urbanos, las páginas de Internet, blogs u otros medios tecnológicos (tantas veces generosamente puestos a disposición de la obra de la Iglesia) podemos hacer mucho bien, si ponemos espíritu y manos a la obra.

Pues hoy día las personas, aún en las ciudades chicas y en los pueblos, viven en contacto con una red casi constante de comunicación de pensamientos, ideas, acontecimientos y noticias que requieren de palabras de verdad, de serenidad, de llamado a la amistad social, lo cual no es otra cosa que el llamado a la verdad y al bien, ínsitos ambos en la interioridad de la persona, que es un ser relacional, llamada ella a abrirse al otro y a Dios, llamada a dar y recibir Amor. ¿Aprovechamos con espíritu de evangelización, con humildad, con ganas de ponernos a trabajar, todo este potencial?. La mente y el corazón de San Pablo Apóstol, con su intercesión, pueden ayudarnos a respondernos esta pregunta.

III
LA BELLEZA DE COMUNICAR JUSTICIA Y CARIDAD
Al mismo tiempo, «comunicar» de verdad emerge de las virtudes de la justicia y de la caridad. El Catecismo de la Iglesia católica nos refiere que el testimonio comunicado deviene, de tal modo, «un acto de justicia» que manifiesta la verdad, y la hace conocida(2). Y el Santo Padre BENEDICTO XVI, en su reciente «Mensaje» nos hace referencia, con gran profundidad, a la tendencia fundamental y constante del ser humano «a ir más allá de sí mismo» para entrar en la relacionalidad, la relación con los otros, de tal modo que: “En realidad, cuando nos abrimos a los demás, realizamos una de nuestras más profundas aspiraciones y nos hacemos más plenamente humanos. En efecto, amar es aquello para lo que hemos sido concebidos por el Creador. Naturalmente, no hablo de relaciones pasajeras y superficiales; hablo del verdadero amor, que es el centro de la enseñanza moral de Jesús: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas», y«amarás a tu prójimo como a ti mismo» (cf. Mc 12, 30-31)”(3).

Por esta fuerza y belleza de la verdad, el anunciar a Jesucristo a través de los medios de comunicación social constituye para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, uno de los más grandes desafíos, al punto de aplicársenos, también en este ámbito, el clamor de San Pablo “¡Ay de mí si no evangelizare!”. Sin hiperprotagonismos ni auto-empequeñecimientos, teniendo siempre presente que somos servidores de la Causa del Evangelio, y que el Gran Protagonista de la Evangelización es el Espíritu Santo (como lo decía Pablo VI en la Evangelii nuntiandi), tengamos presente que el Espíritu puede mover nuestros corazones a ser testigos en el mundo también en los medios de comunicación social.

Hagamos presente en nuestras mentes y corazones que ello puede constituir un magnífico ejercicio de los dones del mismo Espíritu recibidos en la confirmación, y que puede formar parte más que importante de un proyecto pastoral en nuestras comunidades. Más aún, en ese sentido, puede constituir un «martirio», en el sentido del testimonio, de la fe y de la verdad, con la ayuda de la virtud de la fortaleza, que encuentran todas ellas su plenitud en la caridad. Puede ser un «morir» a la pereza, y una realización concreta del gozo de evangelizar(4), lejos de todo unicato monopersonal (aunque con el respeto de la misión de cada uno), y haciendo partícipes a los otros. Pienso que las personas que aman de verdad experimentan a la vez el deseo de comunicar ardiente y equitativamente una riqueza interior, que es recibida de Dios, y les participan de ese espíritu también a otros que se sienten movilizados a hacerlo. Comunicar lo bueno y bello que hacen otros miembros de nuestras comunidades, es también un acto de caridad, que a su tiempo traerá bendición. Sólo que tenemos que trabajar, me parece, todavía más unidos, y colaborar de modo más comunional y, también, más organizadamente.

La Virgen Madre, que nos prepara a la COMUNICACIÓN DEL ESPÍRITU EN EL PRÓXIMO PENTECOSTÉS nos ayude en este propósito.


+Oscar Sarlinga


21 de mayo de 2009


(1) BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI con motivo de la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales “NUEVAS TECNOLOGÍAS, NUEVAS RELACIONES. Promover una cultura de respeto, de diálogo y de amistad” Solemnidad de la Ascensión del Señor 24 de mayo 2009.

(2) Cf CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, n. 2472.

(3) BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI con motivo de la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales “NUEVAS TECNOLOGÍAS, NUEVAS RELACIONES. Promover una cultura de respeto, de diálogo y de amistad” Solemnidad de la Ascensión del Señor 24 de mayo 2009.

(4) Cf CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, n. 2473.

viernes, 22 de mayo de 2009

JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES

En la Solemnidad de la Ascensión del Señor a los Cielos, celebramos la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales.

En el día domingo 24, nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga visitará la ciudad de Baradero, mañana y tarde, a las parroquias de Nuestra Señora de Luján y Santiago Apóstol, respectivamente.

Reproducimos a continuación el mensaje del Santo Padre:

XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
XLIII Jornada Mundial
de las Comunicaciones Sociales
“NUEVAS TECNOLOGÍAS, NUEVAS RELACIONES.
Promover una cultura de respeto, de diálogo y de amistad”
Solemnidad de la Ascensión del Señor
24 de mayo 2009
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI

"Queridos hermanos y hermanas:

Ante la proximidad de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, me es grato dirigirme a vosotros para exponeros algunas de mis reflexiones sobre el tema elegido este año: Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, diálogo y amistad. En efecto, las nuevas tecnologías digitales están provocando hondas transformaciones en los modelos de comunicación y en las relaciones humanas. Estos cambios resaltan aún más entre los jóvenes que han crecido en estrecho contacto con estas nuevas técnicas de comunicación y que, por tanto, se sienten a gusto en el mundo digital, que resulta sin embargo menos familiar a muchos de nosotros, adultos, que hemos debido empezar a entenderlo y apreciar las oportunidades que ofrece para la comunicación. En el mensaje de este año, pienso particularmente en quienes forman parte de la llamada generación digital. Quisiera compartir con ellos algunas ideas sobre el extraordinario potencial de las nuevas tecnologías, cuando se usan para favorecer la comprensión y la solidaridad humana. Estas tecnologías son un verdadero don para la humanidad y por ello debemos hacer que sus ventajas se pongan al servicio de todos los seres humanos y de todas las comunidades, sobre todo de los más necesitados y vulnerables.

El fácil acceso a teléfonos móviles y computadoras, unido a la dimensión global y a la presencia capilar de Internet, han multiplicado los medios para enviar instantáneamente palabras e imágenes a grandes distancias y hasta los lugares más remotos del mundo. Esta posibilidad era impensable para las precedentes generaciones. Los jóvenes especialmente se han dado cuenta del enorme potencial de los nuevos medios para facilitar la conexión, la comunicación y la comprensión entre las personas y las comunidades, y los utilizan para estar en contacto con sus amigos, para encontrar nuevas amistades, para crear comunidades y redes, para buscar información y noticias, para compartir sus ideas y opiniones. De esta nueva cultura de comunicación se derivan muchos beneficios: las familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso más fácil e inmediato a documentos, fuentes y descubrimientos científicos, y pueden así trabajar en equipo desde diversos lugares; además, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social.
Aunque nos asombra la velocidad con que han evolucionado las nuevas tecnologías en cuanto a su fiabilidad y eficiencia, no debería sorprendernos su popularidad entre los usuarios, pues esta responde al deseo fundamental de las personas de entrar en relación unas con otras. Este anhelo de comunicación y amistad tiene su raíz en nuestra propia naturaleza humana y no puede comprenderse adecuadamente solo como una respuesta a las innovaciones tecnológicas. A la luz del mensaje bíblico, ha de entenderse como reflejo de nuestra participación en el amor comunicativo y unificador de Dios, que quiere hacerde toda la humanidad una sola familia. Cuando sentimos la necesidad de acercarnos a otras personas, cuando deseamos conocerlas mejor y darnos a conocer, estamos respondiendo a la llamada divina, una llamada que está grabada en nuestra naturaleza de seres creados a imagen y semejanza de Dios, el Dios de la comunicación y de la comunión.


El deseo de estar en contacto y el instinto de comunicación, que parecen darse por descontados en la cultura contemporánea, son en el fondo manifestaciones modernas de la tendencia fundamental y constante del ser humano a ir más allá de sí mismo para entraren relación con los demás. En realidad, cuando nos abrimos a los demás, realizamos una de nuestras más profundas aspiraciones y nos hacemos más plenamente humanos. En efecto, amar es aquello para lo que hemos sido concebidos por el Creador. Naturalmente, no hablo de relaciones pasajeras y superficiales; hablo del verdadero amor, que es el centro de la enseñanza moral de Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”, y “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (cf. Mc 12, 30-31). Con esta luz, al reflexionar sobre el significado de las nuevas tecnologías, es importante considerar no solo su indudable capacidad de favorecer el contacto entre las personas, sino también la calidad de los contenidos que se deben poner en circulación. Deseo animar a todas las personas de buena voluntad, y que trabajan en el mundo emergente de la comunicación digital, para que se comprometan a promover una cultura de respeto, diálogo y amistad.


Por lo tanto, quienes se ocupan del sector de la producción y difusión de contenidos de los nuevos medios han de comprometerse a respetar la dignidad y el valor de la persona humana. Si las nuevas tecnologías deben servir para el bien de los individuos y de la sociedad, quienes las usan deben evitar compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, y excluir por tanto lo que alimenta el odio y la intolerancia, envilece la belleza y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los débiles e indefensos.


Las nuevas tecnologías han abierto también caminos para el diálogo entre personas de diversos países, culturas y religiones. El nuevo espacio digital, llamado ciberespacio, permite encontrarse y conocer los valores y tradiciones de otros. Sin embargo, para que esos encuentros den fruto, se requieren formas honestas y correctas de expresión, además de una escucha atenta y respetuosa. El diálogo debe estar basado en una búsqueda sincera y recíproca de la verdad, para potenciar el desarrollo en la comprensión y la tolerancia. La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias; es más bien la búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza. A dichos fines se encaminan nuestras decisiones y el ejercicio de nuestra libertad, y en ellos –la verdad, el bien y la belleza– encontramos felicidad y alegría. No hay que dejarse engañar por quienes tan solo van en busca de consumidores en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección misma se presenta como el bien, la novedad se confunde con la belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad.


El concepto de amistad ha tenido un nuevo auge en el vocabulario de las redes sociales digitales que han surgido en los últimos años. Este concepto es una de las más nobles conquistas de la cultura humana. En nuestras amistades, y a través de ellas, crecemos y nos desarrollamos como seres humanos. Precisamente por eso, siempre se ha considerado la verdadera amistad como una de las riquezas más grandes que puede tener el ser humano. Por tanto, se ha de tener cuidado de no banalizar el concepto y la experiencia de la amistad. Sería una pena que nuestro deseo de establecer y desarrollar las amistades on line fuera en deterioro de nuestra disponibilidad para la familia, los vecinos y quienes encontramos en nuestra realidad cotidiana, en el lugar de trabajo, en la escuela o en el tiempo libre. En efecto, cuando el deseo de conexión virtual se convierte en obsesivo, la consecuencia es que la persona se aísla, interrumpiendo su interacción social real. Esto termina por alterar también los ritmos de reposo, de silenco y de reflexión necesarios para un sano desarrollo humano.


La amistad es un gran bien para las personas, pero se vaciaría de sentido si fuese considerado como un fin en sí mismo. Los amigos deben sostenerse y animarse mutuamente para desarrollar sus capacidades y talentos, y para poner estos al servicio de la comunidad humana. En este contexto es alentador ver surgir nuevas redes digitales que tratan de promover la solidaridad humana, la paz y la justicia, los derechos humanos, el respeto por la vida y el bien de la creación. Estas redes pueden facilitar formas de cooperación entre pueblos de diversos contextos geográficos y culturales, permitiéndoles profundizar en la humanidad común y en el sentido de corresponsabilidad para el bien de todos. Pero se ha de procurar que el mundo digital en el que se crean esas redes sea realmente accesible a todos. Sería un grave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente marginados, o si contribuyeran tan solo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana.


Quisiera concluir este mensaje dirigiéndome de manera especial a los jóvenes católicos, para exhortarlos a llevar al mundo digital el testimonio de su fe. Amigos, sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida. En los primeros tiempos de la Iglesia, los apóstoles y sus discípulos llevaron la Buena Noticia de Jesús al mundo grecorromano. Así como entonces la evangelización, para dar fruto, tuvo necesidad de una atenta comprensión de la cultura y de las costumbres de aquellos pueblos paganos, con el fin de tocar su mente y su corazón, así también ahora el anuncio de Cristo en el mundo de las nuevas tecnologías requiere conocer estas en profundidad para usarlas después de manera adecuada. A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os sentís en sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular la tarea de evangelizar este “continente digital”. Haceos cargo con entusiasmo del anuncio del Evangelio a vuestros coetáneos. Vosotros conocéis sus temores y sus esperanzas, sus entusiasmos y sus desilusiones. El don más valioso que les podéis ofrecer es compartir con ellos la “buena noticia” de un Dios que se hizo hombre, padeció, murió y resucitó para salvar a la humanidad. El corazón humano anhela un mundo en el que reine el amor, donde los bienes sean compartidos, donde se edifique la unidad, donde la libertad encuentre su propio sentido en la verdad y donde la identidad de cada uno se logre en una comunión respetuosa. La fe puede dar respuesta a estas aspiraciones: ¡Sed sus mensajeros!

El Papa está junto a vosotros con su oración y con su bendición.

Vaticano, 24 de enero 2009, Fiesta de San Francisco de Sales."

miércoles, 20 de mayo de 2009

CLAUSURA DEL AÑO PAULINO EN LA DIÓCESIS

El Año Paulino Jubilar será clausurado en la diócesis de Zárate-Campana, con las gracias e indulgencias que le corresponden, el día sábado 27 de junio, a las 17, en la nueva iglesia de San José, llamada «de los peregrinos» (que fue consagrada el 29 de junio de 2008, en la Apertura del Año Paulino convocado por el Santo Padre).
La clausura festiva, de carácter diocesano, que se había previsto para el domingo 28 en la iglesia catedral de Santa Florentina (Campana), ha debido ser suspendida en razón del acto eleccionario nacional.

lunes, 11 de mayo de 2009

Fiestas patronales diocesanas y consagración de nuestra iglesia particular al Sagrado Corazón de Jesús




Sábado 9 de mayo

FIESTAS PATRONALES DIOCESANAS Y CONSAGRACIÓN DE NUESTRA IGLESIA PARTICULAR AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

El sábado 9 de mayo, con motivo de las Fiestas Patronales Diocesanas (en la Festividad de Nuestra Señora de Luján) tuvo lugar, desde las 9.00 la «Jornada Pastoral», en Belén de Escobar. Esta última se dividió en tres áreas: CATEQUESIS (dimensión religiosa y social) PASTORAL JUVENIL, VOCACIONAL y MISIONAL, y CÁRITAS. A las 15.15 los jóvenes emprendieron la PROCESIÓN con la imagen peregrina de la Virgen de Luján, desde el colegio «San Vicente de Paúl» hasta la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, donde tuvo lugar la MISA PATRONAL presidida por Mons. Oscar Sarlinga y concelebrada por 60 sacerdotes y 5 diáconos permanentes, ocasión en la cual se realizó la CONSAGRACIÓN DE LA DIÓCESIS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. Al final de ésta, se dio lectura a la bendición papal.

Para comenzar con el área de catequesis se desenvolvió en el Colegio Santa María, y participaron de ella los grupos de catequistas que se encuentran en esta fase del ISCA, acompañados por el Pbro. Fernando Crevatín, delegado diocesano y el Pbro. Nicolás Guidi, vice-delegado. Durante la mañana se hicieron presentes Mons. Oscar Sarlinga y Mons. Marcelo Monteagudo, delegado para las Misiones y director diocesano de las Obras Misionales Pontificias. El trabajo en grupos fue muy enriquecedor, y el Obispo les dirigió unas palabras hacia las 11 de la mañana.

Los jóvenes, bastante más de 300, provenientes de distintas parroquias, asociaciones de fieles y movimientos, estuvieron reunidos desde las 9.00 en el colegio «San Vicente de Paúl» de los PP. Lazaristas. Allí reflexionaron acerca de la frase: «Señor, ¿quién eres?. Ven y lo verás» y sus implicancias en cuanto a la cordial pertenencia a la Iglesia y el llamado a la misión, así como la vocación, en sentido amplio y en sentido de la vocación sacerdotal y religiosa. El delegado diocesano, Pbro. Hugo Lovatto, se vio acompañado jóvenes del Secretariado diocesano, por numerosos sacerdotes, por seminaristas del Seminario diocesano «San Pedro y San Pablo», y por los hermanos de los Discípulos de Jesús y San Juan Bautista. El Obispo, que estuvo con ellos desde las 11.30, les dirigió unas palabras sobre la vocación cristiana como jóvenes, y la vocación específica al sacerdocio y a la vida consagrada.

En lo concerniente a la caridad institucionalizada, CARITAS estuvo también reunida desde las 9.00 en el gran salón parroquial de la Natividad del Señor, con los distintos directores parroquiales, miembros activos de Caritas, la Directora, Sra. Margarita Andreini, la Sra. Marité, representante de Caritas nacional, y Mons. Ariel Pérez, vice-presidente. También se encontraban los nuevos miembros de JUSTICIA Y PAZ. La reflexión sobre las líneas de acción para el sexenio fueron muy fructíferas y el Obispo Mons. Oscar Sarlinga, quien escuchó las ponencias de los representantes de los grupos, dijo que serían incluidas como un anexo en el Proyecto pastoral diocesano, y que esperaba que las presentaran por escrito para incorporarlas y entregar éste a la imprenta, luego de los últimos aportes que hicieron miembros del Consejo Pastoral.

Luego de la festiva y piadosa procesión de los jóvenes, una verdadera multitud (que colmó la vasta iglesia co-catedral, con capacidad para más de 1.000 personas, más el salón adjunto, con lugar para 700 personas y pantalla gigante), además del atrio, la acera y calle, y parte de la plaza, lo cual hizo difícil a los organismos competentes el calcular el número exacto que se congregó para la celebración de la Santa Misa. Como hemos informado, debido al gentil ofrecimiento de «San Miguel Arcángel Producciones», fue transmitida en directo desde Belén de Escobar (partido de Escobar) por TELERED (en la señal satelital «Santa María»), y difundida a través de las FM «Santa María», de Campana y Matheu, respectivamente, así como transmitida vía Internet por puesta a disposición de la Productora Es.Pi.Ar (Escobar-Pilar-Argentina), a través del link http://www.espiar.tv/

La homilía de Mons. Oscar Sarlinga se centró en tres puntos: 1. La Fiesta de la Virgen de Luján, la Madre del Hijo del Dios bendito; II. La llama de Amor viva, que disipa obscuridades, haciendo alusión en especial al odio y a la envidia, así como una referencia a la Carta de San Pablo a los Gálatas; y III. La Justicia perfecta en el cumplimiento de la promesa. La ofrecemos a continuación en su integridad.

Los fieles siguieron atentamente la celebración, al término de la cual se hizo solemnemente la esperada CONSAGRACIÓN DE LA DIÓCESIS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, el texto de la cual puede verse en la página web del Obispado: http://www.obzaratecampana.com.ar/

El Coro de la Natividad del Señor cantó espléndidamente, cantos populares que los fieles acompañaron con devoción. Al término de la Misa el Obispo se entretuvo largamente saludando a todos los fieles que acudieron, mientras los sacerdotes retornaban a sus parroquias para la celebración de las misas vespertinas del sábado. Se dio en el salón parroquial un ágape fraterno.

HOMILÍA DE MONS. OSCAR D. SARLINGA EN LAS FIESTAS PATRONALES DE LA VIRGEN DE LUJÁN Y CONSAGRACIÓN DE LA DIÓCESIS AL SAGRADO CORAZÓN


I
LA FIESTA DE LA VIRGEN DE LUJÁN,LA MADREDEL HIJO DEL DIOS BENDITO

Celebramos las Fiestas Patronales de la diócesis, en el día de la Virgen de Luján, la cual nos entregó el Papa Pablo VI como Patrona cuando erigió la diócesis, en 1976. María es la elegida, porque Dios nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, el Hijo de María(1). En la obra que Dios realizó en María vemos la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios(2). La presencia de las distintas comunidades de nuestra diócesis en esta festividad es un ejemplo de ese esplendor de Dios en la unidad de nuestros corazones. Parroquias, Seminario «San Pedro y San Pablo», instituciones, asociaciones de fieles, movimientos, institutos religiosos: todos queremos ser un solo corazón, para alabanza de su Gloria. ¡Qué alegría, ver a los hermanos reunidos!: a ustedes el Señor les desea la paz, como lo hizo en sus apariciones históricas, recién Resucitado (Jn 20, 19-31). La Jornada Pastoral previa a la celebración ha sido óptima, en sus tres ámbitos, la catequesis, desde la perspectiva de su dimensión religiosa y social; la pastoral juvenil, con la presencia de más de 300 jóvenes que preguntaron al Señor: «Maestro, ¿dónde vives?»; y la Cáritas diocesana, con su reflexión sobre la comunión, organicidad, misionariedad, y sus líneas de acción para el sexenio, en vistas a un mejor servicio a los más necesitados. Gracias a todos los participantes por su entrega generosa.

En el Evangelio hemos escuchado que junto a la cruz de Jesús, estaba su Madre(3). María creyó perfectamente cada promesa de su Hijo, y también que Él resucitaría “al tercer día” (Cf Lc 9, 22). En su noche de dolor, junto a la Cruz, la Madre mantenía viva la esperanza del reencuentro con su Jesucristo Resucitado. Lo mismo esperamos nosotros(4), y en nuestra vida, con sus luces y sombras, renovamos constantemente la búsqueda de ese encuentro cotidiano y vital(5). Porque vivimos de la esperanza, y queremos actuar según el realismo de la esperanza. Nos dice la Palabra que «nada es imposible para Dios» (Lc 1, 37). Puede haber cosas que hagan que nuestro corazón se acobarde, peo nunca es imposible que podamos ver la luz y creer (Cf Jn 20,8), y obrar en consecuencia, pues nada vence a la Llama de Amor Viva, victoriosa para siempre.

II
LA LLAMA DE AMOR VIVA DISIPA OBSCURIDADES

¿Qué ponemos hoy en presencia de la «llama de amor viva»?. Con la ayuda de María, Nuestra Madre, ponemos hoy, con sinceridad y verdad, nuestra realidad humana concreta a luz del Sagrado Corazón, victorioso sobre el pecado y sobre la muerte. Predisponernos a recibir la Luz de Cristo significa «vencer miedos», «confiar en Él» y «ponernos en su Camino». Dos llagas profundas y devastadoras pueden obstaculizar esta predisposición de los corazones de las personas. Son el odio y la envidia, escondidos ambos en los humanos recovecos de las profundidades del corazón, a la manera de lo que el místico y poeta San Juan de la Cruz llamó «las profundas cavernas del sentido». Esas cavernas (intuición poética, quizá, del psiquismo profundo) necesitan de luminosidad y sólo pueden ser iluminadas por «la llama de amor viva» del Resucitado.San Juan de la Cruz dice a la «llama de amor viva» unas hermosas y verdaderas palabras, de las cuales mencionaré sólo algunas:

“ ¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
(…)Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
calor y luz dan junto a su querido!”(6)

Lenguaje hermoso y muy profundo. Penetra en el alma, ¿no es cierto?. Nos dice el poema inspirado que si «el sentido» no se deja iluminar, sigue oscuro y ciego. En cambio, el permitir que los resplandores de Cristo nos iluminen hace que la cadena de ADN de la envidia y el odio se vea bloqueada. Si fluyen, en cambio, comienzan las desgracias. Por ejemplo, una fluencia del odio suele aparecer en el juicio despiadado sobre los demás, el cual, exacerbado, puede llevar a quienes debieran tratarse como hermanos a devorarse los unos a los otros, de lo cual trató San Pablo en su carta a los Gálatas. Puede llegar incluso a hacer perder todo freno moral.
En cuanto a la envidia, para verla desde un lado del cual no solemos mirarla, sería conveniente que la consideráramos en tanto que, primero, produce la conmoción destructiva del propio envidioso, el cual pierde por completo la paz. Desde esa perspectiva, este pecado capital es un tormento en primer lugar para quien la padece, como el gran Tucídides lo afirmaba en la Antigüedad: “Todos los tiranos de Sicilia no han inventado nunca un tormento mayor que la envidia.” En el mismo sentido menciona el tema el Catecismo de la Iglesia católica(7), citando al respecto al gran Obispo San Juan Crisóstomo(8).

Por el contrario, seguir el camino de la luz del Resucitado, esto es, la «Regla de Oro», síntesis del comportamiento del discípulo de Cristo significa: «Lo que ustedes quieren que los hombres les hagan a ustedes, también ustedes háganselo a ellos». Significa también: «No condenen y no serán condenados» (Lc 6, 37), pero esto en manera ninguna con la significación de dar vía libre a la injusticia o la impunidad, sino en el sentido de evitar los juicios despiadados e inmisericordes sobre las personas, esos que apelan a la venganza, y engendran una cadena sin fin de odio y, por ende, una escalada de venganzas. Antes bien, es la «Regla de oro del Evangelio» la que debería imperar en nuestras familias y comunidades.

III
LA JUSTICIA PERFECTA EN EL CUMPLIMIENTO DE LA PROMESA

En sentido religioso, la Justicia perfecta se ha cumplido en el cumplimiento cabal de la Promesa: “Ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 1-7). Hay vida porque el sepulcro ya no encierra al que está Vivo. Él sepultó nuestra muerte y abrió horizontes infinitos, ni míticos ni teoréticos, para nuestra historia humana, como es el sentido de las palabras que nos dirigió el Santo Padre: “La Resurrección, por ello, no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su «Pascua», su «paso» que ha abierto una nueva vía entre la tierra y el Cielo (…)”(9).

¿Cuáles pueden ser esos horizontes infinitos a los que nos abre el Sagrado Corazón?. Confiados en el poder vencedor, que Cristo ganó en la Cruz, renovamos hoy en nuestra mente la necesidad que nuestra sociedad actual (aún subconsciente o inconscientemente) tiene del Amor divino, principio propulsor de toda vida y de legítimo progreso social, en cuya contribución a su construcción los cristianos no podríamos cejar. Antes bien, es un clamor el que, con el sostenimiento de la Gracia, nos pongamos al trabajo por la consecución de un humanismo trascendente, digno de Dios y digno del ser humano.

Ábranse entonces nuestras mentes de cristianos a la práctica sincera de la religión, al respeto verdadero y a la libertad religiosa positiva como quicio de derechos, para proyectarse en la vida pública (en todos sus honestos ambientes, en los derechos y deberes cívicos), con la obra de una laicidad también positiva y sana, que ponga el hombro a la construcción de nuestra civilización según proyectos firmes basados en la dignidad de la persona; proyectos que nos lleven sin pausa a la inclusión de todos en hermandad, a la cultura del trabajo y al crecimiento de «todo el hombre y de todos los hombres». Esto último a comenzar por el respeto del derecho a la vida, pilar de los demás. Conscientes, esto sí, del límite que tiene la acción humana, y que nos lo refiere la Sagrada Escritura: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas” (Salmo 126,1).

Ahora, llenos de buenos propósitos, lo importante es que sean firmes. Encomendamos hoy al Sagrado Corazón de Jesús, en esta iglesia co-catedral de la diócesis, la perenne fuente de juventud propulsora de nuestra psique y nuestro espíritu, de todo nuestro ser y nuestro obrar. Rogamos al Corazón de Cristo que nos libre siempre del odio y del devorarnos unos a otros, de la mortífera desesperanza, y del hastío de vivir, de la cobardía, de la desgracia del abatimiento que nos lleva a bajar los brazos, así como de ese tipo de descreimiento que tiende a hacernos convencer del pretendido valor de un éxito basado en la cruda codicia, o en opciones destructivas de la salud y de la integridad física y mental. El anhelo de una civilización del Amor nos conduce a superar el desesperanzamiento abatidor, que no pocas veces, por no tener la valentía de ponerse a la obra, se cubre con los ropajes de la pseudo-humildad y el pseudo-virtuosismo, ambos dos más bien generados por un anhelo de super-protagonismo –a veces paradojalmente disfrazado de espíritu de servicio- pero que podría convertirse en escondrijo de la soberbia y de la pereza más sutiles.

Queridos hermanos y hermanas, con gran afecto les digo: predispongámonos en estas Festividades y en esta Consagración a recibir de Jesucristo los dones que Él quiera darnos; esperanza, espíritu de oración, perdón profundo con justicia y misericordia, apertura dialógica, legítimo progreso, rompimiento de los círculos viciosos de lo clánico, entendido éste en el sentido del cerramiento a la autodonación. Abramos nuestro espíritu al don del trabajo consciente, del cuidado de nosotros mismos y de los demás, de la entrega de nuestro tiempo y del aprender a compartir lo nuestro con quienes más lo necesitan.

Una cultura del compartir, ¡qué hermosa ofrenda al Sagrado Corazón!. Pidamos todos los días las ganas de vivir y de hacer la vida de quienes nos rodean más llena de esperanza y de alegría. Queramos recibir resiliencia espiritual, y la voluntad de «volver a empezar», más allá de las caídas o de los mazazos, con la ayuda de la Gracia. Estas actitudes de vida reflejan signos de la presencia amorosa del Espíritu en nuestros corazones. Que sepamos recibir del Espíritu Santo, también en tanto pueblo de Dios, junto con el Don de Sabiduría para integrar memoria viviente y reconciliación proactiva, amistad social y purificación de nuestra conciencia histórica, psicológica y moral, la cual es como un «Santuario» donde Dios nos habla y en cuyas profundidades hallamos el eco de su voz poderosa(10).

María, la humilde y poderosa Madre que nos protege como Patria y como diócesis, desde aquí, sin tardanza, nos ayude y guíe en nuestro caminar.


1. En él hemos sido constituidos herederos, como nos dice San Pablo en su carta a los cristianos de Éfeso.
2. Como nos refiere el profeta Isaías (vv. 35, 1-7).
3. Tal como nos ha narrado el santo Evangelio según san Juan – 19, 25-27-)
4. Cf V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE, DOCUMENTO DE APARECIDA, (DA), n. 243.
5. Cf DA 243-244
6. Comentario de texto de “Llama de amor viva” de S. Juan de la Cruz. Este poema, que S. Juan de la Cruz titula como “Canciones que hace el alma en la íntima unión de Dios”, se escribió en el Convento de los Mártires en Granada en 1584 ó 1585. Su redacción es posterior a la Subida del Monte Carmelo, a la Noche oscura y a la primera versión del Cántico espiritual.
7. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2538: “El décimo mandamiento exige que se destierre del corazón humano la envidia. Cuando el profeta Natán quiso estimular el arrepentimiento del rey David, le contó la historia del pobre que sólo poseía una oveja, a la que trataba como una hija, y del rico que, a pesar de sus numerosos rebaños, envidiaba al primero y acabó por robarle la oveja (cf 2 S 12, 1-4). La envidia puede conducir a las peores fechorías (cf Gn 4, 3-7; 1 R 21, 1-29). La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo (cf Sb 2, 24)”.
8. “Luchamos entre nosotros, y es la envidia la que nos arma unos contra otros… Si todos se afanan así por perturbar el Cuerpo de Cristo, ¿a dónde llegaremos? Estamos debilitando el Cuerpo de Cristo… Nos declaramos miembros de un mismo organismo y nos devoramos como lo harían las fieras” (S. Juan Crisóstomo, hom. in 2 Cor. 28, 3-4), citado en el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2538).
9. BENEDICTO XVI, Mensaje Pascual del 12 de abril de 2009.
10. Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 16.

viernes, 8 de mayo de 2009

«NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN Y SAN JOSÉ OBRERO»: NUEVA PARROQUIA EN LA DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA




Se trata de «Nuestra Señora de Luján y San José Obrero» en la localidad de Zelaya (partido de Pilar), cuyo nuevo pastor propio es el Pbro. Ariel Penin. La parroquia se integra al Decanato «Pilar» de la diócesis.

El Sr. Obispo ha erigido en jurisdicción parroquial la localidad de Zelaya, en el partido de Pilar, con sede en la hasta ahora capilla que venía funcionando desde 2007 como «centro pastoral», habiendo dependido hasta el presente de la parroquia de Santa Rosa de Lima, de Villa Rosa (partido de Pilar). A la nueva parroquia le adjudicó el nombre de «Nuestra Señora de Luján», conservando como segundo título el de «San José Obrero».

La adjudicación del primer título tiene lugar a raíz de las investigaciones históricas, principalmente a cargo del gran historiador de la Virgen de Luján, Mons. Juan Presas. Las referencias historiográficas al respecto pueden consultarse en: JUAN ANTONIO PRESAS (Miembro de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina), “Nuestra Señora de Luján. La Estancia del milagro. Estudio crítico-histórico”, Buenos aires. Ediciones Autores Asociados, Morón, 1977.

Dichas investigaciones ubican en las inmediaciones del centro de Zelaya el lugar del detenimiento de la carreta que traía la Sagrada Imagen de la Santísima Virgen, que se venera en el Santuario de Nuestra Señora de Luján. En su apreciación sobre los hechos históricos, el Sr. Obispo remitió a las investigaciones de Mons. Juan Presas y no hizo ninguna apreciación de valor acerca de cuál de los dos lugares cercanos que consideran ser el punto exacto del detenimiento de la carreta fuera el correcto. Antes bien, dijo que lo principal para la fe de nuestro pueblo no radicaba en el lugar exacto en que hubiera podido realizarse el milagro (aunque destacó lo interesante y apasionante de la investigación histórica) sino en que la Imagen Auténtica es venerada desde siglos en el Santuario de Luján, «Alma del Pueblo Argentino», y que Ella quiso quedarse con nosotros, a través de esa «humilde Imagen de la Pura y Limpia Concepción». El haber adjuntado el nombre de la Virgen de Luján a la parroquia obedece a razones pastorales, a la petición del sacerdote a cargo y de los fieles, y a la factibilidad histórica de haber estado la Sagrada Imagen algún tiempo en esas inmediaciones, o por lo menos, el haber pasado por allí en su recorrido desde Buenos Aires al norte.

El domingo 3 de mayo ppdo. el Pbro. Daniel Blanchoud, cura párroco y rector de la Basílica de Luján, bendijo el manto que cubrirá la imagen réplica destinada a la nueva parroquia de Nuestra Señora de Luján y de San José Obrero, de la localidad de Zelaya.

Asignación de Fiestas Patronales

El Sr. Obispo ha asignado a la nueva parroquia las fiestas patronales del 1 de mayo, en la festividad de San José Obrero o Trabajador. Es tradicional en el pueblo de Zelaya que ese día las autoridades del partido, junto con los centros educativos y población en general, realicen un acto en la plaza central, comenzando por el izamiento de la bandera, seguido de discursos, y que luego se dirijan al templo (ahora parroquial) para la celebración de la Santa Misa, al término de la cual se hace la procesión alrededor de la misma plaza, que incluye al pueblo fiel, y en particular a los centros de catequesis con sus niños y catequistas.

Al mismo tiempo, el Sr. Obispo asigna la festividad del 8 de mayo, día de la Virgen de Luján, como fiesta patronal, pudiendo así celebrarse la novena de festejos que incluya ambas fiestas patronales. Es tradicional también que en el día de la Virgen muchos fieles concurran a la Santa Misa.